El reto de criar en equipo: por qué el diálogo es clave para el desarrollo de los hijos

Uno de los principales puntos de conflicto tiene que ver con la distribución de las tareas del hogar y la organización de rutinas

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Ilustración plana de dos adultos sentados en mesas opuestas con un puente de rompecabezas multicolor entre ellos, y dos niños jugando en una alfombra debajo.
Una ilustración plana muestra a dos adultos sentados en mesas opuestas, uniendo un puente de rompecabezas que simboliza la coordinación parental efectiva, mientras dos niños juegan pacíficamente debajo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El desarrollo emocional y social en la infancia depende en gran medida de la manera en que quienes ejercen la paternidad o maternidad en la vida cotidiana. La capacidad de los adultos para dialogar, coordinarse y actuar de forma conjunta repercute directamente en el bienestar familiar y en la estabilidad de niños y adolescentes.

En el hogar, la interacción constante basada en el respeto y la escucha mutua es el primer paso para construir un entorno predecible y seguro. Cuando las personas involucradas carecen de acuerdos sólidos o muestran contradicciones, esta etapa puede verse marcada por la confusión y la inseguridad. Por ello, la crianza se convierte en una tarea compartida que exige colaboración y empatía, y no en un esfuerzo aislado de una sola persona.

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La comunicación abierta entre quienes cuidan a los hijos no solo facilita acuerdos, sino que también previene tensiones y malentendidos que afectan el ambiente familiar.

Coordinación parental y toma de decisiones

Durante la conferencia “Hablemos de los hijos. Comunicación de pareja para la crianza infantil y adolescente”, la Dra. Mariana Gutiérrez Lara, de la Facultad de Psicología de la UNAM, señaló la importancia de conversar a profundidad acerca de las expectativas y métodos de crianza antes de iniciar la experiencia parental.

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La especialista advirtió que muchas parejas se enfrentan a la maternidad o paternidad principalmente a través de la experiencia diaria, lo que suele derivar en desacuerdos y tensiones.

Uno de los principales puntos de conflicto tiene que ver con la distribución de las tareas del hogar y la organización de rutinas. Cuando la llegada de un hijo multiplica las responsabilidades, la falta de reparto equitativo puede generar resentimientos, sobre todo si uno de los miembros siente que la carga recae principalmente sobre su persona.

Infografía animada con dibujos de una familia multigeneracional y seis viñetas que ilustran los retos y soluciones de la crianza compartida.
La comunicación y coordinación entre padres son cruciales para el desarrollo emocional y social de niños y adolescentes, previniendo desacuerdos y fomentando un ambiente familiar estable. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las primeras diferencias surgen con frecuencia alrededor de los hábitos cotidianos: horarios de sueño, alimentación y rutinas. Un ejemplo común es el desacuerdo sobre si el bebé debe dormir acompañado o en su propia cama, o cuándo es el momento adecuado para establecer rutinas escolares. Aunque parezcan asuntos menores, estos desacuerdos repercuten en la manera en que los adultos ejercen su rol parental y en la percepción de seguridad de los niños.

El modo en que se resolvieron los propios conflictos familiares durante la infancia suele influir en el enfoque actual de cada progenitor. Esto puede llevar a estilos de crianza opuestos y, en ocasiones, a choques constantes dentro de la pareja.

Desacuerdos frecuentes y estrategias para afrontarlos

A medida que los hijos crecen, surgen nuevos desafíos: la disciplina y la desautorización parental se convierten en temas centrales. Contradecir públicamente las decisiones del padre o madre, o delegar la autoridad con frases como “pregúntale a tu mamá” o “eso lo decide tu papá”, puede confundir a los menores y deteriorar la autoridad compartida.

Las discusiones sobre calificaciones, salidas con amistades o acceso a dispositivos electrónicos también son habituales. Mientras que uno de los dos puede dar prioridad al rendimiento académico, el otro puede valorar más el equilibrio emocional o la integración social. En los últimos años, el tiempo de exposición a pantallas y el uso de tecnología han sumado un nuevo motivo de desacuerdo, con posturas distintas sobre los riesgos y beneficios de estos dispositivos.

La académica recomendó fortalecer el diálogo y buscar acuerdos genuinos para construir relaciones sanas y ejercer la parentalidad de forma conjunta. La clave está en no tomar las diferencias como ataques personales, sino como puntos de partida para generar entendimiento y soluciones conjuntas.

Asimismo, la forma de reducir los conflictos en la crianza compartida es confiar en las capacidades del otro y establecer acuerdos claros sobre las responsabilidades y límites. Así, se favorece un ambiente donde tanto los adultos como los menores pueden desarrollarse plenamente.

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