
En un sector donde las normas, los tiempos y la seguridad definen cada paso del proceso, Nahir destaca la importancia de anticiparse, coordinar y adaptarse a contextos cambiantes, donde incluso los detalles logísticos más mínimos pueden marcar la diferencia. “Tenés que ser muy cuidadoso con qué estás mandando en el contenedor”, advierte, al explicar los desafíos de operar con productos considerados peligrosos a nivel internacional.
¿Cómo ves la actualidad del sector y qué desafíos atraviesa el comercio exterior en este contexto?
Hoy en día, si bien siempre se buscaron tanto los skills duros como blandos, actualmente se valora mucho más lo blando y lo estratégico. Lo duro siempre hay que tenerlo: el conocimiento se aprende más en la práctica. Pero ahora se prioriza lo que pueda aportar a la mejora continua de los procesos y las negociaciones. En lo que respecta a insecticidas, hay mucha producción, muchas importaciones y exportaciones. Es clave entender la estrategia que se necesita para tener un buen negocio y poder llegar a todo el mundo.
¿Qué consideraciones específicas hay que tener al operar internacionalmente con insecticidas en formato aerosol?
Tenés que tener en cuenta que son productos peligrosos. Cuando empezás a programar una exportación o una importación, los tiempos no son los mismos que para cualquier producto. El embalado es completamente distinto, el etiquetado también, ya sea del producto, de la caja o del contenedor. Hay que ser muy cuidadoso con lo que se está mandando, y si se mezclan productos, que sean compatibles y no sufran daños en caso de una fuga.
¿Qué implica ingresar al mercado norteamericano desde tu rol?
Lo que hacemos es todo terrestre. Se necesitan ciertos certificados que la empresa tiene que tener para poder importar a Estados Unidos. Sin esa certificación, no se puede ingresar. Está muy vinculado a temas de seguridad y prevención del terrorismo. Además, hay que tener muy buenas negociaciones con una de las potencias más exigentes, que hoy en día también enfrenta cambios por nuevas regulaciones del gobierno.

¿Qué lugar ocupa la comunicación con otros equipos en tu trabajo diario?
La comunicación con otros sectores es constante, diaria, minuto a minuto. Dependo de áreas como planning o calidad para saber cuándo el producto está listo para exportación. Es clave hablar tanto con los pares dentro de la organización como con clientes y proveedores. Soy un nexo entre la producción, lo que se planifica y lo que se vende, hasta que el producto llega al cliente, en cualquier parte del mundo.
¿Cuáles son las principales diferencias entre el abastecimiento nacional e internacional?
Ambas tienen pros y contras, pero se complementan. Lo nacional tiene la ventaja del abastecimiento rápido. En cambio, lo internacional puede tener demoras por roleos, buques que quedan en otras partes del mundo, o problemas logísticos. A favor del exterior, están las tecnologías y la variedad de productos, que en Argentina no siempre se consiguen. Entonces, el abanico de posibilidades es mucho más amplio afuera.
Pasaste de trabajar en la industria automotriz a la de insecticidas. ¿Qué te llamó la atención del cambio?
Son industrias muy grandes a nivel mundial, así que estaba acostumbrada a ciertos procesos. Pero los productos son muy distintos. En esta industria se requieren muchas más cosas que en la automotriz. Por ejemplo, en automotriz podés tardar seis meses en tener un producto final. En cambio, un insecticida lo comprás en el supermercado. Eso cambia los tiempos, las ventas y los procesos internos.
¿Qué perspectivas tenés sobre el futuro del comercio exterior?
Creo que se vienen muchas actualizaciones sistemáticas. Siempre hay que ser más proactivo que reactivo. El COVID fue un antes y un después: nos obligó a pensar desde otro punto de vista. Hoy las empresas buscan estar siempre un paso adelante. Y eso implica mejoras constantes, porque cada país tiene sus propias regulaciones que cambian todo el tiempo. Entonces, actualizarse es clave para tener un mejor flujo de importaciones y exportaciones.
¿Cómo se prepara la industria frente a picos de demanda, como los generados por epidemias de mosquitos en verano?
Siempre hay que estar un paso adelante. Hace unos años hubo una epidemia total y no alcanzaban los insecticidas. El equipo de comercio internacional, junto con planning y otros sectores, llevó adelante importaciones no previstas y se logró abastecer el mercado. Desde entonces, se organiza todo de otra manera, se detectan errores y se buscan mejoras para que no se repitan. Es un poco una locura, pero para eso estamos.
¿Cómo explicarías el recorrido de un insecticida hasta la góndola desde tu rol?
Primero hay toda una importación previa de insumos. Eso requiere tiempo, mucha mano de obra y coordinación. Una vez que el producto está listo, se produce o se importa, según el caso. Desde comercio exterior, la tarea es asegurarse de que todo llegue en tiempo y forma, con la calidad correcta, que no haya fallas en planta ni en producción. Después entra logística secundaria, que lo distribuye a lo largo del país. Es una cadena literal.
¿Te gustaría compartir una reflexión final sobre tu experiencia profesional en comercio exterior?
Hace poco terminé la carrera, pero vengo trabajando en esto hace años. Las habilidades duras son importantes, pero se aprenden con la práctica. Lo que realmente hace la diferencia son las habilidades blandas y tener una mente estratégica. Mejorar el propio trabajo, incluso sin que sea un cambio organizacional, es parte de crecer como profesional. Y eso es algo que las empresas multinacionales valoran mucho. Uno cree que termina al recibir el título, pero en realidad la formación sigue todos los días, desde adentro.
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