
Desde la perspectiva de Rodrigo, “la cercanía, más que nunca, es una ventaja competitiva”. Profundizando esa idea, describe algunos de los desafíos del abastecimiento energético: tiempos críticos, especificaciones técnicas, logística compleja y nuevas capacidades digitales.
¿Cómo describís el momento actual de la industria del gas y el petróleo desde la mirada de la cadena de suministro?
Hoy estamos en un proceso complejo. Las ventas están tranquilas y eso nos llevó a trabajar con un sistema bastante pull: es la venta la que empuja toda la cadena. En ese contexto, combinamos proveedores internacionales —sobre todo China, con tiempos de tránsito de 30 a 45 días— con un porcentaje muy alto de proveedores nacionales, casi el 80%.
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Con los de afuera necesitamos dibujar un panorama más amplio, anticiparnos y asegurar materia prima a tiempo. Con los locales, en cambio, buscamos reacción rápida: voy a las plantas, reviso procesos, vemos juntos cómo agilizar producción, logística y abastecimiento. La foto actual es esa: mucha cercanía con los proveedores nacionales, mucha planificación con los internacionales y una cadena que tiene que adaptarse todo el tiempo.
¿Qué ventajas te da un proveedor local frente a uno internacional?
La velocidad. Si trabajás la cadena de forma aceitada, la materia prima la tenés en una semana o diez días, sin necesidad de estoquearte ni anticipar tanto. Con un proveedor nacional podés escalonar el ingreso de material en función del avance real de producción.
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Eso reduce metros cuadrados ocupados, disminuye almacenamiento innecesario y ayuda muchísimo en momentos como este, donde el mercado se mueve despacio y no conviene tener inventario inmovilizado. La cercanía, más que nunca, es una ventaja competitiva.
¿Cuáles son los procesos más críticos del supply chain en tu industria?
Las compras al exterior. Sin duda. Esa es la parte más sensible porque requiere mucha anticipación e intervienen muchísimos actores: proveedor, forwarder, transporte interno en el país de origen, barco, despachante, transporte local. Todo eso hay que seguirlo de cerca.
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Cuando el mercado está más activo, la criticidad cambia: pasa a ser la fabricación o la capacidad productiva. Pero hoy, con el sector más tranquilo, el punto crítico es la importación y sus tiempos.

¿Qué particularidades tiene la cadena de suministro cuando trabajás con válvulas para gas y petróleo?
Las válvulas son equipos robustos, de distintos tamaños, desde media pulgada hasta 12 pulgadas. Cuanto más grandes, más presión deben soportar. Todas tienen normas muy específicas porque terminan instaladas en pozos, cañerías o tramos sensibles.
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Se trabajan básicamente con acero: acero al carbono (que sí se produce en Argentina), fundición, forja y también acero inoxidable (que no se produce acá). Eso implica buscar proveedores internacionales confiables, evaluar volumen, costos y logística.
Además, el manipuleo no es trivial: una válvula chica la movés con la mano, pero una de ocho pulgadas requiere puente grúa y protocolos estrictos de seguridad. La cadena tiene que adaptarse a esos pesos y condiciones.
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¿Qué relevancia tiene el avance tecnológico en tu operación?
Es enorme y va a ser cada vez más grande. Estoy investigando mucho todo lo que es agentes de IA para incorporarlos a la cadena de suministro y sacar tareas repetitivas. Antes, para saber una rotación de stock o armar un tablero, necesitabas manejar Power BI, diseñar gráficos, armar dashboards.
Hoy, con un simple comando, un agente te devuelve el indicador listo para tomar decisiones. Eso te libera tiempo y te permite usar la cabeza en tareas más estratégicas. No necesitás saber programación; lo complejo ya está resuelto. Solo hay que animarse a usarlo. No es lo que viene: es lo que ya está.
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¿Qué habilidades nuevas estás viendo como indispensables para los profesionales del supply chain?
La principal es incorporar IA y herramientas digitales. En pymes, donde los sistemas de gestión suelen ser customizados, hay un terreno enorme para optimizar procesos, tiempos y automatizaciones que antes dependían 100% de las personas.
Hay que capacitarse, entender cómo funcionan los agentes, integrarlos a la operación y dejar que las tareas repetitivas las haga la tecnología. No tengo dudas: es por ahí. La oportunidad es muy grande y la curva de aprendizaje es corta si uno se mete.
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