Señales ocultas: cómo reconocer el sufrimiento silencioso en los perros

Estudios científicos advierten que pequeños cambios en la conducta pueden indicar malestar físico, aunque muchas personas no logran identificarlos a tiempo. La observación atenta y la consulta profesional resultan clave para el bienestar animal

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Un hombre con camisa gris besa a un perro golden retriever en la cabeza. El sol brilla por detrás, creando un contraluz cálido en un parque.
Muchos dueños de perros tienden a sobreestimar su capacidad para detectar el dolor en sus mascotas, según investigaciones recientes (Imagen Ilustrativa Infobae)

Entre quienes tienen perros existe la convicción de que, gracias a su vinculo, pueden percibir su dolor casi de manera instintiva, aunque la realidad difiere: muchos sobreestiman su capacidad para identificar el malestar en sus perros, según una investigación difundida por la publicación de divulgación científica Popular Science que retoma resultados el estudio de la revista científica PLOS ONE. Esta discrepancia puede afectar tanto la salud como el comportamiento de los animales.

El estudio reunió a más de 600 participantes para analizar su habilidad en la detección de signos de dolor en perros. Si bien los dueños reconocen cambios de conducta, suelen pasar por alto señales más sutiles y cotidianas. La familiaridad cotidiana no garantiza una mejor identificación del dolor; por eso es relevante prestar atención incluso a pequeñas variaciones en el comportamiento canino.

Incluso, las personas con experiencia pueden no ser precisas al interpretar el dolor de los perros, lo que deja en evidencia la importancia de observar señales discretas pero consistentemente presentes en las mascotas.

Infografía con un perro negro triste y puntos anaranjados de dolor; describe síntomas evidentes y sutiles, y resultados de un estudio sobre detección del dolor.
El estudio de la revista PLOS ONE analizó la habilidad de más de 600 personas para identificar signos de dolor en perros (Imagen Ilustrativa Infobae)

Signos de dolor en los perros

Es común pensar que un perro en dolor muestra comportamientos fácilmente reconocibles como vocalizaciones o reacciones físicas, sobre todo ante lesiones de mayor gravedad.

Sin embargo, los perros muchas veces ocultan el dolor como mecanismo de supervivencia e incluso manifiestan cambios de conducta difíciles de advertir. Mientras que levantar una pata de forma vacilante, perder interés en jugar o modificar la personalidad resultan señales percibidas con facilidad, existen manifestaciones más discretas.

Entre los indicadores sutiles se encuentran el bostezo, el lamido de labios y de nariz, además de cambios en la expresión facial: desviar la mirada o parpadear con mayor frecuencia. Aunque pueden pasar inadvertidos, estos detalles son pistas de que un perro podría estar sufriendo.

Según el artículo, “Los perros no siempre expresan dolor de forma evidente. Cambios leves como bostezos, lamidos y gestos faciales pueden señalar incomodidad, aunque fácilmente se confundan con comportamientos normales”. Aprender a leer estas señales puede ser esencial para el bienestar animal.

Primer plano de un French Bulldog negro con hocico gris que yace con la cabeza apoyada en un umbral claro, mirando directamente a la cámara. Fondo difuminado
Los propietarios suelen detectar el dolor solo ante señales evidentes, pero pasan por alto cambios sutiles en el comportamiento canino

Resultados del estudio sobre la percepción del dolor

El estudio analizó cómo dueños de perros y personas que no tienen animales perciben el dolor canino. A través de un cuestionario en línea, 530 dueños y 117 personas sin perro clasificaron 17 comportamientos caninos según su relación con el dolor. Todos los comportamientos presentados en el listado correspondían, en realidad, a indicadores de dolor.

Los participantes identificaron correctamente los comportamientos observables como levantar una pata de manera indecisa o la reducción en el juego. Sin embargo, fallaron al reconocer signos menos obvios y sutiles. Que incluso los dueños con experiencia pasaran por alto ciertas señales, evidencia una brecha considerable en el conocimiento práctico sobre bienestar animal.

Primer plano de un perro Golden Retriever de pelaje dorado, inclinando la cabeza. Sus grandes ojos marrones miran fijamente a la cámara, con un fondo difuminado.
La familiaridad diaria con las mascotas no garantiza una mejor identificación del dolor, por lo que la observación cuidadosa es clave (Imagen Ilustrativa Infobae)

Diferencias entre quienes tienen perros y aquellos que no tienen animales

El análisis de los datos mostró que los participantes sin perro fueron más propensos a relacionar comportamientos, como quedarse inmóvil o girar literalmente la cabeza y el cuerpo, con la presencia de dolor, comparados con quienes eran dueños de mascotas. Esto sugiere que la rutina y la familiaridad pueden llevar a los dueños a subestimar cambios significativos en la conducta de sus animales.

En los ejemplos presentados durante el estudio, los dueños detectaron el dolor cuando las señales eran evidentes, como alteraciones en el movimiento. Cuando se trataba de manifestaciones sutiles, como inquietud nocturna o seguir a la familia de manera constante, no hubo diferencias entre ambos grupos.

El vínculo entre dolor y cambios de comportamiento es notorio. El dolor puede alterar la rutina del perro, la disposición al juego o incluso su personalidad. Algunos animales pueden reaccionar exageradamente a ruidos fuertes o inesperados, ladrando o sobresaltándose con mayor frecuencia.

Un hombre mayor abraza a su perro anciano.
El dolor puede alterar la rutina, la disposición al juego y la personalidad del perro, influyendo también en su reacción a estímulos (Canva)

La experiencia previa de los dueños con animales que han padecido dolor mejora la capacidad para identificar señales tanto en el lenguaje corporal como en los movimientos.

En distintas especies, las manifestaciones de dolor son variables. Los conejos, por ejemplo, tienden a quedarse inmóviles, lo que puede confundirse con miedo. En gatos y caballos, existen escalas de expresión facial que ayudan a identificar dolor a través de pequeños cambios en los músculos del rostro.

Recomendaciones ante sospecha de dolor

Detectar el dolor en un perro es fundamental para actuar con rapidez. Ante un cambio repentino en el comportamiento o la movilidad del animal, lo indicado es consultar al veterinario. Una reacción rápida puede prevenir complicaciones y reducir riesgos, como las mordeduras, que suelen estar relacionadas con dolor crónico no diagnosticado.

Algunas señales de alerta incluyen alteraciones en el sueño, inquietud, mayor necesidad de compañía, lamido o mordisqueo inusual, y cambios en la posición de las orejas, calidad del pelaje o la forma en que la piel se acomoda. También puede aparecer un rechazo al contacto físico en ciertas partes del cuerpo. Un diagnóstico veterinario temprano puede evitar malentendidos y mejorar la calidad de vida del animal.