
“Cuando una persona se siente bien, la calidad del trabajo y las relaciones internas y externas mejoran de forma natural”, afirma Mercedes. Señala, además, que el equilibrio emocional es también una herramienta de suma utilidad para adaptarse a los cambios constantes propios del comercio exterior.
¿Cuáles son los desafíos que enfrentan los equipos de comercio exterior en el día a día?
En el comercio exterior, y particularmente en Argentina, la presión es constante por los tiempos ajustados, los cambios en regulaciones y la demanda de distintos mercados internacionales que imponen altos estándares. La exigencia de cumplir con cada detalle genera ambientes de trabajo que pueden volverse agobiantes, no solo para los equipos de base sino también para las jefaturas.
Lo que empecé a observar es que esa tensión en muchos casos termina desbordando hacia la vida personal de los colaboradores, quienes pueden manifestar ansiedad y desmotivación. Dado que nuestro rubro implica un contacto constante con proveedores, despachantes y agentes de carga, es fundamental mantener la inteligencia emocional equilibrada para sostener una comunicación efectiva. Por eso sentí la necesidad de ofrecer una alternativa que pudiera ayudar a los equipos a gestionar mejor estas presiones.
¿Cómo comenzaste a implementar prácticas de bienestar dentro de los equipos?
La iniciativa surgió de manera espontánea. Comencé a proponer la incorporación de herramientas como la meditación, mindfulness y el yoga, disciplinas que también practico como terapeuta holística. En principio, la reacción fue de sorpresa; no sabía si la idea iba a ser bien recibida, pero planteé cómo nos sentíamos internamente y cómo eso estaba afectando la relación entre colegas y el rendimiento general.
La propuesta fue aceptada y comenzamos con sesiones de 15 minutos una vez por semana, trabajando en grupos reducidos de seis personas. Al principio, consultaba cómo se sentía cada uno para generar un espacio de confianza, y luego hacíamos la meditación. Fue una experiencia muy enriquecedora porque nos permitió conectar con las emociones propias y ajenas en un entorno que suele estar marcado por la rapidez y la exigencia.
¿Qué impacto concreto tuvieron estas prácticas dentro de las organizaciones?
Lo que empezamos a notar fue un cambio positivo en varios indicadores. Por ejemplo, hubo una disminución de la rotación de personal y de las inasistencias. Los colaboradores querían participar activamente de las prácticas, al punto de pedir que también se sumara yoga como opción complementaria. La obligatoriedad inicial sirvió para vencer ciertas resistencias y miedos, como la idea de ser juzgados por tomarse un momento de pausa mientras otros continuaban trabajando.
Lo más significativo fue cómo este enfoque se extendió al clima general de la organización. Los equipos comenzaron a generar vínculos más cercanos, se conocieron más profundamente y comprendieron que si a uno le iba bien, a todos les iba mejor. Incluso se observaron mejoras en las ventas, porque el colaborador motivado siente un sentido de pertenencia genuino y encara sus tareas con energía renovada.

¿Cómo se refleja este cambio en la cultura organizacional?
Este tipo de iniciativas genera un cambio cultural profundo. Transformás la mirada sobre el colaborador y lo reconocés como persona integral, no solo como un recurso que ejecuta tareas. Personalmente, empecé aplicándolo para mí, buscando encontrar un equilibrio entre las exigencias del trabajo y mi bienestar personal. Ver los resultados en mi propia experiencia fue lo que me impulsó a llevarlo al equipo.
Aunque la implementación en algunas organizaciones fue más desafiante por mentalidades más cerradas, con el tiempo se pudo instalar la idea de que estas prácticas no solo son beneficiosas para las personas sino que también impactan positivamente en los resultados de la empresa. A largo plazo, este enfoque ayuda a sostener la motivación incluso frente a los obstáculos que surgen a diario en comercio exterior.
¿Qué recomendarías a quienes buscan integrar estas prácticas en su día a día laboral?
La recomendación principal es abrirse a la experiencia, desde los directivos hasta cada integrante de la cadena logística. Todos somos parte fundamental de este ecosistema. El bienestar individual impacta directamente en el colectivo, y cuando una persona se siente bien, la calidad del trabajo y las relaciones internas y externas mejoran de forma natural.
Es clave entender que no es una cuestión secundaria. Implementar estas prácticas como parte de los objetivos anuales, por ejemplo, demuestra que la organización valora a sus personas y busca su crecimiento integral. Invertir veinte minutos semanales en bienestar puede parecer poco, pero genera beneficios exponenciales, tanto en la rentabilidad como en la construcción de equipos comprometidos y resilientes. Al final, cuando las personas están bien, todo el engranaje del comercio exterior funciona con mayor armonía y los resultados llegan casi como una consecuencia natural.
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