
En 2013, un equipo internacional de científicos descubrió que los escarabajos peloteros africanos utilizan la Vía Láctea para orientarse durante la noche. La investigación, publicada en la revista Current Biology, fue liderada por Marie Dacke y Eric Warrant, de la Universidad de Lund, Suecia, y se llevó a cabo en Sudáfrica.
Dicho hallazgo representó la primera evidencia documentada de un insecto capaz de guiarse por la galaxia para desplazarse en línea recta, pues hasta ese momento, solo se conocía la capacidad de algunas aves, focas y seres humanos para hacerlo.
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Según información publicada por la revista Science, los escarabajos peloteros ya habían demostrado que podían guiarse por el sol, la luna y la luz polarizada, no obstante, la pregunta sobre cómo lograban mantener trayectorias rectas en noches completamente oscuras permanecía sin respuesta.
¿En qué consistió el experimento?

El descubrimiento de que los escarabajos peloteros utilizan la luz de las estrellas fue accidental. Eric Warrant, profesor de zoología, citado en Science, explicó que su grupo estudiaba cómo dichos insectos empleaban los patrones de luz polarizada de la luna para mantener su trayectoria, sin embargo, una noche sin el astro nocturno, observaron que seguían desplazándose en línea recta. “Quedamos atónitos”, afirmó.
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Para profundizar en el fenómeno, el equipo instaló una arena circular y midió el tiempo que los escarabajos tardaban en rodar una bola de estiércol desde el centro hasta el borde, filmando su trayectoria desde arriba. Los experimentos se realizaron tanto al aire libre, bajo el cielo nocturno, como en el planetario de Johannesburgo, donde los investigadores manipularon la luz de las estrellas y se centraron en las señales específicas que los insectos utilizaban para orientarse.
A la intemperie, los resultados mostraron que los ejemplares mantenían trayectorias rectas y llegaban rápidamente a la periferia gracias a la luz natural de la luna o de un cielo estrellado sin luna; de hecho, obtuvieron el mismo rendimiento cuando se proyectó en el planetario una imagen del cielo nocturno o de la Vía Láctea.
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Por otro lado, en condiciones de cielo nublado, con los ojos cubiertos por “gorras de cartón” o con solo unas pocas estrellas brillantes en el planetario, los insectos tuvieron mucha más dificultad para seguir su camino.
Para descartar la influencia de referencias terrestres, el equipo diseñó una arena elevada y cerrada, donde los escarabajos solo podían guiarse por las señales del cielo. Según los resultados obtenidos, bajo la luz de la luna, los insectos tardaban en promedio 21,4 segundos en llegar al borde de la arena.
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En noches sin luna pero con cielo despejado, el tiempo aumentaba a 40,1 segundos, una diferencia no significativa. Mientras tanto, cuando el cielo estaba cubierto o la visión se bloqueaba, el tiempo se triplicaba, superando los 120 segundos.
La Vía Láctea como brújula natural

Los investigadores concluyeron que, en la naturaleza, los escarabajos en realidad no usaban estrellas individuales, sino la brillante franja de luz estelar de la Vía Láctea como una especie de brújula. Warrant explicó en Science que esta es mucho más fácil de ver en el hemisferio sur, especialmente en Sudáfrica, donde se realizaron los experimentos.
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“Probablemente sea mucho más visible para el ojo de un insecto, especialmente para un ojo de insecto tan sensible como el de estos escarabajos”, afirmó.
Al respecto, James Gould, biólogo evolutivo y experto en comunicación y navegación de insectos de la Universidad de Princeton, señaló en Current Biology que los escarabajos peloteros “ven unas mil veces mejor que las abejas, que tienen la mejor visión diurna”.
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Para estos insectos, la Vía Láctea probablemente aparece como una franja tenue de brillo variable que se extiende por el cielo nocturno. “Solo tienen que mantener la orientación respecto a ese punto de referencia y estarán bien”, indicó.
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