Cártel de Sinaloa y los Beltrán Leyva: las dos organizaciones que mantienen líderes con viejas prácticas del narco

La captura de Nemesio Oseguera Cervantes dejó a solo dos líderes históricos en activo dentro del crimen organizado en México

Guardar
Operativo antihomicidios en el Estado de México, luego del ataque armado en el bar Bling Bling de Cuautitlán Izcalli.
La vieja guardia del narcotráfico ha sido desplazada por nuevas generaciones más sofisticadas. (Cuartoscuro)

La caída de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, marcó un punto de inflexión en el crimen organizado en México: la vieja guardia del narcotráfico quedó reducida a solo dos capos en activo.

Se trata de Aureliano Guzmán Loera, hermano de Joaquín Guzmán Loera, y de Fausto Isidro Meza Flores, conocido como “El Chapo Isidro”. Ambos representan los últimos exponentes de una generación que construyó imperios criminales bajo reglas muy distintas a las actuales.

El fin de una era en el narco mexicano

A diferencia de los nuevos líderes del narcotráfico —muchos de ellos hijos de capos o perfiles con visión empresarial—, los jefes de la vieja escuela se caracterizan por el bajo perfil, estructuras territoriales sólidas y redes de protección social.

Hoy, la mayoría de los cárteles en México están encabezados por herederos o lugartenientes que escalaron posiciones tras la captura o muerte de sus líderes. En ese contexto, figuras como “El Guano” y “Chapo Isidro” han logrado sobrevivir tanto a operativos gubernamentales como a disputas internas.

Aunque operan en regiones cercanas —principalmente en el norte de Sinaloa y zonas limítrofes con Durango—, ambos capos son considerados rivales estratégicos, en medio de un reacomodo constante del mapa criminal.

“El Guano”: bastión, familia y supervivencia

“El Guano” mantiene operaciones en la sierra de Sinaloa, protegido por su base social. (Departamento de Estado de Estados Unidos)
“El Guano” mantiene operaciones en la sierra de Sinaloa, protegido por su base social. (Departamento de Estado de Estados Unidos)

Aureliano Guzmán Loera es considerado uno de los operadores clave del Cártel de Sinaloa. Durante años ha controlado rutas de tráfico que atraviesan Sinaloa y Sonora con destino a Estados Unidos.

Su permanencia en libertad no es casual. Autoridades estadounidenses lo ubican como un operador de alto nivel en el tráfico de múltiples drogas, desde marihuana y amapola hasta fentanilo y metanfetamina.

Con una recompensa de hasta cinco millones de dólares por información que conduzca a su captura, “El Guano” ha logrado evadir al menos ocho intentos de arresto, el más reciente en diciembre de 2024 en Tamazula, Durango.

Su bastión se encuentra en La Tuna, Badiraguato, donde mantiene presencia mediante brazos armados como Gente del Guano (GDG) y Los Calabazas, grupos encargados de blindar su territorio frente a rivales y autoridades.

A sus más de 80 años, es considerado el capo prófugo más longevo de México, sostenido no solo por su estructura criminal, sino también por una base social que ha dificultado su captura.

“Chapo Isidro”: la herencia de los Beltrán Leyva

El Chapo Isidro (Foto: FBI)
“Chapo Isidro” figura entre los fugitivos más buscados por agencias estadounidenses. (Foto: FBI)

Por su parte, Fausto Isidro Meza Flores encabeza el llamado Cártel de Guasave, una organización surgida tras la fragmentación del grupo de Arturo Beltrán Leyva, abatido en 2009.

Formado como parte de Los Mazatlecos, brazo armado de los Beltrán Leyva, “Chapo Isidro” logró consolidar su propio liderazgo y mantener operaciones activas en el norte de Sinaloa.

Actualmente figura en la lista de los fugitivos más buscados del FBI, debido a su papel en el tráfico de drogas hacia Estados Unidos y su capacidad para mantener control territorial mediante violencia organizada.

Al igual que “El Guano”, ha construido su propia estructura armada: las Fuerzas Especiales de Isidro (FEDI), encargadas de su protección y de asegurar sus rutas de operación.

Aunque ha mantenido un perfil relativamente bajo, su nombre ha resurgido en medio de disputas internas del Cártel de Sinaloa, particularmente en el conflicto entre facciones vinculadas a Ismael Zambada García y “Los Chapitos”.

Un legado en extinción

La permanencia de estos dos capos evidencia que, aunque el narcotráfico en México ha evolucionado, los viejos métodos aún sobreviven en nichos específicos del país.

Sin embargo, el cambio generacional es innegable. Los nuevos líderes ya no responden al perfil tradicional, sino a estructuras más complejas, con visión financiera y redes internacionales más sofisticadas.

En ese escenario, “El Guano” y “Chapo Isidro” no solo son sobrevivientes: son los últimos testigos de una era que se desvanece, mientras el crimen organizado en México redefine sus liderazgos y formas de operar.