
Al referirse a los cuidados que exige la operatoria de materiales genéticos, Luciana comenta que este tipo de carga “no puede perder la cadena de frío en ningún momento porque deja de servir”. En esta entrevista, repasa su recorrido en el comercio exterior, los desafíos logísticos y documentales del trabajo con animales y genética, y el rol del despachante de aduana como asesor clave en operaciones complejas.
¿Cómo llegaste al comercio exterior y de dónde nace esa pasión por la actividad?
Si me preguntás si toda la vida quise estudiar esto, te digo que no. Nada que ver. Cuando terminé el secundario estaba bastante perdida respecto a qué hacer. Me parecía interesante el mundo, los números, y apareció esta tecnicatura en Córdoba.
Fue una carrera linda, dinámica, que después me terminó atrapando. Con el tiempo seguí avanzando, rendí para despachante de aduana y fui encontrando mi lugar. Hoy llevo más de 15 años trabajando en comercio exterior, y realmente me encanta el desafío permanente que tiene.
¿Sentís que la amplitud del sector te permitió unir distintos intereses?
Totalmente. Desde chica me gustó mucho todo lo vinculado a los animales y a lo veterinario. El comercio exterior es tan amplio que me permitió unir esas dos cosas. Con los años fui migrando parte del asesoramiento a un rubro que me apasiona, que es la importación y exportación de animales vivos y material genético para reproducción. Ahí encontré una conexión muy fuerte entre lo profesional y lo personal.
¿Cómo es trabajar con animales vivos y material genético dentro de la operatoria internacional?
Es un rubro muy específico, pero muy interesante. No es masivo en volumen, no estamos hablando de maquinaria agrícola o grandes flujos, pero sí es un negocio de alto valor. Poder recibir un animal, saber que llegó bien, que toda la gestión estuvo correcta, que SENASA y Aduana autorizaron, que la logística fue cuidada, genera una satisfacción enorme. Hay un vínculo especial cuando ves que todo ese proceso salió bien y que el animal fue tratado como corresponde.
¿Qué cuidados especiales requiere este tipo de cargas sensibles?
Lo principal es que los tiempos se cumplan. El material genético viene congelado, no puede perder la cadena de frío en ningún momento porque deja de servir. En el caso de animales vivos, el estrés es enorme, entonces los procesos tienen que ser lo más dinámicos y cuidados posible. Desde el transporte hasta la documentación, todo tiene que estar gestionado con anticipación. No puede haber improvisación. Además, hay cuarentenas, controles, esperas. Todo eso requiere un seguimiento muy específico.

¿Qué rol juega la logística en este tipo de operaciones?
Es clave. A nivel aéreo, muchas veces hay trasbordos y cada cambio de avión es un punto crítico. El operador logístico tiene que entender que está trabajando con algo que necesita cuidados extremos. No es solo mover una carga, es entender qué se está transportando. Lo mismo pasa cuando el animal viaja por vía terrestre desde países limítrofes. Todo tiene que estar pensado para minimizar riesgos.
¿Cómo impacta la ética en el manejo de animales?
Es fundamental. No estoy de acuerdo con ciertos usos de la reproducción animal, como lo que pasa con criaderos clandestinos o destinos que no comparto. Incluso muchas aerolíneas dejaron de aceptar determinadas razas o animales justamente por una concientización general. Hay un cuidado que va más allá del negocio y que también se refleja en la logística y en las decisiones que se toman.
También trabajás con importación de maquinaria. ¿Qué desafíos aparecen ahí?
Cada máquina es un mundo. Muchas veces son cargas sobredimensionadas, con gestiones logísticas complejas, contenedores especiales, open top, flat rack. Hay que coordinar con transportistas, forwarders, proveedores. No es lo mismo sacar una máquina de un campo en Italia y llevarla a otro campo en Argentina. Requiere planificación, experiencia y mucho trabajo en equipo.
¿Notás un cambio en la importación de maquinaria usada?
La maquinaria usada siempre se pudo importar en cierta medida. Lo que cambió es que se simplificaron algunos procesos. Hoy se nota un incremento en la importación, tanto de equipos nuevos como usados. Influyen varios factores: mayor acceso al crédito, más confianza por parte de los importadores, empresas que se animan a mejorar su capacidad productiva. A veces compran una usada para probar y después pasan a una nueva. Eso genera mucho movimiento.
¿Qué mirás como puntos críticos al encarar una operación de este tipo?
Siempre hay dos pedidos recurrentes: que sea rápido y barato. Y eso no siempre se puede combinar. Lo clave es confiar en el operador logístico, trabajar bien con el proveedor para que la mercadería esté correctamente embalada y preparada para el viaje.
Muchas veces los problemas no están en el transporte, sino en un mal embalaje de origen. El comercio exterior es una cadena y cada parte tiene que hacer bien su trabajo para que el resultado sea exitoso.
¿Qué tan complejo es el rol de los organismos de control?
Es complejo, pero tiene sentido. SENASA, por ejemplo, tiene la obligación de proteger los mercados. En importación, evitar el ingreso de plagas o enfermedades. En exportación, garantizar que no se envíe algo que pueda dañar el mercado de destino. Lo mismo pasa con otros organismos.
A veces se perciben como trabas, pero cumplen una función clave. Puede haber margen para ser más dinámicos, pero el objetivo es cuidar la salud, la producción y la lealtad comercial.
Todo tiene que estar gestionado con anticipación: certificados, autorizaciones, análisis, documentación. El rol del despachante es justamente anticiparse, hacer el seguimiento y evitar que la carga quede frenada. Si eso no se hace, aparecen demoras, costos adicionales y problemas que se podrían haber evitado.
¿Cómo describirías la función del despachante de aduana?
El trabajo del despachante es poco visible pero muy transversal. Somos el último eslabón, pero acompañamos todo el proceso. Ayudamos al forwarder, al proveedor, al organismo interventor, al importador. Asesoramos en documentación, embalaje, retiros, adecuación de plantas. No participamos directamente en todas las etapas, pero estamos presentes en todas. Es un rol de asesor integral.
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