La CIA siempre estuvo aquí: la larga historia de intervenciones en México que Chihuahua volvió a destapar

El caso de los agentes de la CIA muertos en Chihuahua no es un hecho aislado. Repaso de décadas de intervenciones encubiertas de EU en territorio mexicano

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Un conjunto de archivos oficiales y testimonios recientes evidencian que la interacción entre agencias estadounidenses y autoridades mexicanas ha sido constante, contemplando colaboración, espionaje, infiltración y transferencia tecnológica en ámbitos de seguridad e inteligencia. (Infobae-Itzallana)
Un conjunto de archivos oficiales y testimonios recientes evidencian que la interacción entre agencias estadounidenses y autoridades mexicanas ha sido constante, contemplando colaboración, espionaje, infiltración y transferencia tecnológica en ámbitos de seguridad e inteligencia. (Infobae-Itzallana)

La madrugada del 19 de abril, dos agentes de la CIA murieron en un barranco de la Sierra Tarahumara mientras regresaban de desmantelar uno de los narcolaboratorios más grandes encontrados en México. El operativo generó controversia, especialmente por las acciones posteriores que se realizaron sin transparencia.

Lo que Chihuahua dejó al descubierto no es una excepción ni una novedad. Es el capítulo más reciente de una historia que lleva décadas escribiéndose en silencio, con o sin el aval de los gobiernos mexicanos.

Los archivos de JFK: México no solo toleró a la CIA, la invitó

Documentos desclasificados en el marco de la Ley de Registros del Asesinato de John F. Kennedy revelan algo que contradice el discurso oficial de soberanía que México ha sostenido por décadas: fue el propio presidente mexicano Adolfo López Mateos quien propuso a la CIA, en 1958, uno de sus programas de vigilancia conjunta más extensos, conocido como Operación LIENVOY.

La operación, ejecutada con personal del Ejército mexicano, sirvió para espiar las embajadas cubana, soviética, yugoslava y checa en la Ciudad de México. Pero también para vigilar a disidentes internos: el expresidente Lázaro Cárdenas y el muralista David Alfaro Siqueiros tuvieron sus teléfonos intervenidos. Según los propios documentos de la CIA, la colaboración con el gobierno mexicano en ese espionaje se prolongó al menos hasta 1994.

Paralelamente, la agencia estadounidense infiltró revistas intelectuales, reclutó escritores para distribuir propaganda anticomunista en América Latina y mantuvo agentes encubiertos dentro de la Cámara de Comercio estadounidense en México. Todo, con distintos grados de conocimiento y cooperación del Estado mexicano.

John F. Kennedy, el día de su asesinato en Dallas
John F. Kennedy, el día de su asesinato en Dallas

De Kiki Camarena a Chihuahua: el patrón se repite

En México, el caso más emblemático llegó en 1985 con el asesinato del agente de la DEA Enrique “Kiki” Camarena. La respuesta de Washington fue una operación de represalia en territorio mexicano sin autorización del gobierno mexicano, que incluyó el secuestro de uno de los responsables para llevarlo a juicio en Estados Unidos.

Cuatro décadas después, el consultor en seguridad David Saucedo confirma a BBC Mundo que la presencia de agentes del FBI, la CIA, la DEA y la Homeland Security en México está documentada de forma continua desde entonces. Participan armados en geolocalización, detención de narcotraficantes e investigación criminal, facultades que ninguna ley mexicana les otorga.

Lo que ha cambiado con Donald Trump, según los expertos, no es la presencia sino el estilo: menos disimulo, más protagonismo. Trump declaró terroristas a los cárteles mexicanos y creó una fuerza de tarea militar antinarco. Fue esa unidad la que, según ambos gobiernos, proporcionó la inteligencia clave para abatir a “El Mencho” en febrero pasado.

Una reciente acción clandestina en el norte del país ilustra un patrón histórico de cooperación y falta de transparencia, donde agentes extranjeros han actuado en territorio nacional con conocimiento parcial o encubrimiento oficial. REUTERS/Kylie Cooper
Una reciente acción clandestina en el norte del país ilustra un patrón histórico de cooperación y falta de transparencia, donde agentes extranjeros han actuado en territorio nacional con conocimiento parcial o encubrimiento oficial. REUTERS/Kylie Cooper

El legado más duradero: México, estado de vigilancia

Los archivos de JFK revelan otro dato incómodo: la CIA no solo operó en México, sino que ayudó a construir su aparato de inteligencia interno. Esa tecnología y experiencia, transferida durante décadas, se volvió después contra periodistas, activistas y opositores.

México fue el primer país del mundo en adquirir el spyware israelí Pegasus a mediados de los 2000, y lo ha desplegado en múltiples ocasiones contra periodistas y defensores de derechos humanos. La frontera norte genera un flujo constante de datos de vigilancia sobre migrantes, armas y narcóticos que alimenta sistemas de inteligencia de ambos lados.

Lo que Chihuahua dejó al descubierto no es una traición a la soberanía. Es el rostro visible de una relación que lleva más de 60 años operando en las sombras, con distintos nombres, distintos pretextos y el mismo resultado: la CIA siempre estuvo aquí.