Existen infinidades de casos de personas que lograron cambios físicos radicales gracias al running. Hombres y mujeres que perdieron cinco, diez, o hasta cincuenta kilos. Muchos empiezan con el afán de verse y sentirse mejor y sin darse cuenta se enamoran de la actividad.

No hay dudas, el running, puede ser un gran aliado en la batalla contra la balanza: significa un gasto energético considerable y eso se traduce en una pérdida de grasa corporal muy rápido si se acompaña con una dieta adecuada.

Para eso, debe existir un saldo calórico negativo: puede no funcionar si compensamos todo lo que gastamos corriendo, comiendo más de lo que corresponde.

Por otro lado, al comenzar con este cambio de hábitos, es probable que demás aspectos se ordenen como la restricción del consumo de alcohol, y el descanso, además de la alimentación.

¿Correr es para todos?


Ahora la pregunta del millón: hay sobrepeso, ¿es bueno y efectivo correr? La respuesta es no. Está claro que hay sobrepesos y sobrepesos. No es lo mismo una persona con cinco o siete kilos de más, una buena masa muscular, e historial deportivo, que alguien con el mismo exceso de peso sin fuerza y años de sedentarismo encima.

Ni hablar de alguien que está en veinte kilos o más, arriba de su peso ideal. En esos casos, la mejor opción es optar por actividades sin impacto tales como caminar, andar en bici, o nadar. Correr con muchos kilos extras es una carga muy peligrosa para las articulaciones, los huesos, y los músculos. Nos expone a varios tipos de lesiones.

Además, si la persona está fuera de forma casi seguro tenga una condición cardiovascular pobre, y con trotar apenas unos minutos probablemente se le dispare mucho el pulso. Esto es otro punto negativo, ya que la idea es realizar actividades aeróbicas, suaves y extensas para quemar grasas, y no del tipo anaeróbicas muy intensas.

Recomendaciones para una actividad segura

Primero consultar con un médico. Realizar los chequeos que este indique para determinar si estamos aptos o no. Si el sobrepeso es muy importante, hay que empezar con caminatas, y a medida que se descienda ver de comenzar con trotes, hasta poder hacer la transición definitiva.

La alimentación será clave y seguramente termine haciendo la diferencia. Ingerir menos calorías de las que gastamos sin descuidar el aporte completo de nutrientes necesarios será determinante, aunque a veces no es tarea sencilla. Para esto, ponerse en manos de una nutricionista deportiva será la mejor opción.

Otros puntos clave son el calzado, la superficie elegida, y el esquema semanal de trabajo: unas buenas zapatillas son indispensables y la primera inversión que debemos hacer.Deben tener estas tres características: comodidad, estabilidad, y excelente amortiguación.

Al comenzar y hasta llegar al peso objetivo, es recomendable evitar superficies duras como el asfalto o el cemento, es mucho mejor optar por circuitos de tierra o pasto que podrán absorber parte del impacto.

Y por último: no machacar al cuerpo es vital. Es importante no dejarse ganar por la ansiedad y querer recuperar en semanas los malos hábitos de años: si recién se comienza, es mejor espaciar los estímulos y no salir todos los días. Darle un día de descanso entre sesiones al cuerpo para recuperarse, y con el tiempo aumentar la frecuencia semanal y la duración de las mismas. Siempre en forma lenta pero sostenida.

Casos que inspiran

Analía Vasallo tiene 52 años, se enamoró del Running de grande. Empezó netamente por motivos de salud y estéticos, sin imaginar que la actividad la atraparía por completo hasta convertirse en algo determinante en su vida. En 2018 se recibió de maratonista al completar los 42 kilómetros de Berlín. Este año por otro sueño: El Cruce de los Andes Columbia, una carrera de montaña en tres etapas con una distancia total acumulada de 100 kilómetros. Ella, como tantas otras personas dio sus primeros pasos buscando perder grasa y ganar músculos. Quería bajar unos kilos y le pareció una manera divertida y distinta de alcanzarlo.

Hoy, varios años más tarde, se le invirtieron las cosas. Ya no tiene sobrepeso estético ni saludable, pero lo que la motiva a estar lo más delgada posible, es correr mejor. Siempre cita esta frase: “Empecé a correr para adelgazar, y ahora quiero adelgazar para correr”.

Para correr mejor y más rápido, hay que estar liviano. De esta forma economizamos energía y prevenimos lesiones.

¿Conclusión? No solo se trata de correr para ponerse en forma: muchas veces hay que ponerse en forma para correr.

Carolina Rossi

Entrenadora Nacional de Atletismo ISDE

Entrenadora IAAF