
Estados Unidos está intensificando la presión sobre México para que permita a las fuerzas militares estadounidenses llevar a cabo operaciones conjuntas a fin de desmantelar laboratorios de fentanilo en el país, según funcionarios estadounidenses.
El impulso sucede mientras Donald Trump insiste al gobierno mexicano para que otorgue a Estados Unidos un papel más importante en la lucha contra los cárteles de la droga que producen fentanilo y lo introducen de contrabando en territorio estadounidense.
La propuesta se planteó por primera vez a principios del año pasado y luego se abandonó en gran medida, dijeron los funcionarios. Pero la petición se renovó después de que las fuerzas estadounidenses capturaron al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, el 3 de enero, y ha implicado a los más altos niveles del gobierno, incluida la Casa Blanca, según varios funcionarios.
Autoridades estadounidenses quieren que fuerzas de su país -ya sean tropas de Operaciones Especiales u oficiales de la CIA- acompañen a soldados mexicanos en redadas contra presuntos laboratorios de fentanilo, según funcionarios estadounidenses que hablaron bajo condición de anonimato para comentar cuestiones diplomáticas delicadas y de planificación militar. Estas operaciones conjuntas supondrían una importante ampliación del papel de Estados Unidos en México, medida a la cual el gobierno mexicano se ha opuesto hasta ahora rotundamente.

La presidenta del país, Claudia Sheinbaum, ha dicho en repetidas ocasiones que los dos países colaborarían en la lucha contra los cárteles, pero que su gobierno rechazaba la propuesta de Estados Unidos de enviar soldados estadounidenses al otro lado de la frontera.
Trump “en general, insiste en la participación de fuerzas de Estados Unidos”, dijo en una conferencia de prensa poco después de hablar con Trump por teléfono el lunes por la mañana. “Siempre decimos que no es necesario”, dijo, y añadió que él “fue receptivo, escuchó y dio su opinión y quedamos en que vamos a seguir trabajando” juntos.
La Casa Blanca declinó hacer comentarios. Pero la semana pasada, Trump dijo a Fox News que había que hacer más en México para contrarrestar a los cárteles de la droga.
“Hemos eliminado el 97 por ciento de las drogas que entran vía acuática, y ahora vamos a empezar a atacar por tierra en relación a los cárteles”, dijo, concretamente a los de México.

En lugar de operaciones conjuntas, funcionarios mexicanos ofrecieron este mes algunas contrapropuestas, entre ellas, un mayor intercambio de información y que Estados Unidos desempeñe un papel más importante en los centros de mando, según una persona familiarizada con el asunto. Según funcionarios estadounidenses, ya hay asesores de Estados Unidos en los puestos de mando de militares mexicanos, que comparten información de inteligencia para ayudar a las fuerzas mexicanas en sus operaciones antidroga.
Las autoridades mexicanas se encuentran bajo presión para llegar a un acuerdo, ya que a algunos funcionarios estadounidenses les gustaría que el ejército de EEUU o la CIA llevaran a cabo ataques con aviones no tripulados contra presuntos laboratorios de drogas, una violación de la soberanía mexicana que debilitaría significativamente al gobierno.
No obstante, los laboratorios de fentanilo son particularmente difíciles de encontrar y destruir, afirman los funcionarios estadounidenses, y Washington sigue desarrollando herramientas para rastrear la droga mientras se produce. Los laboratorios emiten menos rastros químicos que los de metanfetamina --que pueden detectarse con drones-- y a menudo operan en zonas urbanas con los utensilios rudimentarios que se encuentran en una cocina familiar, según funcionarios y exfuncionarios. Los laboratorios de metanfetamina y cocaína, sin embargo, requieren espacios mucho mayores, lo que facilita su detección.

Durante el gobierno de Joe Biden, la CIA empezó a realizar vuelos secretos con aviones no tripulados sobre México para identificar posibles ubicaciones de laboratorios de fentanilo, una operación que se ha ampliado desde que Trump asumió el cargo.
Los aviones no tripulados se utilizan tanto para encontrar laboratorios como para rastrear los precursores químicos que llegan a los puertos marítimos mexicanos y luego son transportados a sus destinos, según un funcionario estadounidense informado sobre la operación.
Esa información de inteligencia se entrega actualmente a unidades militares mexicanas, muchas de las cuales han sido entrenadas por fuerzas de Operaciones Especiales estadounidenses. A continuación, los soldados mexicanos planifican y ejecutan las redadas para acabar con los laboratorios.
Según la nueva propuesta de Washington, las fuerzas estadounidenses participarían en las redadas encabezadas por fuerzas mexicanas, dirigiendo la misión y tomando decisiones clave, según personas familiarizadas con las conversaciones, incluidos funcionarios estadounidenses. Pero las fuerzas estadounidenses estarían en apoyo, brindando inteligencia y asesoramiento a los soldados mexicanos en primera línea.
Al consultarle sobre la planificación para México, el Departamento de Defensa dijo en un comunicado que “está preparado para ejecutar las órdenes del comandante en jefe en cualquier momento y en cualquier lugar”.
Una portavoz de la CIA declinó hacer comentarios.

