
El consumo de insectos y arácnidos forma parte de la tradición gastronómica de diversas regiones de México desde tiempos prehispánicos. Entre estos alimentos poco convencionales, los alacranes comestibles han ganado notoriedad tanto por su sabor como por su aporte nutrimental, además de su creciente presencia en mercados turísticos y propuestas de cocina alternativa.
Quienes han probado alacranes coinciden en que su sabor es suave y poco invasivo, lo que facilita su incorporación en distintos platillos. Generalmente, se consumen tostados, fritos o deshidratados, procesos que realzan su textura crujiente.
El sabor suele describirse como una mezcla entre camarón seco, nuez o semillas tostadas, con notas terrosas y saladas, especialmente cuando se sazonan con sal, chile, ajo o limón. Debido a su perfil neutro, los alacranes funcionan más como un ingrediente que absorbe los condimentos que como un alimento de sabor dominante.

En estados como Durango, Guerrero y Morelos, los alacranes se venden como botana, se utilizan como topping para tacos o incluso se integran en salsas y platillos regionales. Su consumo no es una novedad, sino una práctica heredada de culturas que aprovechaban los recursos del entorno como fuente de proteína.
Desde el punto de vista nutrimental, los alacranes destacan por su alto contenido de proteínas. Diversos estudios sobre artrópodos comestibles indican que pueden aportar entre 50 y 70% de proteína en peso seco, una cantidad comparable o superior a la de carnes tradicionales como el pollo o la res. Esta proteína es de buena calidad, ya que contiene aminoácidos esenciales necesarios para el mantenimiento y reparación de tejidos.
Además, los alacranes son una fuente importante de minerales, entre los que destacan el hierro, calcio, zinc y magnesio, nutrientes fundamentales para la salud ósea, el sistema inmunológico y la producción de energía. También aportan grasas saludables, principalmente ácidos grasos insaturados, aunque en cantidades moderadas, lo que los convierte en un alimento bajo en calorías cuando se consumen sin frituras excesivas.

Otro punto a favor es su bajo impacto ambiental. La producción de insectos y arácnidos comestibles requiere menos agua, espacio y alimento en comparación con la ganadería tradicional, lo que ha despertado el interés de especialistas en nutrición y sostenibilidad como una alternativa alimentaria a futuro.
Es importante señalar que los alacranes destinados al consumo humano deben ser criados y preparados de manera controlada, ya que el proceso de cocción elimina cualquier rastro de veneno y reduce riesgos sanitarios. No se recomienda consumir ejemplares silvestres sin la debida supervisión, ya que podrían representar un peligro para la salud.
Su sabor accesible y su valor nutrimental los convierten en un ejemplo de cómo la gastronomía ancestral puede dialogar con las necesidades actuales, desafiando prejuicios y ampliando el panorama culinario.
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