Los aprendizajes de una ejecutiva luego de la vida corporativa

Marina Diaz Ibarra trabajaba en Nueva York hasta la llegada de la pandemia. Deja sus vivencias en su libro” “Un mundo sin jefes”

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Mariana Diaz Ibarra se anima a contar su experiencia a Mix 5411.

Escribo estas líneas desde Todos Santos, un pueblo dormido en la costa del pacífico de Baja California Sur. Vivo en una casa solar muy lejos del lujo y el ruido de la Nueva York pre-pandemia en la que vivía. Mientras camino por el palmar que es mi jardín, esquivando lagartos y liebres silvestres, le pido a mi novio que empaque mi tabla de surf para el fin de semana. “Gringo! Subime al auto la tabla naranja” Acto seguido recibo una llamada del CEO de Agilethought para confirmarme que, efectivamente, se dieron las aprobaciones pertinentes y soy miembro del Board. Eso me haría una de las primeras argentinas en llegar a ocupar una posición como miembro del directorio de una empresa que cotiza en el Nasdaq.

De repente, me da culpa la salida del fin de semana, me agarra un síndrome del impostor que voy a contrarrestar con un manía productiva innecesaria y varias preguntas empiezan a surgir en mi cabeza. ¿Cómo se pueden vivir dos vida en apariencia tan dispares? ¿Como se puede conjugar servir en Boards corporativos, la ambición de crecer profesionalmente y a la vez seguir teniendo tiempo para el surf y los amigos? En un mundo que nos dice todo el tiempo que el éxito solamente se consigue hipotecando la propia vida hasta el punto de quiebre, ¿Se puede uno bajar de la carrera de la rata sin dejar de lado la ambición de tener impacto genuino y positivo en el mundo a través de las organizaciones? ¿Podemos permitirnos esa búsqueda sin culpa? La respuesta es sí. Y no soy la única. Todos los días, y cada vez más, vemos emprendedores en Latinoamérica animándose a vivir Un mundo sin jefes, comenzando organizaciones menos jerárquicas o lanzándose a ser free-lancers, fundando empresas B o empezando ONG´s estando embarazados o en el medio de un sabático. Es un fenómeno cada vez más extendido y que no parece que vaya a detenerse en el corto plazo.

Sin embargo, no les voy a mentir, este camino esta lleno de incomodidades. La única ley que me acuerdo de mis años de estudiar economía es que, a más riesgo, más retorno. Y ese es el punto fundamental, hay que estar dispuesto a perder para poder ganar. Las estructuras familiares, el dinero (siempre que uno tenga sus necesidades básicas cubiertas, lo cual lamentablemente en Latinoamérica es un supuesto fuerte) son, por lo general, simplemente excusas para no afrontar un nivel de riesgo que nos resulta incómodo. Y esta bien, se puede vivir sin riesgo, pero como decía mi abuela, antes o después, la comodidad también se paga.

Cuando dejé mi último trabajo corporativo de alto perfil, estaba cansada, enferma y con algo parecido a una depresión clínica. En ese momento, recién separada y al borde de las pastillas, decidí tomarme otra cosa: Un avión a Bali. En ese reinventarme digno del libro Comer, Rezar & Amar (y confieso que la similitud con ese cliché me incomodaba bastante) empecé a leer toda la literatura que encontré sobre como reinventarse y rearmar una vida con propósito. Encontré, entre mucho libro de autoayuda que repetía las mismas ideas una y otra vez, algunas joyitas que realmente me marcaron el rumbo, como el libro Designing your life del profe Stanford Bill Burnett o El Mapa del Deseo de Danielle La Porte. Lo que fui encontrando en esos libros fue la articulación práctica de una idea que no había evaluado antes: La vida puede diseñarse, casi como si fuera un producto. Podemos pensar los próximos años y, con consciencia, definir quién es la persona que queremos ser.

Muchos de nosotros, por lo general, nos entregamos a la vida casi como si fuéramos un tronco flotando en un río. Sin embargo, y contradiciendo algunos preceptos budistas que indican tomar el camino de menor resistencia, yo encontré esta idea refrescante y muy práctica. Sin minimizar las limitaciones que todos y todas tenemos, hay un espacio de determinación y maniobra mucho más amplio de lo que nos permitimos ver. Los apegos, los fantasmas del fracaso y la sensación de no poder nos van limitando el generar posibilidades, pero ¿Qué tal si hacemos el ejercicio, por ahora solo por el gusto de hacerlo, de trazar una línea de tiempo e inventarnos la vida que quisiéramos vivir si el dinero y vergüenza no fuesen un impedimento? Eso ya nos amplía el campo de acción mental y el riego percibido (que en general es mucho mayor que el riesgo real que existe al hacer cambios incrementales en nuestra vida) empieza a perder fuerza.  Muy probablemente no vayamos a vivir la vida de Messi -si eso es lo que surge del ejercicio- o a volvernos Lady Gaga, pero puede que terminemos activando unas clases de futbol o canto después del trabajo y que un día un primo nos lleve a la audición de La Voz...y....De eso se trata, de hacer cambios incrementales que nos abran a nuevas realidades y nos develen potencialidades que teníamos acalladas.

Hace ya 5 años, haciendo uno de esos ejercicios en mi cuadernito naranja que llevaba a todos lados, con más deudas que ingresos, triste y sintiéndome el último orejón del tarro, dibujé una línea de tiempo en las que se superponían ideas tan -aparentemente- contradictorias como salvar corales, servir en el Board de empresas de microcréditos para mujeres, bajar una ola de 7 pies y aprender a cocinar algo más que un huevo duro. La última es la única que por ahora (y simplemente porque el gringo cocina de las mil maravillas), no se dio. Creo profundamente en respetar el compas interno, pero nuestro cerebro a veces se pone en el camino de nuestro deseo contándonos una historia con más impedimentos que los que realmente tenemos. Para contarnos una historia más expansiva, con más posibilidades, tenemos que dejar de decir que no antes de sentarnos a diseñar

Cuando diseñé esta vida de Boards y surfboards, mi cabeza me dijo que estaba loca, que no hay mas que 5% de mujeres en Boards en Latinoamérica, que hacer surf después de los 40 es para gente en plena crisis de la mediana edad, que me iba a romper algo y que, además, ambas cosas no van de la mano y que no tenía el tiempo para hacerlo todo ¿Pero quien te crees que sos? me decía la cabeza (la más nociva de las preguntas a la hora de tomar las riendas de la propia existencia).

Hoy ya sabemos que la famosa “Ley de atracción” esta explicada por las neurociencias y que lo que no podemos visualizar, no lo podemos crear. Así que hoy, sin falta, tira la línea de tiempo y sé el primer futbolista-cocinero-padre de mellizos-astronauta o bailarina-meditadora-dueña-de-empresa de la historia de la humanidad. Algo bueno va a salir de todo eso.