¿La IA puede sustituir a mi terapeuta?, esto dice la UNAM

Una tendencia creciente muestra cómo la búsqueda de tranquilidad se traslada de los consultorios a las pantallas, reconfigurando la forma en que las personas se sienten acompañadas

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El crecimiento de usuarios de
El crecimiento de usuarios de inteligencia artificial refleja una sociedad que prioriza soluciones ágiles frente a la complejidad del malestar psíquico. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La proliferación de herramientas de inteligencia artificial en el ámbito de la salud mental ha generado un cambio significativo en la manera en que las personas buscan apoyo emocional.

En una época orientada a la optimización de la experiencia y la gestión del malestar, la IA se ha convertido en una opción popular para quienes desean alivio inmediato, sin los desafíos inherentes al contacto humano y a la intervención clínica.

Este fenómeno responde tanto a un desarrollo tecnológico como a un modelo cultural contemporáneo que privilegia la satisfacción instantánea.

En este sentido, el académico y psicoanalista Alejandro Rodríguez Fuentes, de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, sostuvo en diálogo con el medio UNAM Global que el auge de la IA en este terreno se explica porque “no es solo una innovación tecnológica, sino la herramienta perfecta para una cultura obsesionada con optimizarse a sí misma”.

Según datos recientes citados por UNAM Global, el impacto es más notable entre adolescentes: más del 70% de los jóvenes utilizan herramientas de IA, y la mitad de ellos acude a estos sistemas para buscar apoyo emocional.

Entre los adultos, el 37% ha empleado estas plataformas con fines de acompañamiento psicológico, y el 38% de los usuarios las consulta semanalmente para tratar asuntos emocionales.

Las aplicaciones de IA han
Las aplicaciones de IA han demostrado reducir levemente los síntomas emocionales y disminuir la soledad, aunque sus beneficios presentan límites claros. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El modelo de la IA y la lógica del consumo emocional

Rodríguez Fuentes destacó ante UNAM Global que la estructura de la inteligencia artificial no replica el proceso de acompañamiento clínico; en cambio, responde a una lógica de consumo.

A diferencia del terapeuta, que enfrenta al paciente con la alteridad y el deseo, la IA se adapta al usuario, elimina la fricción y provee validación constante.

El especialista lo expresa así: “La IA no introduce fricción, no confronta ni exige adaptación; se adapta al usuario. Por eso se inserta de manera ideal en una sociedad organizada por la lógica del consumo”.

Al abordar el sufrimiento humano, la IA lo traduce a términos de eficiencia y optimización. “El sufrimiento deja de ser una experiencia humana con una dignidad propia y se convierte en algo que debe resolverse rápidamente para continuar produciendo”, explica Rodríguez Fuentes.

En este sentido, el sistema no responde a la singularidad de un paciente con historia y conflictos, sino a un usuario cuya experiencia debe ser mejorada y cuya satisfacción es la prioridad.

Esta orientación cultural, en la que el cansancio debe ser gestionado y la tristeza resuelta sin dilación, encuentra en la inteligencia artificial a un aliado eficaz para la regulación emocional, pero también plantea interrogantes sobre el papel del otro humano y los límites de la tecnología en intervenciones más profundas.

El uso de chatbots de
El uso de chatbots de inteligencia artificial en salud mental alcanza alrededor de 700 millones de usuarios semanales en todo el mundo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Resultados, beneficios y riesgos del acompañamiento automatizado

En este sentido, diversos estudios referidos por UNAM Global indican que el uso de aplicaciones de inteligencia artificial como apoyo emocional se ha vinculado con una reducción leve a moderada de los síntomas emocionales, un aumento en la sensación de compañía y una disminución de la soledad.

En el plano de la psicoeducación, la IA se muestra útil para explicar conceptos como ansiedad, estrés o angustia y para ayudar a organizar pensamientos, funciones que se asemejan a ciertas estrategias de la terapia cognitivo-conductual.

En las sesiones con asistentes automatizados, los usuarios reciben sugerencias, acompañamiento y contención, aunque de carácter limitado.Sin embargo, el principal riesgo, advierte Rodríguez Fuentes, radica en la confusión entre experiencia clínica y alivio momentáneo.

La dependencia de la herramienta, el posible aislamiento social y el retraso en la consulta con un especialista representan desafíos importantes, especialmente en cuadros de depresión grave, donde la intervención clínica es irremplazable.

“La IA refuerza continuamente al yo”, afirma el académico. Esta validación constante puede reforzar ideas fijas e incluso validar creencias delirantes en casos extremos.

En este sentido, el uso prolongado de la IA podría llevar a algunas personas a evitar el proceso terapéutico real, al confundir el alivio ofrecido por las máquinas con la labor de elaboración subjetiva que requiere la clínica.

“No es lo mismo experimentar alivio que atravesar un proceso clínico que implique elaborar aquello de lo que uno se queja”, puntualiza Rodríguez Fuentes, explicando que la IA tiende a ser condescendiente de manera permanente y no puede reemplazar al terapeuta humano.

Expertos subrayan los límites de
Expertos subrayan los límites de la IA en terapia: no puede replicar la transferencia, la alteridad ni la escucha clínica del profesional humano. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La experiencia humana en la terapia: límites de la inteligencia artificial

El especialista de la UNAM subraya que lo esencial de la experiencia terapéutica reside en el encuentro con la alteridad y la transferencia, elementos imposibles de replicar en sistemas automatizados.

“El encuentro con la alteridad es lo que permite que una persona trabaje sobre sí misma”, afirma. En el psicoanálisis, la transferencia es fundamental: el paciente deposita en el analista aspectos centrales de su historia emocional, y es ese diálogo el que impulsa el cambio. La IA no puede asumir el rol ético ni el deseo que impulsa al terapeuta a acompañar un tratamiento. Tampoco posee capacidad para escuchar formaciones del inconsciente ni para interpretar los matices del lenguaje humano. Tal como sostiene Rodríguez Fuentes: “Aunque la IA puede aliviar, jamás elaborará una posición subjetiva profunda”.

Las limitaciones de la tecnología no eliminan, sino que hacen más visible la función insustituible de los profesionales de la salud mental. Los dispositivos de IA, según el académico, “no compiten con la clínica, sino que revelan su especificidad. El desafío no es tecnológico, sino ético y clínico. La tecnología cambia, pero la necesidad humana de ser escuchado permanece”.