
Entre quienes tienen perros existe la convicción de que, gracias a su vinculo, pueden percibir su dolor casi de manera instintiva, aunque la realidad difiere: muchos sobreestiman su capacidad para identificar el malestar en sus perros, según una investigación difundida por la publicación de divulgación científica Popular Science que retoma resultados el estudio de la revista científica PLOS ONE. Esta discrepancia puede afectar tanto la salud como el comportamiento de los animales.
El estudio reunió a más de 600 participantes para analizar su habilidad en la detección de signos de dolor en perros. Si bien los dueños reconocen cambios de conducta, suelen pasar por alto señales más sutiles y cotidianas. La familiaridad cotidiana no garantiza una mejor identificación del dolor; por eso es relevante prestar atención incluso a pequeñas variaciones en el comportamiento canino.
Incluso, las personas con experiencia pueden no ser precisas al interpretar el dolor de los perros, lo que deja en evidencia la importancia de observar señales discretas pero consistentemente presentes en las mascotas.

Signos de dolor en los perros
Es común pensar que un perro en dolor muestra comportamientos fácilmente reconocibles como vocalizaciones o reacciones físicas, sobre todo ante lesiones de mayor gravedad.
Sin embargo, los perros muchas veces ocultan el dolor como mecanismo de supervivencia e incluso manifiestan cambios de conducta difíciles de advertir. Mientras que levantar una pata de forma vacilante, perder interés en jugar o modificar la personalidad resultan señales percibidas con facilidad, existen manifestaciones más discretas.
Entre los indicadores sutiles se encuentran el bostezo, el lamido de labios y de nariz, además de cambios en la expresión facial: desviar la mirada o parpadear con mayor frecuencia. Aunque pueden pasar inadvertidos, estos detalles son pistas de que un perro podría estar sufriendo.
Según el artículo, “Los perros no siempre expresan dolor de forma evidente. Cambios leves como bostezos, lamidos y gestos faciales pueden señalar incomodidad, aunque fácilmente se confundan con comportamientos normales”. Aprender a leer estas señales puede ser esencial para el bienestar animal.

Resultados del estudio sobre la percepción del dolor
El estudio analizó cómo dueños de perros y personas que no tienen animales perciben el dolor canino. A través de un cuestionario en línea, 530 dueños y 117 personas sin perro clasificaron 17 comportamientos caninos según su relación con el dolor. Todos los comportamientos presentados en el listado correspondían, en realidad, a indicadores de dolor.
Los participantes identificaron correctamente los comportamientos observables como levantar una pata de manera indecisa o la reducción en el juego. Sin embargo, fallaron al reconocer signos menos obvios y sutiles. Que incluso los dueños con experiencia pasaran por alto ciertas señales, evidencia una brecha considerable en el conocimiento práctico sobre bienestar animal.

Diferencias entre quienes tienen perros y aquellos que no tienen animales
El análisis de los datos mostró que los participantes sin perro fueron más propensos a relacionar comportamientos, como quedarse inmóvil o girar literalmente la cabeza y el cuerpo, con la presencia de dolor, comparados con quienes eran dueños de mascotas. Esto sugiere que la rutina y la familiaridad pueden llevar a los dueños a subestimar cambios significativos en la conducta de sus animales.
En los ejemplos presentados durante el estudio, los dueños detectaron el dolor cuando las señales eran evidentes, como alteraciones en el movimiento. Cuando se trataba de manifestaciones sutiles, como inquietud nocturna o seguir a la familia de manera constante, no hubo diferencias entre ambos grupos.
El vínculo entre dolor y cambios de comportamiento es notorio. El dolor puede alterar la rutina del perro, la disposición al juego o incluso su personalidad. Algunos animales pueden reaccionar exageradamente a ruidos fuertes o inesperados, ladrando o sobresaltándose con mayor frecuencia.

La experiencia previa de los dueños con animales que han padecido dolor mejora la capacidad para identificar señales tanto en el lenguaje corporal como en los movimientos.
En distintas especies, las manifestaciones de dolor son variables. Los conejos, por ejemplo, tienden a quedarse inmóviles, lo que puede confundirse con miedo. En gatos y caballos, existen escalas de expresión facial que ayudan a identificar dolor a través de pequeños cambios en los músculos del rostro.
Recomendaciones ante sospecha de dolor
Detectar el dolor en un perro es fundamental para actuar con rapidez. Ante un cambio repentino en el comportamiento o la movilidad del animal, lo indicado es consultar al veterinario. Una reacción rápida puede prevenir complicaciones y reducir riesgos, como las mordeduras, que suelen estar relacionadas con dolor crónico no diagnosticado.
Algunas señales de alerta incluyen alteraciones en el sueño, inquietud, mayor necesidad de compañía, lamido o mordisqueo inusual, y cambios en la posición de las orejas, calidad del pelaje o la forma en que la piel se acomoda. También puede aparecer un rechazo al contacto físico en ciertas partes del cuerpo. Un diagnóstico veterinario temprano puede evitar malentendidos y mejorar la calidad de vida del animal.
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