
En el verano de 1968, la Ciudad de México fue escenario de una de las movilizaciones estudiantiles más significativas del siglo XX en América Latina. Jóvenes universitarios y profesores de diversas instituciones educativas se unieron para formar el Consejo Nacional de Huelga, el surgimiento de este respondió a una necesidad urgente de organización frente a la represión estatal que los alumnos habían sufrido durante los días previos, en el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.
El CNH agrupó a representantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN), la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo, la Escuela Normal Superior, la Escuela Nacional de Antropología e Historia, El Colegio de México, universidades estatales y planteles de educación media superior.
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Con una estructura horizontal, los estudiantes velaron por que la toma de decisiones se realizara de manera colectiva y democrática. Las reglas internas del CNH fueron claras: “Habrá representación solo de escuelas en huelga, no de aquellas en paro activo. Habrá tres representantes por escuela, elegidos en asamblea. No se admitirá la representación de federaciones, confederaciones, partidos o ligas, solo de escuelas”, según la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).

A pesar de su diversidad, el CNH articuló su pliego petitorio en seis exigencias centrales, presentadas el 8 de agosto de 1968. Estas demandas fueron el eje de la lucha. Los estudiantes reclamaron, en primer lugar, “libertad a los presos políticos”. Este punto fue fundamental, pues buscaba la liberación de compañeros detenidos. En segundo término, pidieron la “derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal Federal, relativos al delito de disolución social”, figuras jurídicas que permitían criminalizar cualquier forma de protesta.
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El tercer punto se centró en la la reparación del daño: “indemnización a los familiares de los muertos y heridos desde el inicio del conflicto, víctimas de la represión policiaca y de otras fuerzas y mecanismos de seguridad”. Los estudiantes también demandaron la “desaparición del Cuerpo de Granaderos”.
Asimismo, los estudiantes pidieron el “deslinde de responsabilidades por parte de los funcionarios públicos y autoridades por los actos de represión de la policía, los granaderos y el Ejército”, con el objetivo de que los funcionarios implicados en hechos violentos rindieran cuentas ante la justicia.
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La sexta y última exigencia incluyó la petición de “destitución de los generales Raúl Mendiolea Cerecero y Luis Cueto Ramírez, jefe y subjefe de la policía del Distrito Federal, y el teniente coronel Armando Frías, comandante del Cuerpo de Granaderos”.
Pese a la claridad de estas demandas, las autoridades optaron por ignorar el diálogo y respondieron con más represión. El movimiento, sin embargo, no se limitó al ámbito universitario. Intelectuales y profesores respaldaron la causa abiertamente, participando en mítines y foros de discusión.
El movimiento estudiantil que representaba el CNH terminó de manera violenta en la Plaza de las Tres Culturas, con la represión por parte de fuerzas para militares en la Masacre de Tlatelolco.
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