
En esta entrevista, Andrea habla de la importancia de aprender a desaprender, del liderazgo empático y del valor que puede aportar la logística cuando se alinea con un propósito claro. Para ella, “cuando el trabajo se conecta con el propósito de la empresa, eso genera compromiso”.
¿Cómo evoluciona el concepto de talento en el contexto actual?
El concepto de talento va cambiando con las generaciones que se incorporan al mundo del trabajo. Evoluciona según las competencias, aptitudes y conocimientos que se requieren en cada momento. Antes se valoraban más el conocimiento técnico o la puntualidad; hoy se prioriza la empatía, la comunicación, la resiliencia. Competencias humanas que ya teníamos, pero que ahora se ponen en juego de otra forma, en estructuras menos verticales y más cambiantes.
¿Qué desafíos enfrenta hoy la gestión del talento?
Primero, una fuerza laboral empoderada. Quien se presenta a una entrevista muchas veces sabe más sobre la empresa que el entrevistador. Tiene clara su visión del trabajo, que cambió después de la pandemia. Hoy queremos ser felices en el trabajo. Y eso no es negociable. Si no me identifico con el propósito de una empresa, no quiero seguir ahí.
El segundo gran desafío es la incertidumbre. Ya no hay GPS para liderar. No hay gurús ni recetas. La tecnología, la velocidad del cambio, la información: todo llegó para quedarse. Entonces, liderar hoy implica acompañar, reconocer que no hay certezas, y construir desde ese lugar.
¿Qué perspectivas ves en el mercado laboral de sectores como la logística y el comercio exterior?
La logística es un sector de alta exigencia, tanto en lo local como en el comercio exterior. Son procesos 24/7, con mucho conocimiento técnico y perfiles específicos. Pero hay algo transversal: el sentido de pertenencia. Cuando el trabajo se conecta con el propósito de la empresa, eso genera compromiso. No te molesta mandar un mail a las 23hs si sabés que estás contribuyendo a algo más grande. Esa conexión es la que permite dar la milla extra.
¿Qué mirada debería incorporar Recursos Humanos?
Las áreas de RRHH tienen que salir de estructuras estáticas. Hoy viven en los líderes. Ellos son quienes encarnan la cultura y el propósito de la organización. Por eso, el rol de RRHH es acompañarlos, darles herramientas para conducir equipos diversos: por edad, género, nacionalidad, ubicación. El trabajo remoto, los equipos híbridos... todo eso implica estar muy cerca de quienes lideran, no detrás de un escritorio.
¿Qué hábitos o características definen tu estilo de liderazgo?
No me pienso como líder en un rol separado de quién soy. Soy Andrea mamá, esposa, amiga, hija, líder. Todo eso forma parte. Me resulta natural conectar con la otra persona, no solo con la tarea, sino con su integridad. Y también soy muy perseverante. A veces no encontrás rápido el camino a la meta, o incluso la meta cambia. En un mundo tan vertiginoso, hay que buscar nuevas formas de llegar, sin perder el objetivo.
¿Qué te llama la atención de las nuevas generaciones que ingresan al mercado laboral?
Más que sorprenderme, creo que vinieron a traernos algo valioso: la libertad de expresión. Saben lo que quieren, cómo lo quieren, y no están dispuestos a negociar sus valores o su felicidad. Generan un quiebre, junto con los millennials, porque ya no se relacionan con el trabajo como lo hacíamos los X o los baby boomers. Agregan valor al cuestionar el status quo, pedir feedback, y empujar a las empresas a revisarse todo el tiempo.
¿Qué lugar tiene la empatía ante el avance de la inteligencia artificial?
La empatía es fundamental, sobre todo en los momentos difíciles. No solo cuando contratás a alguien, sino cuando esa relación laboral se termina. Si tratás a una persona como un número, deshumanizás el trabajo, dañás tu imagen como empleador y te va a costar retener talento. El proceso de salida debería ser incluso más empático que el de ingreso.

Y sí, la IA ya nos afecta hoy. Pero yo soy optimista. Creo que viene a facilitarnos las tareas repetitivas, para que podamos dedicar nuestro talento a otras cosas. Ahora, como sociedad, el desafío es reinventarnos. Hay escasez de talento en el mundo. Entonces no podemos quedarnos con la idea de que la tecnología viene a sacarnos trabajo. Tenemos que prepararnos para ocupar esos puestos que sí existen y muchas veces no se cubren.
¿Qué norte puede seguir alguien que está empezando su formación?
Lo que aprendemos hoy tiene una vida útil de unos cinco años. Por eso, la capacidad clave es aprender. Y aprender implica también desaprender, abrirse a lo que no imaginábamos. A veces una solución que parecía imposible hace un mes hoy ya está disponible. Lo importante es estudiar lo que te gusta, lo que te motiva. Aprender es un logro personal que va más allá del conocimiento técnico. Pero también hay que dedicarle tiempo cada día a cosas nuevas.
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