El éxito de la incursión de este mes en Venezuela parece haber envalentonado al gobierno de Trump. Poco después de esa operación, él dijo que lo siguiente era un cambio de régimen en Cuba y resucitó las exigencias de que Washington tomara el control de Groenlandia.
Aunque Washington se ha centrado en Maduro y Venezuela como principal fuente de las drogas introducidas de contrabando en Estados Unidos, el país sudamericano desempeña, en realidad, un papel menor en ese comercio ilícito. La mayoría de las drogas introducidas de contrabando en Estados Unidos llegan a través de la frontera de 3200 kilómetros que comparte con México.
El fentanilo también es responsable de la mayor parte de las muertes por sobredosis en Estados Unidos y es, con diferencia, la droga callejera más peligrosa.
El año pasado, la Casa Blanca designó el fentanilo como “arma de destrucción masiva” y a varios cárteles mexicanos como organizaciones terroristas extranjeras
El gobierno de Trump empezó a presionar para que hubiera fuerzas estadounidenses dentro de México poco después de llegar al poder el año pasado, pero las autoridades mexicanas han rechazado sistemáticamente esas propuestas, exigiendo que Washington respete su soberanía.
“Nosotros tenemos unidades del ejército, de fuerzas especiales sumamente capacitadas”, dijo el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de México, Omar García Harfuch, en una entrevista el mes pasado. “¿Para qué se requerirían?”, añadió, en referencia a las fuerzas estadounidenses. “Lo que necesitamos es información”.

Que tropas estadounidenses operen dentro de México es una cuestión especialmente delicada, teniendo en cuenta la historia compartida: Estados Unidos ha invadido México alrededor de una decena de veces y ha emprendido varias apropiaciones de tierras que incluían Texas y California.
Esa profunda desconfianza ha disminuido gradualmente en las tres últimas décadas, en las que México ha colaborado más estrechamente con las fuerzas estadounidenses y ha compartido más información de inteligencia, sobre todo con los agentes de la Administración para el Control de Drogas (DEA). García Harfuch dijo que hay menos de varios centenares de agentes de seguridad estadounidenses en México y que todos están desarmados y cuentan con la aprobación de las autoridades mexicanas.
Los agentes de la DEA en México colaboran principalmente con las fuerzas mexicanas y tienen prohibido participar en operaciones terrestres antidroga. Pero antiguos funcionarios estadounidenses que han trabajado con las fuerzas mexicanas afirman que si Trump se excede en la presión, esa cooperación podría romperse.
Sheinbaum se encuentra en una situación precaria. Si acepta las exigencias de Washington para realizar operaciones conjuntas con las fuerzas estadounidenses, podría sufrir una revuelta dentro de su propio partido político, una organización de izquierda que alberga profundos recelos hacia Estados Unidos.
Pero si el gobierno de Trump decidiera lanzar un ataque militar unilateral en territorio mexicano sin el conocimiento de la presidenta, ella podría perder rápidamente el apoyo dentro de su partido gobernante y entre los votantes mexicanos.
La propuesta de operaciones conjuntas también presenta un conflicto frente a las recientes leyes mexicanas que restringen la presencia de soldados extranjeros en suelo mexicano, incluida una enmienda constitucional aprobada el año pasado.

Poco después del ataque en Venezuela, el Senado mexicano retrasó una votación prevista para el 5 de enero para permitir la entrada en México de fuerzas especiales de la Marina estadounidense para realizar ejercicios conjuntos de entrenamiento a partir de finales de este mes. La Constitución del país exige al Senado que apruebe la entrada de soldados extranjeros.
Sheinbaum, quien originalmente había solicitado la entrada de los soldados estadounidenses, negó la semana pasada que el retraso estuviera relacionado con el ataque a Venezuela, al decir que se debía a que el Senado aún no había entrado en sesión, pero un senador mexicano dijo que el aplazamiento se debía efectivamente a la acción estadounidense.
Sheinbaum ha pedido a García Harfuch que actúe con mayor dureza contra los cárteles desde que llegó al poder a finales de 2024. Desde entonces, México ha desplegado cientos de fuerzas en el estado de Sinaloa para contrarrestar al cártel de Sinaloa, el mayor distribuidor de fentanilo del mundo, lo que ha dado lugar a detenciones de alto nivel y a una escisión y debilitamiento de la organización narcotraficante.
El gobierno afirma que está deteniendo a miembros del cártel y destruyendo laboratorios de drogas a un ritmo de casi cuatro veces el del gobierno anterior.
“No estamos diciendo que el problema esté resuelto”, dijo García Harfuch. Pero, añadió, “lo que estamos haciendo es que pegamos en una estructura criminal abajo, en medio, arriba. Todo”.
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