Logística con propósito: de residuos a productos deportivos que igualan

Tomás Machuca, fundador de una empresa que fabrica productos deportivos a partir de residuos plásticos, detalla el modelo de recolección, producción y distribución que combina impacto social, reciclaje y logística

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Tomás Machuca es fundador de
Tomás Machuca es fundador de una empresa que fabrica productos deportivos a partir de residuos plásticos (Foto: Movant Connection)

Desde un club de barrio hasta mercados internacionales, la trayectoria de Tomás Machuca refleja cómo un problema personal puede escalar a una solución colectiva. En esa transformación, sostiene una convicción firme: “Las marcas que van a formar parte del futuro son las que tengan el propósito como eje central”.

¿Cómo surgió tu impulso emprendedor vinculado con la sustentabilidad?

La necesidad concreta que me impulsó a incursionar en la sustentabilidad fue bastante personal. No podía comprarme unas canilleras para jugar al fútbol. Era obligatorio usarlas, pero en mi casa no sobraba el dinero. Entonces agarré un balde del patio, lo corté con una sierra y lo moldeé con el secador de mi abuela, que se terminó quemando por exceso de temperatura. Después diseñé algo en un ciber con fotos de mi familia, lo imprimí y se lo pegué.

Cuando fui al club, mis compañeros me preguntaban de dónde había sacado las canilleras porque querían una. Me daba vergüenza decir la verdad, así que inventé que las vendía un tío de Buenos Aires. En realidad, todos mis tíos viven a la vuelta de mi casa y uno trabajaba en una fábrica de pastas, nada que ver.

Fue reciclar sin saber que estaba reciclando. Después, cuando con mi mejor amigo nos preguntamos qué hacer al terminar la secundaria, decidimos dedicarle tiempo a esa idea. Empezamos a vender las canilleras por redes sociales y a usar nuestro tiempo libre para desarrollarlas. Al principio, íbamos a obras a pedir baldes y tubos de PVC, pero nos empezaron a decir que no tenían más, que ya no pintaban tanto ni instalaban cañerías, entonces buscamos otros tipos de residuos.

Queríamos reciclar todos los plásticos, pero fabricar nuestras propias máquinas era muy complejo. Así que empezamos a recuperar tapitas en clubes de barrio. Un profe me dijo: “Si traés bolsones con todos los plásticos, me llenás la cancha. Mejor acotate a las tapitas”. Esa sugerencia marcó el rumbo, creamos puntos de recolección en clubes, transformamos las tapitas en canilleras y, por cada par vendido, donamos otro en ese club. Así los chicos veían que separar tenía sentido: lo que reciclaban volvía a la cancha como algo útil. La sustentabilidad se convirtió en el motor del propósito y en el diferencial del modelo de negocio. Hoy nuestra visión es transformar la mayor cantidad de residuos plásticos en productos deportivos que generen igualdad de condiciones.

"Cuando fui al club, mis
"Cuando fui al club, mis compañeros me preguntaban de dónde había sacado las canilleras porque querían una", recuerda Tomás sobre el inicio de su emprendimiento (Foto: Shutterstock)

¿Qué desafíos logísticos implica transformar residuos en productos deportivos?

La logística detrás de todo esto es compleja y requiere mucha atención en la trazabilidad. Mucha gente imagina que recolectás el plástico, lo procesás y con eso hacés el producto. Pero no funciona así. Es más parecido a un banco de sangre: se recolecta en puntos establecidos, como clubes, y se coopera con diferentes actores que procesan el material. El plástico que se usa para producir es repuesto por el recolectado.

En Argentina se producen alrededor de un millón de envases con tapita por día. Eso genera una gran disponibilidad, pero también un nivel de contaminación alto, especialmente en barrios desfavorecidos. Por eso buscamos abastecimiento constante sin generar cuellos de botella. La clave está en definir estratégicamente dónde ubicar los puntos de recolección y cómo educar a la comunidad. No es lo mismo una tapita limpia que una mezclada con otro tipo de material o con residuos peligrosos.

También es importante elegir bien a los actores que procesan el material. En Argentina hay muchas cooperativas dedicadas a esto, aunque muchas veces están invisibilizadas. Además, la industria de la inyección y matricería tiene historia y capacidad, lo que permite apoyarse en infraestructura ya existente para escalar el modelo.

¿Qué claves identificás para llevar este modelo a nuevos mercados?

Para mí, las claves están en entender los perfiles psicológicos que hay detrás de la construcción de una marca. Creo que todas las marcas cumplen un rol en la vida de las personas. Cuanto más claro esté ese rol, sin importar la ubicación geográfica, más chances hay de conectar. Las marcas que van a perdurar son las que se apoyan en un propósito. Las personas, cuando compran, quieren sentir que están contribuyendo a algo más grande.

Mientras más clara sea la identidad de la marca, más posibilidades hay de expandirse. Lo importante es identificar qué lugar vas a ocupar en la vida de las personas, sin importar en qué parte del mundo estén.

¿Qué desafíos implica exportar productos reciclados desde Argentina?

Hay que tener muchísima claridad. Muchas veces, por el entusiasmo de salir al exterior, se subestiman cosas clave. Si no analizás bien la operación, podés “comerte” un margen de rentabilidad importante y arruinar todo el proyecto. También hay que estudiar bien el mercado destino: qué necesidad concreta vas a satisfacer y si tu producto realmente tiene valor ahí. No porque funcione en tu país va a funcionar igual afuera.

Cuando exportás, tenés que asumir que sos una marca nueva. No podés confiarte del posicionamiento local, tenés que empezar de cero y tener muy claro dónde estás parado.