Ecoansiedad: el trastorno que crece con cada desastre climático y que la ciencia empieza a medir

Un estudio internacional revela que el temor al deterioro ambiental ya afecta la salud mental de millones de jóvenes en diferentes regiones del mundo

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Ilustración de joven angustiada apoyada en globo con plantas marchitas. Nubes alrededor muestran fábricas, botellas de plástico, sequía y deshielo.
Jóvenes y niños ya resienten la ecoansiedad. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las olas de calor, los incendios forestales y las inundaciones dejan de ser solo amenazas ambientales y detonan una crisis silenciosa: la ecoansiedad.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la UNICEF advierten que este fenómeno afecta de forma creciente a la infancia y la juventud, quienes reportan deterioro en el sueño, el rendimiento escolar y las relaciones personales.

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Menos del 10% de los países ha incorporado programas de apoyo psicológico ante desastres climáticos en su legislación, según cifras de Harvard y la OPS.

La ausencia de políticas agrava la vulnerabilidad de los jóvenes, quienes constituyen la generación más expuesta y menos protegida frente a la ansiedad ecológica.

Esto representa un riesgo añadido para una generación que, además de lidiar con los efectos directos del cambio climático, enfrenta el desafío de gestionar su malestar emocional sin apoyo suficiente.

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El miedo crónico al futuro ambiental afecta a jóvenes en todo el mundo

El 59% de las personas entre 16 y 25 años declara estar “muy preocupado” por el futuro ambiental, según un estudio coordinado por la Universidad de Bath y publicado en The Lancet Planetary Health con el respaldo de UNICEF y la OPS.

Más de la mitad afirma que los pensamientos obsesivos sobre el clima afectan su vida diaria.

La ecoansiedad se manifiesta como un miedo persistente relacionado con la percepción de catástrofes frecuentes y la falta de respuesta institucional.

La Asociación Americana de Psicología define el fenómeno como una reacción emocional compleja frente a una amenaza sostenida por la evidencia científica.

El malestar se agrava cuando la angustia paraliza la vida cotidiana y afecta la alimentación, el sueño y el rendimiento escolar o laboral.

Según el National Institutes of Health (NIH) y Harvard, el 83% de los jóvenes afirma que los gobiernos fallan en su obligación de proteger el medio ambiente.

La desconfianza hacia las autoridades alimenta lo que los especialistas llaman “lesión moral intergeneracional”.

Ilustración de seis jóvenes, con expresiones de preocupación, sentados en un salón. Miran una televisión con noticias del cambio climático y sostienen periódicos.
Seis de cada diez jóvenes dicen estar muy preocupados por el futuro ambiental; más de la mitad reconoce que la ansiedad por el clima impacta su vida diaria, según The Lancet Planetary Health. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Nuevas herramientas para medir la ecoansiedad

La necesidad de una respuesta clínica impulsa el desarrollo de instrumentos psicométricos específicos.

La Climate Change Anxiety Scale (CCAS), elaborada por la Universidad de Wooster y validada en más de 30 países, evalúa la intensidad del miedo y su efecto sobre la vida diaria.

La Hogg Eco-Anxiety Scale (HEAS) profundiza en los aspectos emocionales y fisiológicos de la ansiedad climática.

Ambas son recomendadas por la OPS y la UNICEF para investigaciones epidemiológicas y atención primaria en salud mental.

La adaptación de escalas universales de ansiedad y depresión, como el GAD-2 y el PHQ-2, permite a los sistemas sanitarios de bajo presupuesto identificar casos graves de ecoansiedad sin requerir formación psiquiátrica especializada.

El NIH sostiene que la brecha de atención sigue siendo un reto en países con acceso limitado a servicios psicológicos.

Ilustración de un grupo diverso de jóvenes realizando diversas actividades de activismo ambiental como plantar árboles, limpiar una playa, protestar y usar paneles solares.
El activismo ambiental ayuda a transformar la ecoansiedad en un motor de cambio. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Respuestas institucionales y estrategias de resiliencia

La OPS y UNICEF impulsan la inclusión de la salud mental en planes nacionales de adaptación y mitigación climática.

En junio de 2022, la OMS publica un Policy Brief que exige a los gobiernos integrar la salud mental en sus políticas ambientales y fortalecer el apoyo comunitario.

La literatura científica recogida por NIH y Harvard recomienda intervenciones terapéuticas que validan el miedo, gestionan el duelo ecológico y promueven la acción colectiva.

El activismo ambiental y la educación en resiliencia ayudan a transformar la ecoansiedad en un motor de cambio.

La OPS y la OMS desarrollan guías para capacitar a profesionales de la salud y evitar la minimización o patologización excesiva del fenómeno.

La ecoansiedad ya aparece en los protocolos de salud pública de la OMS y UNICEF, pero menos del 10% de los países cuenta con programas específicos de atención psicológica ante desastres climáticos.

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