
“El despachante de aduana tiene que lograr ser un puente de conexión que de confianza entre el sector privado y el entramado aduanero”, resalta Ayelén. En esta entrevista, comparte su visión sobre los desafíos actuales, la coordinación de actores clave y el futuro de la actividad en un escenario de apertura comercial.
¿Cuáles son hoy los principales desafíos que enfrenta un despachante de aduana en Argentina?
Los principales desafíos, creo yo, son la incertidumbre normativa y también la parte operativa. El comercio exterior en Argentina es muy cambiante: criterios, exigencias, tiempos, restricciones. Entonces, el despachante tiene que estar en constante actualización para entender el contexto y tomar las mejores decisiones posibles.
Además, debe lograr ser un puente de conexión que genere confianza entre el sector privado y el entramado aduanero. Y eso muchas veces no es fácil, porque nos obliga a salir de lo técnico y desarrollar más la sensibilidad humana.
¿Cómo se maneja la coordinación entre las distintas partes involucradas en una operación?
La coordinación es clave. Para que una operación sea exitosa, todas las partes —importador, exportador, despachante, agentes de carga, transporte internacional, depósitos fiscales, terminales portuarias, transporte interno, gestores de terceros organismos— tienen que estar alineadas. Los despachantes acompañamos en todo el circuito y muchas veces tenemos que desactivar conflictos en tiempo real. Lo mejor es que haya buena comunicación y una confianza sólida entre todos.
¿Qué sectores productivos requieren hoy mayor acompañamiento aduanero?
Principalmente aquellos que dependen fuertemente de insumos importados: tecnología, automotriz, agroindustria, minería y energías renovables. Son sectores donde la mercadería está más intervenida y la presión logística es mayor. Ahí se necesita un acompañamiento integral y estratégico, más allá de la nacionalización.

Dentro de estos rubros, ¿qué aspectos resultan más críticos?
La logística, sin duda. Es la parte más crítica, donde hay que hilar muy fino con los tiempos, porque de eso dependen los costos. Muchas veces están sujetos a regímenes especiales de aduana y todo suma complejidad: cómo viene cargado, hacia dónde va, qué cuidados necesita. Hay que tener una visión estratégica para prevenir riesgos y extracostos. Un ejemplo: si se frena una carga por una mala coordinación o una declaración inexacta, puede paralizarse toda una línea de producción. Eso tiene un impacto enorme.
¿Notas crecimiento en alguna de estas industrias?
Sí. Veo crecimiento en minería, energías renovables y tecnología. Pienso que son los sectores que van a apuntar fuerte en el futuro.
Más allá del conocimiento técnico, ¿qué habilidades considerás clave para desempeñarte en este rol?
El conocimiento técnico es solo la base, lo que uno aprende en la facultad. Pero el despachante necesita otras habilidades: inteligencia emocional, resiliencia, capacidad de negociación y autocontrol. Es una profesión que te enfrenta a situaciones inesperadas en medio de la operación. Hay que resolver conflictos bajo presión y mantener la calma. Una mala reacción o una respuesta impulsiva puede hacerte perder un cliente. Yo prefiero enfocarme primero en resolver el problema y después, ya con calma, analizar qué falló y cómo corregirlo.
¿Es sencillo lograr ese autocontrol?
Por supuesto que no, se aprende con los años y la experiencia. Una reacción mal manejada puede tener consecuencias muy negativas. Por eso hay que entender la situación, correrse un poco y analizar por qué pasan las cosas. No se trata de echar culpas, sino de enfocarse en la resolución.
¿Qué expectativas tenés para el futuro del comercio exterior en Argentina y el rol de los despachantes?
Si se mantienen lineamientos de apertura comercial, pienso que el comercio exterior puede ser un eje transformador. Pero se necesitan reglas claras y transparencia. En ese escenario, el despachante dejará de ser un simple gestor y pasará a ser una pieza clave en la operatoria. Somos quienes orquestamos toda la operación y la responsabilidad siempre recae sobre nosotros, incluso si el error vino de otro lado. Por eso es fundamental que también tengamos herramientas digitales y tecnológicas que nos permitan acompañar esa visión de país. Con eso, creo que el futuro es muy prometedor.
¿Qué te motivó a elegir esta profesión?
Elegí esto porque me gusta la sensación de estar en mi estudio o en una reunión y ser parte de las operaciones. Detrás de cada una hay un sueño, una oportunidad, un negocio. Y llegar a casa sabiendo que eso se pudo lograr entre todos es algo muy positivo. Porque cuando crece una empresa, también crece el país.
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