Comercio exterior, logística y maquinaria: gestionar complejidad en un mercado global

Carlos Palmieri, vicepresidente de la asociación que agrupa a fabricantes de maquinaria agrícola de Argentina, analiza la industria local, la dependencia del comercio exterior y la complejidad logística

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Carlos Palmieri es vicepresidente de
Carlos Palmieri es vicepresidente de la asociación que agrupa a fabricantes de maquinaria agrícola de Argentina (Foto: Movant Connection)

Al reflexionar sobre la dinámica de la industria de maquinaria, Carlos sostiene que “el comercio exterior y la logística son temas muy serios, que requieren respeto, cautela y mucho profesionalismo”. En esta entrevista, analiza cómo se articulan la producción, la coordinación operativa y las cadenas globales de suministro en un sector donde los componentes, la tecnología y los tiempos de entrega dependen de una gestión internacional cada vez más compleja.

¿Cómo ves hoy la actualidad de la industria de maquinaria en Argentina y su vínculo con el comercio exterior?

Creo que se puede dividir claramente en dos partes. Por un lado, todo lo que es maquinaria autopropulsada, donde la industria está muy ligada al comercio exterior. Por otro lado, las máquinas no autopropulsadas, como sembradoras o tolvas, que no tienen una tecnología tan compleja desde lo hidráulico, neumático o electrónico.

Cuando hablamos de máquinas autopropulsadas —pulverizadores, cosechadoras, tractores, maquinaria vial— entramos en un mundo de tecnologías muy específicas, como transmisiones hidrostáticas o motores, donde hay muy pocas fábricas en el mundo. Ahí el comercio exterior aparece de manera natural y permanente.

En ese sentido, la industria de maquinaria agrícola se parece mucho a la automotriz: son mercados globales, con productos de alto valor y bajo volumen. Fabricar de punta a punta una máquina completa en un solo país es muy difícil. Por eso se importan componentes, se exportan otros, y el comercio exterior está presente de manera constante en la industria, tanto en Argentina como a nivel mundial.

Esa dependencia requiere coordinación y planificación. ¿Cómo se gestiona esa complejidad?

Cuando hablamos de comercio exterior hablamos de muchísima coordinación y de una complejidad elevada, sobre todo cuando se trata de productos específicos con lead times muy largos. Por ejemplo, programar la compra de un motor importado implica planificar con seis meses de anticipación dentro de una casa matriz que abastece a distintos mercados del mundo.

Generalmente se trabaja con programaciones anuales, aunque en Argentina eso muchas veces es utópico. Se hacen ajustes semestrales o trimestrales, y llega un punto en el que ya no se pueden hacer cambios. Hay industrias que tres meses antes del embarque no aceptan ninguna modificación. Eso obliga a importar igual, aun cuando el mercado cambió.

Además, el comercio exterior no es un cuco, pero sí exige manejar muchísima información de detalle. Desde cómo se prepara un despacho en origen, hasta las condiciones de embalaje, fumigación, transporte marítimo o terrestre. No es lo mismo preparar una máquina para un barco que para un camión, ni producir para Argentina que para Estados Unidos.

Todo tiene que estar correctamente declarado: desde un tornillo, el material, la dureza, el peso, las dimensiones y demás. Un error puede frenar un despacho, generar un canal rojo y parar una línea de producción. Por eso el comercio exterior es un tema de enorme seriedad dentro de la empresa.

¿Qué nivel de visibilidad existe hoy sobre todos esos procesos?

Hoy hay mucha tecnología aplicada al comercio exterior y a la logística. Hay automatización de procesos, depósitos totalmente robotizados, sistemas de clasificación y preparación de pedidos que funcionan casi sin intervención humana. Me tocó verlo en viajes al exterior, incluso en Japón, con centros logísticos de varios pisos completamente automatizados.

Nosotros hoy podemos generar una orden de compra desde Argentina, esa orden se procesa en un sistema, se separa automáticamente en un almacén en China y el producto llega a la puerta de la empresa. Sin embargo, al final del proceso siempre terminás hablando con una persona. Antes el vínculo humano era desde el inicio; hoy aparece más al final.

Desde que empecé en comercio exterior en los años 90 hasta hoy, el cambio fue enorme. Puerto Madero, por ejemplo, pasó de ser un lugar operativo a un espacio gastronómico. Eso grafica bien cuánto cambió la forma de operar.

¿Cómo juega hoy la regionalización en las decisiones logísticas?

