
“Desde la infancia he sido fiel a los monstruos, me han salvado. Porque los monstruos, creo, son los santos patronos de nuestra dichosa imperfección. Y permiten y encarnan la posibilidad de fallar y vivir”, es una de sus frases que mejor definen a Guillermo del Toro, director mexicano de cine que nuevamente logra el éxito gracias a su Frankenstein.
El cineasta, originario de Guadalajara, decidió contar su propia versión de la clásica criatura de Mary Shelly, y como era de esperarse, conquistó no sólo a su audiencia (fiel desde que irrumpió en la escena cinematográfica con grandes obras de terror como El Espinazo del Diablo, Cronos o Mimic), sino también a los críticos, quienes, posiblemente, lo llevarán otra vez a la ceremonia de los Premios Oscar.
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Como pasa con casi todos los genios, Guillermo del Toro debe mucho de su grandeza a la creatividad propia de la infancia. El cineasta creció en varias casas de Guadalajara y él mismo define estos lugares como clave para su formación. Uno de estos sitios es la casa de su abuela, donde, muy seguramente, pasó horas jugando y alimentando su imaginación.

El inmueble, que hoy es un restaurante curiosamente llamado “Gato Negro”, se encuentra en la esquina de Pedro Moreno y Emeterio Robles Gil, en Guadalajara. Su fachada color ladrillo y su arquitectura típica de la zona parece bastante ajena al arte del cineasta, a diferencia de la icónica Parroquia El Expiatorio Eucarístico, que está a pocas calles de ahí y que, por supuesto, también forma parte de su infancia. Este sitio fue el primer encuentro del mexicano con lo gótico, un estilo muy presente en su filmografía, especialmente en Frankenstein.
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Guillermo del Toro, la mente maestra que puso el terror mexicano en el mapa del mundo

La pesadilla de Guillermo del Toro, que se tradujo en un dulce sueño para los fans del terror y lo fantástico, comenzó formalmente en la década de los 90, cuando dirigió Cronos, un drama sobre vampiros protagonizado por Federico Luppi y Ron Perlman.
Por supuesto, el éxito de Cronos lo posicionó como un director interesante y con propuesta, y pronto las puertas se abrieron para que dirigiera su segundo gran proyecto: El Espinazo del Diablo, estrenada en 2001. Tras los aplausos por su filme de fantasmas, el éxito internacional era inevitable, y para cuando El Laberinto del Fauno irrumpió en el mundo, Guillermo del Toro se convirtió por fin en el director del terror y del fantástico más importante del mundo.
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En 2018, el artista alcanzó un nuevo hito en su carrera con La Forma del Agua, película que ganó el Óscar a Mejor Director y Mejor Película.
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