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Estudios psicológicos lo confirman: las personas más apegadas a sus mascotas desarrollan mayor sensibilidad y sentido de la responsabilidad

Cuidar todos los días a otro ser vivo puede afinar la atención a señales de miedo, dolor, hambre o necesidad

un hombre y su mascota se preparan para hacer un viaje juntos. (Imagen Ilustrativa Infobae)
Una persona subiendo sus maletas a la cajuela de un auto y su perro tratando de subir a la cajuela previo a un viaje. - (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Desde niños se nos enseña que tener una mascota ayuda a mejorar el sentido de responsabilidad, algo que la psicología ha logrado confirmar tras diversas investigaciones.

Y es que se ha encontrado que las personas con un vínculo más estrecho con sus mascotas suelen mostrar más responsabilidad, empatía y apego.

Varios estudios psicológicos coinciden en que el cuidado cotidiano de perros y gatos se asocia con mayor sensibilidad emocional aunque también advierten que los resultados no demuestra que tener una mascota vuelva automáticamente más responsable o compasiva a una persona.

Por ejemplo, una de las investigaciones citadas por la publicación fue realizada por la Universidad Queen’s de Belfast con 938 propietarios de perros y gatos de distintos países. Los participantes respondieron cuestionarios sobre personalidad y sobre la intensidad del vínculo emocional con sus animales de compañía.

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Los resultados mostraron que quienes obtuvieron puntuaciones más altas en responsabilidad también tendían a sentirse más unidos a sus mascotas. En psicología, ese rasgo forma parte del modelo de los cinco grandes factores de personalidad y suele describir a personas más organizadas, constantes y dispuestas a cumplir obligaciones.

Esa asociación encaja con las exigencias diarias del cuidado animal: alimentar, vigilar la salud, mantener rutinas, acudir al veterinario y atender necesidades durante años aunque se advierte que no significa que adoptar una mascota produzca por sí mismo ese rasgo por lo que también cabe la posibilidad de que las personas que ya eran responsables desarrollen vínculos más sólidos con sus animales.

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La relación aparece en adultos y también en la infancia pues otra investigación con más de mil niños escoceses de entre siete y 12 años vinculó el apego a las mascotas con conductas de cuidado, compasión, amistad y actitudes más favorables hacia los animales.

Primer plano de una persona acariciando suavemente a un golden retriever dormido en su cama. La luz del sol entra por una ventana, revelando partículas de polvo.
Una persona sonriente acaricia suavemente a su golden retriever dormido, reflejando una conexión tranquila y afectuosa en un hogar bañado por la luz del sol. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La sensibilidad emocional aparece, pero con matices y límites

En este sentido, la parte de la sensibilidad requiere una lectura más precisa. Los estudios precisan que no se trata de afirmar que todas las personas muy unidas a sus mascotas sean más delicadas o vulnerables, sino de que algunas investigaciones detectan relaciones de la empatía con una mayor atención hacia las emociones ajenas.

El estudio de 2024 encontró que un apego más alto a las mascotas se asociaba con mayor empatía hacia los animales. Esa empatía, a su vez, se relacionó con conductas prosociales hacia otras personas, como ayudar o interesarse por su bienestar.

Los autores plantean una explicación posible: cuidar todos los días a otro ser vivo puede afinar la atención a señales de miedo, dolor, hambre o necesidad. Como una mascota no expresa verbalmente lo que siente, su cuidador debe interpretar cambios sutiles en su comportamiento.

Aun así, la dirección de esa relación sigue abierta. Una persona con alta empatía podría implicarse más en el bienestar animal y formar lazos intensos; al mismo tiempo, las experiencias de cuidado también podrían reforzar poco a poco ciertas respuestas empáticas.

Mujer adulta mayor con cabello canoso y piel clara, sonriente, acaricia a un perro mestizo de tamaño mediano, pelaje beige y blanco, sentada en un jardín.
Una mujer adulta mayor de cabello canoso acaricia a un perro mestizo de pelaje beige y blanco en el jardín de una casa moderna, mientras ambos miran hacia el horizonte en una tarde cálida. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Tener o no tener mascota no define el carácter de una persona

A pesar de los beneficios estudios citados coinciden en una idea central: la relación con una mascota puede revelar tendencias promedio, no reglas universales. Tampoco permite concluir que quienes no tienen animales de compañía sean menos responsables o menos compasivos.

La posibilidad de convivir con una mascota depende de factores muy concretos: vivienda, horarios, alergias, economía, experiencias previas y preferencias personales. Esas condiciones influyen de forma directa en la decisión de cuidar o no a un animal.

La misma precaución aplica para la calidad del vínculo. El apego puede ser seguro, ansioso o evitativo, y una dependencia emocional excesiva puede relacionarse con dificultades distintas a las que se observan en una convivencia equilibrada.

La conclusión más prudente es que las personas muy vinculadas a sus mascotas tienden, en promedio, a puntuar algo más alto en responsabilidad y empatía hacia los animales, pero esas asociaciones son modestas y no sirven para juzgar la personalidad de cada individuo.

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