Depende mucho del tipo de producto. En industrias de alta tecnología y bajo volumen, como la maquinaria agrícola, es difícil que haya fábricas del mismo grupo produciendo lo mismo en distintos países. Sí hay proveedores regionales, por ejemplo de neumáticos, donde la cercanía reduce tiempos y costos.

Traer algo de Brasil o Uruguay en camión puede llevar una semana, mientras que desde Europa puede tardar 45 días en barco. Eso influye mucho. Pero también hay casos donde hay que ir más lejos, como China, no por producto barato sino por escala productiva y velocidad de innovación.

Ahí entra en juego el “time to market”. Si llegás tarde al mercado, toda la inversión pierde sentido. Por eso la regionalización a veces es conveniente y otras no. Influyen los costos, la tecnología, los acuerdos comerciales, como el Mercosur, y las barreras arancelarias. No hay una única respuesta.

Para Carlos, "fabricar de punta
Para Carlos, "fabricar de punta a punta una máquina completa en un solo país es muy difícil. Por eso se importan componentes, se exportan otros, y el comercio exterior está presente de manera constante en la industria, tanto en Argentina como a nivel mundial" (Foto: Shutterstock)

¿Cómo evaluás el contexto de récord exportador agropecuario?

Con respecto al récord exportador, primero, para hablar objetivamente, se trata de un número positivo, pero nada descomunal. Sí fue muy importante y superadora la producción y productividad de trigo en particular, pero como campaña productiva falta mucho y dependemos mucho del agua para pensar en un año récord. De hecho, en las principales zonas productivas, en este preciso momento, está faltando agua en cultivos que están pasando por su período crítico de desarrollo.

Como desafíos pendientes son varios, pero podemos resumir o acotar a eliminar las retenciones para que el productor argentino compita en condiciones parecidas con sus pares del mundo; mejorar las cargas fiscales y, con eso, aplicar la rentabilidad que ello genera para producir más (mayor productividad por incorporación de tecnología), siendo esa tecnología amplia a todos los procesos.

Partiendo de sembrar mejores semillas (todas pagas), sembrar mejor con máquinas de mayor precisión para evitar pérdidas por superposición o faltante de semillas; pulverizar mejor (aumentando la calidad de aplicación para aplicar los productos fitosanitarios de mantenimiento de cultivos con las dosis correctas en los momentos correctos), permitiendo bajar los volúmenes de producto aplicado, evitando superposición o falta de cobertura; y, por último, cosechando con máquinas con las últimas tecnologías, que mejoran drásticamente su productividad con respecto a máquinas viejas, evitando pérdidas, siendo más económicas en su consumo, mejorando el medio ambiente, evitando roturas de los materiales cosechados en el interior de la trilla y disminuyendo las pérdidas por cola. Todo eso se logra con las nuevas tecnologías embarcadas en las máquinas modernas.

Por último, para acompañar el crecimiento del sector específico de la maquinaria agrícola, aparte de la oferta de máquinas que ya existe y de las condiciones de productividad y precio, se necesitan líneas de financiación previsibles, estables, con costos acordes a un sistema productivo y de largo plazo, ya que hablamos de bienes de capital de costo elevado.

¿Qué impacto tiene la logística en la gestión integral de una empresa?

La logística es un jugador fundamental. En una industria grande hay logística nacional, internacional, regional, intercontinental, traslado de componentes, personas y servicios. Esto impacta en los costos, en la competitividad y en la previsibilidad.

No es solo transporte, es tratamiento del producto, cuidado, apilado y seguridad. Hay cargas peligrosas, como baterías, que requieren protocolos específicos. Un barco que transporta autos tiene un nivel de orden y limpieza extraordinario para que todo llegue en condiciones.

La logística atraviesa todo: desde una fábrica hasta la vida cotidiana. Una ambulancia que llega tarde también es un problema logístico. Por eso es una cadena crítica que hay que gestionar con profesionalismo.

¿Qué mensaje te gustaría dejar?

El comercio exterior siempre me apasionó. Me formé en el área sin ser profesional del rubro y me tocó formar a mucha gente. Si hay jóvenes pensando qué estudiar y les gusta un trabajo dinámico, con muchos procesos simultáneos, les diría que miren de cerca el comercio exterior y la logística.

Vistos desde afuera pueden parecer aburridos, pero desde adentro son apasionantes. Yo no llegué a donde llegué por ser el más inteligente, sino por ponerle pasión y garra a lo que hice. El comercio exterior y la logística son temas muy serios, que requieren respeto, cautela y mucho profesionalismo.