
Al referirse al aumento de adquisiciones impulsivas y a las complicaciones que eso trae en operaciones menores, Mariana comenta que “la gente se apasiona comprando afuera”. En esta entrevista, profundiza en los motivos que generan detenciones, el valor de una formación sólida, el rol de las herramientas digitales y los aspectos que hoy determinan una gestión aduanera responsable.
¿Cómo hace un despachante para seguir operando sin perder eficiencia en un contexto cambiante?
Para seguir operando, lo primero es adaptarse todos los días. Las legislaciones cambian, pero nuestra actividad es siempre la misma: estar informados. Te levantás y ya tenés que mirar el Boletín Oficial, después comparar con lo que publican otros medios y ver cómo se aplica a los papeles que llegan al escritorio.
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Los despachantes hacemos de todo un poco: acompañamos, asesoramos, explicamos, resolvemos temas bancarios, entendemos de logística y fletes, a veces recomendás seguros. Tenés que estar al día porque la tarea es amplísima. Por eso siento que la profesión está muy jerarquizada: lo que sale todos los días nos obliga a actualizarnos de verdad.
¿Qué habilidades personales considerás esenciales en tu profesión?
La legislación cambia todo el tiempo, así que tenés que ser flexible, enfocarte en buscar soluciones y encontrar la manera de fluir con lo que llega cada día.
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Cuando empecé, todo era en papel; hoy está lleno de aplicaciones y todo es digital. Antes tenías que ir a distintos lugares a presentar documentación; ahora subís todo online. Pero si no te adaptás, te endurecés. Para mí la clave es no volverse rígido nunca: siempre hay que buscar cómo seguir.
Trabajaste con griferías, electrónica y courier. ¿Qué errores ves en quienes hacen importaciones pequeñas o particulares?
Hoy, con tanta información disponible, la gente se apasiona comprando afuera: “me puedo traer esto, puedo traer lo otro”. Y se embalan. Traen mercadería que después queda detenida en Aduana y no entienden por qué.
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No se asesoran. Un ejemplo común: les detienen un paquete y recién ahí preguntan cuántos envíos pueden hacer. Cuando decís “hasta cinco por año”, te responden: “ah, este es el séptimo”. Y tuvieron suerte con los anteriores.
Hay cursos cortos de comercio exterior, pero no alcanzan para entender bien lo que se está haciendo. Hay que capacitarse. Primero hay que saber qué estás trayendo, después preguntar si se puede y si tiene alguna intervención. No todo es “clic, clic, clic”. La apertura ayuda, pero sin asesoramiento vienen los problemas.
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¿Qué consultas son las más frecuentes cuando alguien quiere importar?
La más común es: “me detuvieron el paquete en el courier”. Después aparece mucho “no puedo girar las divisas”.
Lo importante es saber leer la documentación: entender los Incoterms, ver qué se firmó, qué se compró y qué responsabilidades tiene cada parte. Muchas veces los problemas aparecen simplemente porque no se interpretaron bien los papeles.
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¿Qué porcentaje de envíos particulares ves que terminan fallando o siendo detenidos?
Aproximadamente un 80% de los paquetes terminan detenidos por errores en la documentación, por salir del régimen o por falta de información respecto a intervenciones de terceros organismos.
La gente compra sin saber y recién cuando llega el aviso empiezan a preguntar qué pasó. Ese aviso detalla el motivo de la detención: ANMAT, seguridad eléctrica, uso humano, lo que sea. Si no se puede cumplir con lo que pide, el paquete vuelve a origen.
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Cuando no hay forma de cumplir con la intervención requerida, ¿qué solución queda?
La única es la devolución a origen. Si el aviso dice que se requiere un certificado y no lo tenés, no hay manera de avanzar. Ahí hablás con el proveedor y gestionás el retorno.
En algunos casos extremos, como cuando se presume que un producto es explosivo o inseguro, hay que hacer un reembarco formal. Está todo previsto, pero por eso insisto tanto en asesorarse antes.
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¿Qué implica ese retorno a origen? ¿Qué pasa con el comprador?
Si se devuelve a origen, hay costos. El courier cobra la devolución, y si es una importación formal, capaz hay que hacer un reembarco. Todo está previsto en la legislación, pero es trabajoso.
Siempre recomiendo hablar con el proveedor, explicar la situación y ver si cumplen con lo que falta. Pero lo ideal es asesorarse antes para evitar estos casos, sobre todo con productos sensibles o con categorías que tienen controles más estrictos.
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En rubros como grifería o electrónica, ¿en qué suelen equivocarse quienes importan?
En electrónica, el punto crítico es la seguridad eléctrica. Hay que pedir al proveedor certificados homologados o documentación que avale el producto. La Aduana puede liberar la mercadería, pero después puede llegar la inspección de Secretaría y ahí quedás expuesto: podés usar un tiempo el producto, pero luego no podés comercializarlo o directamente te lo observan.
Por eso siempre digo: antes de importar, pedí papeles. No se trata solo de pasar Aduana; se trata de que el producto esté en regla cuando lo vayas a usar.
¿Hay algún producto que no recomendarías traer por su complejidad?
En realidad, todo se puede traer. La clave es clasificarlo bien: ir al nomenclador, ver qué intervenciones tiene, si corresponde seguridad eléctrica, si ANMAT controla, si aplica algún organismo más.
Yo siempre recomiendo pedir una muestra primero. La mirás, la clasificás, ves si cumple. No podés traer un contenedor de algo sin saber exactamente qué es. Si podés viajar y verlo, mejor. Pero si no, la muestra es fundamental.
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