
La dieta mediterránea se ha consolidado como una de las opciones nutricionales más recomendadas para quienes buscan mejorar la salud hepática.
Diversas investigaciones señalan que este patrón alimentario, caracterizado por el consumo prioritario de frutas, verduras, legumbres, granos enteros, aceite de oliva y pescado, favorece la reducción de la acumulación de grasa en el hígado.
Especialistas en hepatología destacan que la combinación de nutrientes presentes en la dieta mediterránea ayuda a controlar la inflamación y a optimizar el metabolismo, factores clave en el tratamiento y la prevención del hígado graso.

La clave mediterránea para reducir el riesgo de hígado graso
El interés científico sobre la dieta mediterránea ha crecido en las últimas décadas debido a sus efectos positivos sobre enfermedades metabólicas y hepáticas.
Según The New England Journal of Medicine, esta pauta alimentaria, basada en un alto consumo de vegetales, frutas, legumbres, cereales integrales, pescado y aceite de oliva extra virgen, se asocia a una reducción del riesgo de padecer hígado graso no alcohólico.
Médicos consultados por Reuters explican que la clave reside en el perfil antiinflamatorio y antioxidante de los alimentos típicos de la región mediterránea.
La acumulación de grasa en el hígado afecta a millones de personas en todo el mundo y puede desencadenar padecimientos graves como fibrosis y cirrosis.
De acuerdo con especialistas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los componentes principales de la dieta mediterránea —aceite de oliva, pescado azul y frutos secos— aportan ácidos grasos monoinsaturados y omega 3, que contribuyen a la reducción de la inflamación hepática y la mejora del metabolismo lipídico.
Un estudio publicado por The Lancet indica que las personas que siguen este modelo dietético presentan una menor incidencia de resistencia a la insulina, factor que suele relacionarse con la aparición del hígado graso.
El bajo aporte de azúcares refinados y grasas saturadas, junto con la preferencia por alimentos frescos y mínimamente procesados, explica los beneficios de este patrón alimentario.
“La dieta mediterránea se ha convertido en una herramienta fundamental para el manejo no farmacológico del hígado graso”, afirmó el doctor Juan Martínez, hepatólogo consultado por Reuters.
Además, la inclusión regular de verduras de hoja verde, frutas ricas en fibra y el consumo moderado de vino tinto potencian su efecto protector, según datos recogidos por la Sociedad Española de Hepatología.
Las guías internacionales destacan la importancia de acompañar la alimentación con actividad física regular y control del peso corporal.

El seguimiento de estos hábitos, junto con la adopción de la dieta mediterránea, puede marcar la diferencia en la prevención y el tratamiento del hígado graso, detalló The New England Journal of Medicine.
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