
Seguramente todos hemos leído en algún titular destacado en los medios, textuales de científicos advirtiendo sobre los peligros del cambio climático.
De hecho, posiblemente hasta nos acostumbramos a hacerlo, casi como si se tratara de algo cotidiano.
Sin embargo, los tiempos se están acortando y los hechos comienzan a confirmar los peores pronósticos, a la vez que las consecuencias de la crisis climática cada vez nos tocan más de cerca.
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Y el futuro no parece ser muy alentador.
Recientemente, especialistas de la ONU destacaron el “vergonzoso” retraso de los países latinoamericanos para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible planteados para 2030, ya que la región solo logró el 25% de los objetivos acordados en 2015, cuando estamos a solo 5 años de llegar al plazo pautado.
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Pero este atraso no es exclusivo de nuestra región, ni mucho menos, ya que como señala en su último reporte la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) de Naciones Unidas, al ritmo actual no se alcanzará ninguno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible a nivel global.
Una dura verdad
La realidad concreta que marcan los hechos, es que la demanda energética sigue creciendo y el mundo ha comprobado que las energías limpias no son suficientes para cubrir este incremento, por lo que el consumo de combustible fósiles no solo no se reducirá en el corto plazo, sino que seguirá en alza, impulsado en gran medida por los países en vías de desarrollo.
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Un ejemplo claro de esto es lo que sucede en el país más poblado del mundo; “India no puede contribuir, en este momento, a la reducción de emisiones dado que todavía necesita satisfacer las necesidades energética mínimas de una importante cantidad de la población que está por debajo de la línea de la pobreza”, declaró recientemente el primer ministro de la India, Narendra Modi, en línea con la situación que viven actualmente muchos países.
El futuro está a la vuelta de la esquina
Lamentablemente, sobran ejemplos alrededor del mundo sobre cómo las consecuencias del cambio climático están afectando la dinámica de las cadenas de abastecimiento, solo por citar algunos: sequía en el Canal de Panamá, inundaciones al sur de Brasil y, del otro lado del Atlántico, complicaciones en el Rio Rin, una de las principales rutas logísticas europeas, por el bajo nivel de sus aguas.
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El clima, además, está cambiando y afectando la producción agropecuaria alrededor del mundo, así como la dinámica de sus cadenas de valor, que se diseñaron para un contexto que rápidamente se está modificando.
Todo parece indicar que, en el futuro cercano, lo que hoy experimentamos como excepciones, podrían convertirse en el nuevo escenario sobre el que deberemos aprender a desarrollar la producción, el comercio y desde luego, su logística asociada.
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En este contexto, las cadenas de suministro serán claves para minimizar los efectos de esta problemática sobre la calidad de vida las personas en todo el mundo.
La humanidad ante un escenario inédito
Lejos de las miradas apocalípticas que el cine ya nos ha mostrado muchas veces, estas líneas buscan visibilizar un futuro inmediato para el que la logística y el comercio exterior deberán estar preparados, para seguir cumpliendo con su rol clave en el abastecimiento a las sociedades y en hacer posible la producción y comercialización internacional a través de las largas y complejas cadenas de valor.
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En el inminente escenario complejo que enfrentarán los profesionales del sector, las cadenas logísticas deberán ser más flexibles que nunca para poder adaptarse rápidamente ante los imprevistos que puedan surgir, para lo que la comunicación y la colaboración entre sus distintos eslabones será cada vez más determinante.
Al igual que sucedió en otras grandes crisis que ha enfrentado la humanidad a lo largo de su historia, como la reciente pandemia de Covid-19 o la reconstrucción europea tras la Segunda Guerra Mundial, la clave estará en la colaboración y el esfuerzo conjunto de personas, gobiernos y organizaciones.
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Un reto con las cadenas de abastecimiento como protagonistas
La logística y el comercio exterior fueron, son y serán fundamentales para que el mundo, tal como lo conocemos, siga girando, produciendo y abasteciendo a sus habitantes.
De igual forma, es un reto que nos involucrará a todos, ya que en solo 5 años se estima que las personas podríamos empezar a perder “comodidades” a las que nos hemos habituado, de cara a un mundo nuevo.
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Más allá de los valiosos aportes que seguramente surjan de la tecnología para afrontar este reto global, la clave estará en nuestra capacidad de resiliencia como profesionales y como personas, donde la comunicación, la empatía y la búsqueda de acuerdos y vínculos sustentables serán vitales para, juntos, seguir moviendo el mundo.
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