Simulacros de sismo en México: entre el trauma colectivo y la baja participación, advierte especialista

El experto explicó que uno de los factores de la resistencia a participar es el impacto emocional de escuchar la alerta sísmica

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SIMULACRO
CIUDAD DE MÉXICO, 18FEBRERO2026.- Trabajadores, asistentes y músicos que se encontraban en el Palacio de Bellas Artes se formaron en la explanada del recinto durante el Simulacro Nacional. FOTO: GRACIELA LÓPEZ/CUARTOSCURO

Los terremotos de 1957, 1985 y 2017 ocasionaron cambios significativos en la cultura de prevención y protección civil en México, que incluyeron modificaciones en los lineamientos para la construcción y hasta la realización de simulacros anuales.

Sin embargo, a pesar de la memoria sísmica que atraviesa generaciones, la participación en simulacros en México no es aún una práctica generalizada, advirtió Norberto Sánchez Garduño, arquitecto y responsable de Protección Civil de la Universidad Iberoamericana.

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En una publicación de la IBERO, el también especialista en Intervención Psicosocial en Emergencias indicó que esta resistencia persiste incluso después de las tragedias que ocurrieron en dichos eventos.

Aunque reconoció que en algunos sectores de la población sí se ha observado un cambio paulatino en la percepción social, principalmente tras el sismo del 2017, que “se toman más en serio estos ejercicios a partir de lo que vivimos hace casi 10 años”.

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Ante el sismo que ocurrió ayer, de magnitud 5.6 y con epicentro en Oaxaca, que se percibió en diversas regiones del país, el especialista recordó que el riesgo es constante y no hipotético.

Por ello, subrayó la importancia de participar en los ejercicios y comprender su relevancia, que va mucho más allá de cumplir con una rutina institucional

“Son ejercicios simulados en donde ponemos una hipótesis de algún fenómeno perturbador que nos puede impactar. En ellos ponemos a prueba nuestros protocolos de actuación (…) para identificar fallas, fortalezas y mejora continua (...) Sin temor a exagerar, estos ejercicios pueden salvar vidas”, puntualizó.

Impacto emocional y memoria colectiva influye en resistencia a la participación

En la misma publicación, el especialista explicó que uno de los factores que explican la resistencia a participar en simulacros es el impacto emocional que estos pueden detonar.

Es decir, personas que vivieron eventos como el sismo de 1985 o el de 2017 pueden experimentar estrés incluso ante el sonido de la alerta sísmica, aun cuando se trate de un ejercicio.

“No todas las personas responden de la misma manera (…) quienes tuvieron pérdidas pueden verse afectados psicológicamente, incluso si saben que es un simulacro”, comentó.

Frente a ello, el especialista insiste en la importancia de la información y la preparación emocional, al afirmar que una comunidad informada “responde mejor y se recupera más rápido, y con menos secuelas”.

Pide prepararse para saber actuar y apoyar en una emergencia real

Sánchez Garduño advirtió que los simulacros no son una formalidad: son, literalmente, una herramienta para salvar vidas.

No obstante, resaltó que al saber actuar se le debe añadir el saber ayudar, al señalar que este enfoque integra no sólo la respuesta operativa ante desastres, sino también la atención emocional y los llamados primeros auxilios psicológicos, fundamentales para la recuperación de las víctimas.

“Tenemos arraigado el querer ayudar, pero también es importante saber cómo ayudar (…) muchas veces lo que las personas necesitan inicialmente es ser escuchadas”.

Recordó que el 6 de mayo de 2026 se realizará el Primer Simulacro Nacional, convocado a las 11:00 horas en todo el país, una oportunidad clave para fortalecer la cultura de prevención.

El especialista hizo un llamado directo a participar, con el objetivo de identificar áreas de mejora en los protocolos y prepararse para actuar en una emergencia real.

“La seguridad es de todas y todos”, concluyó.

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