Arquitectura y logística: diseñar espacios de trabajo para un mundo en movimiento

Alejandro Gawianski, presidente de una desarrolladora de edificios de oficinas y espacios de coworking, reflexiona sobre la importancia de crear entornos que potencien el talento y la colaboración

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Alejandro Gawianski es presidente de
Alejandro Gawianski es presidente de una desarrolladora de edificios de oficinas y espacios de coworking (Foto: Movant Connection)

Al referirse al rol de la logística en el desarrollo de proyectos de gran escala, Alejandro comenta que “la construcción es una industria a cielo abierto y funciona ‘just in time’. Si se atrasa un componente, se atrasa todo el proceso productivo”. En esta entrevista, reflexiona sobre cómo la coordinación entre áreas se ha vuelto fundamental en la creación de espacios de trabajo que fomenten la productividad, la colaboración y el bienestar de los empleados.

¿Qué te llevó a pasar del diseño de espacios al desarrollo de proyectos de gran escala?

Soy bastante soñador, y cuando uno sueña también tiene que animarse a ejecutar. Me gusta el diseño, pero también me gusta llevar adelante mis propios desafíos, que siempre son grandes. Arranqué con edificios chicos y fui creciendo: mil metros, dos mil, cuatro mil, ocho mil, dieciséis mil, treinta mil y ahora proyectos de cien mil metros cuadrados.

Ese crecimiento me fue llevando naturalmente de la arquitectura al desarrollo inmobiliario. Entendí que ese rol me permitía generar flujos, sostener proyectos en el tiempo y seguir financiando nuevos desafíos. Pero siempre con un propósito claro: mejorar el lugar de trabajo de las personas.

¿Por qué el espacio de trabajo se volvió tan relevante hoy?

Porque el adversario a derrotar es el home office. Las empresas necesitan que su talento quiera ir a trabajar. Entonces el espacio tiene que ofrecer algo que la casa no ofrece: experiencia, encuentro, intercambio, energía colectiva y demás.

El desafío es crear lugares donde las personas tengan ganas de estar, donde se sientan cómodas, estimuladas y parte de algo. El espacio ya no es solo funcional, es emocional y cultural.

¿Qué elementos no pueden faltar?

No alcanza con escritorios y salas de reuniones. Tiene que haber espacios colaborativos, de co-creación, pero también lugares de encuentro informal, de networking, de esparcimiento.

Los world cafés, los espacios de wellness, las áreas verdes, las zonas de descanso. Todo eso forma parte del trabajo. La persona no puede estar ocho horas sentada mirando una pantalla. Necesita moverse, despejarse, cambiar de clima. El espacio tiene que acompañar esa dinámica.

El trabajo es una parte enorme de la vida de las personas. Si logramos que ese tiempo sea de mejor calidad, estamos aportando algo valioso.

En proyectos de esta escala, ¿qué lugar ocupa la logística?

Siempre está presente. Por un lado, porque se importa equipamiento de oficinas desde distintos lugares del mundo: Oriente, Estados Unidos, Europa. Todo eso requiere planificación, tiempos, costos y coordinación.

Con el aumento de costos de la construcción local, se está evaluando importar incluso estructuras completas para edificios, utilizando nuevas metodologías constructivas. Eso implica pensar la logística desde el diseño mismo del proyecto.

Esta industria es a cielo abierto y funciona con lógica “just in time”. Si se atrasa un componente, se atrasa todo el proceso productivo.

La previsibilidad es el gran desafío. Si tenés stock, tenés margen para resolver faltantes. Pero cuando dependés ciento por ciento de proveedores externos y de tiempos logísticos, cualquier desvío impacta directamente en la obra.

En proyectos grandes, los volúmenes son enormes y la complejidad se multiplica. No es lo mismo gestionar la logística de una casa que la de un desarrollo de cien mil metros cuadrados.

¿Cómo imaginás un espacio ideal para una empresa de logística o comercio exterior?

Lo imagino muy dinámico y flexible. Son empresas que trabajan con múltiples husos horarios, con proveedores y clientes en distintas partes del mundo. Necesitan interacción constante entre áreas: comercial, legal, administrativa, operaciones, marketing, recursos humanos y demás.

El espacio tiene que permitir esa circulación fluida, ese trabajo en red. No compartimentos estancos, sino una lógica más neuronal, donde la información fluye rápido y los equipos se conectan con facilidad. Tiene que reflejar la interconexión permanente con el mundo y estar tecnológicamente preparado para interactuar en tiempo real.

Pero también necesita espacios de esparcimiento y desconexión. Porque solo cuando descansamos bien, los momentos de concentración son realmente efectivos. La logística es interconexión, anticipación y respuesta.

Para Alejandro, "las empresas necesitan
Para Alejandro, "las empresas necesitan que su talento quiera ir a trabajar. Entonces el espacio tiene que ofrecer algo que la casa no ofrece: experiencia, encuentro, intercambio, energía colectiva y demás" (Foto: Shutterstock)

¿Cómo ves la evolución de los espacios de trabajo hacia el futuro?

Hubo una evolución clara. Pasamos de oficinas cerradas a cubículos, después a espacios abiertos con escritorios compartidos, y hoy vamos hacia lugares donde la computadora casi pasa a segundo plano.

El trabajo individual se puede hacer desde cualquier lado. El espacio físico tiene que servir para interactuar, colaborar, crear en conjunto. Promover la co-creación y el intercambio de ideas.

También la tecnología juega un rol enorme. Hoy podés estar trabajando con personas en otros países en tiempo real. El lugar tiene que estar preparado para esa interacción global.

¿Te inspirás en modelos de otros países?

Participamos en exposiciones internacionales en Estados Unidos, Europa y Asia. En algunos aspectos estamos muy bien posicionados a nivel creativo local, pero siempre hay aprendizajes: ergonomía, tecnología, sistemas constructivos, equipamiento.

La inspiración está en observar, adaptar y mejorar. No copiar, sino entender qué funciona y cómo aplicarlo a nuestro contexto.

Desde tu experiencia, ¿qué aprendiste como líder?

Aprendí a respetar y a ser respetado. A valorar las diferencias. No gana el que impone, sino el que aprende. También a reconocer mis propios límites y a rodearme de personas que complementen lo que yo no veo. Yo soy optimista por naturaleza. Necesito gente que me cuide las espaldas, que vea los riesgos, que equilibre.

Los equipos no tienen que ser iguales, tienen que ser complementarios. Trabajar con gente que piensa igual que vos es el camino más corto al error.

Lo que más valoro es la actitud y la proactividad. No busco personas que esperen órdenes. Busco gente que proponga, que se involucre, que quiera crecer. Mi rol como líder es potenciar el talento, no apagarlo. Si logro eso, el resultado aparece solo.