
Las cadenas de suministro globales se consolidaron como uno de los principales motores del comercio internacional, pero también como uno de los espacios donde se concentran mayores riesgos laborales, brechas regulatorias y desafíos de control.
Así lo expone un reciente informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que pone el foco en la relación entre producción fragmentada, condiciones de trabajo y responsabilidad empresaria a lo largo de toda la cadena.
El documento señala que, en un contexto donde un mismo producto puede involucrar múltiples países, proveedores y niveles de subcontratación, la gestión de la cadena de suministro dejó de ser solo una cuestión de eficiencia operativa para convertirse en un factor crítico de gobernanza, trazabilidad y cumplimiento.
Cadenas de suministro extensas, controles fragmentados
Según el informe, muchas empresas dependen de redes productivas complejas que atraviesan distintas jurisdicciones, con marcos normativos desiguales. Esta fragmentación dificulta el control efectivo sobre las condiciones laborales en los eslabones más alejados del proveedor directo, especialmente en actividades intensivas en mano de obra.
La OIT advierte que los riesgos más frecuentes incluyen trabajo forzoso, trabajo infantil, jornadas excesivas, condiciones inseguras y prácticas discriminatorias, situaciones que suelen concentrarse en los primeros eslabones de la cadena, donde la presión por costos y plazos es más alta y la supervisión más débil.
En este escenario, la logística y la planificación de abastecimiento juegan un rol clave: decisiones vinculadas a tiempos de entrega, volúmenes, contratos y penalidades pueden trasladar presión hacia proveedores que operan con márgenes ajustados y estructuras precarias.

Debida diligencia: de concepto ético a requisito operativo
Uno de los ejes centrales del informe es la debida diligencia en derechos humanos, un proceso mediante el cual las empresas deben identificar, prevenir, mitigar y rendir cuentas sobre los impactos negativos de sus operaciones y de sus cadenas de suministro.
La OIT subraya que este enfoque ya no puede limitarse a declaraciones de principios o auditorías aisladas. Por el contrario, requiere integrarse a los sistemas de gestión, compras, logística y comercio exterior, incorporando evaluaciones de riesgo, seguimiento continuo y mecanismos de corrección.
En términos operativos, esto implica avanzar hacia una mayor trazabilidad de proveedores, revisar criterios de selección y monitoreo, y mejorar la visibilidad sobre los flujos de producción y abastecimiento, especialmente en cadenas globales largas y diversificadas.
Logística, comercio y responsabilidad compartida
El informe también destaca que la responsabilidad sobre las condiciones laborales no recae únicamente en los proveedores directos. Las empresas que lideran cadenas de suministro globales —importadores, exportadores, marcas y grandes compradores— tienen un rol activo en la forma en que se organiza el trabajo a lo largo de la red.
En este sentido, la OIT remarca la necesidad de una responsabilidad compartida entre empresas, Estados y actores sociales, donde la logística y el comercio internacional funcionen como herramientas para ordenar procesos y no como factores que profundicen desequilibrios.
La articulación entre políticas comerciales, acuerdos internacionales y estándares laborales aparece como un punto clave para reducir asimetrías y evitar que la competencia por costos derive en prácticas laborales irregulares.
Un desafío creciente para las cadenas globales
A medida que las cadenas de suministro se vuelven más extensas y dinámicas, el desafío ya no es solo mover productos de manera eficiente, sino garantizar que esos flujos estén respaldados por prácticas responsables y sostenibles.
El informe de la OIT plantea que avanzar en esta dirección no solo reduce riesgos legales y reputacionales, sino que también fortalece la resiliencia de las cadenas, mejora la previsibilidad operativa y contribuye a un comercio internacional más equilibrado.
En un escenario de creciente escrutinio regulatorio y demanda de transparencia, la gestión responsable de las cadenas de suministro se perfila como un nuevo estándar competitivo para empresas que operan a escala global.
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