
El reciente conflicto en el estrecho de Ormuz transformó por completo el mercado del petróleo global, modificando rutas críticas de exportación y alterando el equilibrio de poder entre los grandes productores.
La crisis disparó la volatilidad de los precios internacionales y forzó un reacomodo donde Estados Unidos consolidó su dominio, mientras que México ve agudizada su dependencia y una marcada pérdida de influencia.
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Estados Unidos es actualmente el actor central del mercado petrolero tras el cierre del estrecho de Ormuz. Gracias a su récord de producción, su capacidad inédita de exportar gas natural licuado y una estrategia de integración con aliados clave, ha desplazado a otros proveedores tradicionales.
México, por su parte, enfrenta un desplome de exportaciones y una transición de socio estratégico a cliente dependiente de la energía estadounidense.
En los últimos meses, la escalada del conflicto y el bloqueo en el estrecho de Ormuz redujeron de manera abrupta el flujo de aproximadamente 20 millones de barriles diarios, que representaban cerca del 20% del comercio mundial de crudo.
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Reacomodo de los países exportadores de petróleo
La crisis desencadenó un ajuste profundo en las estrategias de los principales países exportadores de petróleo. Arabia Saudita y sus vecinos del Golfo —Irán, Irak, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait— se vieron forzados a buscar rutas alternativas, negociando bajo alta incertidumbre tras perder acceso directo a sus mercados tradicionales de Asia y Europa.
Simultáneamente, Estados Unidos intervino con determinación, incentivando a gigantes como China e India a sustituir el suministro del Golfo por crudo y gas estadounidenses. Para ello, incrementó su producción interna, ofreció exportaciones masivas de gas natural licuado (GNL) —al superar las 100 millones de toneladas métricas anuales— y puso en juego su red avanzada de refinerías, capaces de procesar petróleo pesado.
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Entre los movimientos clave registrados:
- Estados Unidos elevó su producción a 13.4 millones de barriles diarios en 2024 y consolidó su liderazgo en exportación de GNL.
- Arabia Saudita buscó mantener acuerdos alternativos, pero resintió la pérdida de mercados vitales.
- Rusia y Venezuela aprovecharon la apertura estadounidense a proveedores de petróleo pesado, en tanto que México, restringido por contratos rígidos y menor inversión privada, quedó rezagado en el nuevo mapa energético.
Impacto en los precios del petróleo a nivel global

La interrupción del flujo de crudo y gas en Ormuz provocó una volatilidad sin precedentes en los precios internacionales. El Brent tocó los 126 dólares por barril en los momentos más críticos y, pese a la posterior moderación, los precios continuaron elevados: hacia abril de 2026 rondaban los 102 dólares.
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Este aumento benefició a las principales empresas petroleras estadounidenses, que recibieron ingresos excepcionales. México, en contraste, apenas aprovechó el repunte: sus exportaciones cayeron a 294 mil barriles diarios en enero de 2026, la cifra más baja en décadas.
Con márgenes menguados, la economía mexicana enfrentó un aumento de la inflación energética y una dependencia creciente, pues importa alrededor del 60% de las gasolinas y el 70% del gas natural que consume.
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Repercusiones en América Latina y México
El nuevo panorama global repercutió de manera desigual en América Latina. Brasil y Guyana aumentaron inversión y proyección regional. Para México, la situación es especialmente delicada: perdió prioridad como socio petrolero de Estados Unidos y ahora compra más del 70% del gas natural a su vecino del norte, lo que lo convierte en un cliente dependiente y sin margen de negociación.
La situación financiera de Pemex agrava el escenario: la deuda de corto plazo supera los 15 mil 900 millones de dólares y el costo de producción se mantiene por encima del de sus competidores regionales, restringiendo opciones de inversión y exploración en el corto plazo.
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Analistas energéticos coinciden en que el control de Estados Unidos sobre el mercado petrolero no tiene precedentes. Su integración con Canadá y Venezuela, junto con la capacidad exportadora de GNL y refinerías avanzadas, consolidan su rol como regulador de oferta y precios globales. México enfrenta retos estructurales: producción estancada, dependencia de insumos estadounidenses y una política energética limitada por el control estatal.
A futuro, la tendencia apunta a una profundización del liderazgo estadounidense, mientras otros países latinoamericanos, como Brasil y Guyana, reciben nuevas inversiones.
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