
Uno de los episodios menos conocidos protagonizados por George Washington, el primer presidente de Estados Unidos, ocurrió en plena Guerra de Independencia.
En medio del conflicto, las tropas estadounidenses capturaron a un perro que, para sorpresa de todos, pertenecía a un alto mando enemigo. Lejos de aprovechar la situación, el alto mando estadounidense tomó una decisión que dice mucho sobre quién era: ordenó devolver el animal a su dueño.
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Aunque el nombre de Washington está inevitablemente ligado a batallas decisivas y momentos que marcaron el rumbo de la naciente nación, también existen episodios que revelan su lado más humano y honorable, lejos de su imagen de estratega y político, tal y como se aborda en el libro “El perro del general Howe”.
Así sucedió la historia

El 4 de octubre de 1777, mientras se desarrollaba la Guerra de Independencia, las tropas estadounidenses bajo el mando de George Washington se enfrentaron a las fuerzas británicas en la Batalla de Germantown. Sin embargo, aquel día no resultó favorable para los norteamericanos ya que sufrieron una derrota ante el ejército británico.
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Hacia el final del combate, en medio de la retirada y el caos, los soldados americanos se toparon con algo inesperado: un pequeño terrier que vagaba entre los restos del campo de batalla.
Al revisar el collar del perro, los militares se dieron cuenta de que no era un animal cualquiera. El can pertenecía nada menos que al general William Howe, comandante británico y líder del ejército enemigo. Este detalle convirtió al perro en un elemento que podía ser usado en contra del adversario.
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Algunos soldados propusieron quedarse con el cánido, pero Washington rechazó esa idea. Consideró que no debía aprovecharse del animal para perjudicar a su enemigo. En lugar de eso, ordenó que alimentarán al perro y decidió que debía ser devuelto a su dueño.
Para cumplir con esta decisión, el general escribió una carta y decretó una tregua temporal que permitió a sus soldados regresar el perro a las filas británicas. Este acto, que en apariencia podría parecer simple, tuvo un impacto significativo entre ambos bandos y reflejó los valores que Washington mantenía incluso en tiempos de conflicto.
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Esto decía la carta

Para acompañar el regreso del can, Washington escribió una carta dirigida al general Howe. En el documento, el presidente estadounidense se disculpaba por la captura accidental del perro y expresaba su intención de devolverlo, demostrando el deseo de mantener un trato respetuoso y civilizado entre enemigos.
“Con los respetos del general Washington al general Howe. Es para él un placer devolverle el perro, que accidentalmente cayó en sus manos y que por la inscripción del collar parece que pertenece al general Howe”, redactó el alto mando estadounidense.
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El comandante británico recibió el mensaje y, lejos de reaccionar con hostilidad, agradeció el gesto de Washington. Este intercambio generó admiración y respeto entre las tropas de ambos bandos, convirtiéndose en una anécdota que trascendió el momento bélico.
La historia quedó registrada para la posteridad gracias a la carta original, que fue colocada dentro del collar del perro durante su partida.
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