
A veces, los antojos pueden más que la razón. Eso le ocurrió a Max, un perro de raza gran Pirineo, que se volvió viral tras protagonizar un escape desde casa a medianoche y recorrer más de ocho kilómetros por campo abierto en busca de su bocadillo favorito. La escena, por insólita que parezca, ocurrió en Langford, un pequeño poblado de Dakota del Sur, Estados Unidos.
El objetivo de Max era llegar hasta una tienda de conveniencia donde hace un tiempo le dieron un burrito de desayuno que jamás olvidó. Y aunque llegó demasiado temprano —cinco horas antes de la apertura—, esperó pacientemente afuera del local, dejando claro que su paladar no se conformaría con menos.
La historia, que fue compartida por su familia humana y no tardó en viralizarse por el curioso nivel de determinación del canino de pelaje blanco, su sorprendente orientación y, sobre todo, por lo peculiar de su antojo. Hoy, Max recibe burritos caseros cada mañana, como medida preventiva para que no escape de nuevo y como una nueva tradición familiar.
Max, el perro que viajó para desayunar un burrito

Todo comenzó la noche del 1 de junio, cuando Emily, la hija de 16 años de la familia Olson, regresó a casa alrededor de las 11:30 de la noche. Al abrir la puerta del garaje, Max aprovechó el descuido para escabullirse sin que nadie lo notara.
“No nos dimos cuenta de que había salido hasta la mañana siguiente”, relató Sara Olson, madre de familia y agente de viajes de 44 años. Fue entonces cuando revisó el GPS que Max lleva en su collar —en realidad, dos dispositivos, debido al terreno accidentado donde viven— y notó una serie de alertas inusuales.
“Me desperté con múltiples notificaciones. Cuando revisé, vi que se había ido a las 11:39 de la noche y que había caminado durante dos horas por los campos en plena noche hasta llegar a la tienda del pueblo”, contó Sara.
Aunque en auto el trayecto hasta Langford es de unos 11 kilómetros, Max optó por un atajo a campo traviesa que redujo la distancia a poco más de ocho kilómetros, por lo que la ruta fue directa y sin desvíos, como si supiera exactamente a dónde iba. “Subió en diagonal por el terreno. Fue impresionante”, dijo su humana.
Pero el plan de Max tenía un pequeño problema, ya que llegó demasiado temprano. La tienda de conveniencia donde esperaba repetir la experiencia del burrito aún no abría. Aun así, el perro esperó afuera durante cinco horas, recostado con paciencia, como si supiera que tarde o temprano lo volverían a atender.

“Los empleados lo reconocieron de inmediato. Ya lo conocían por aquella vez en que le dieron un burrito y quedó encantado”, explicó Sara en entrevista con SWNS. Al no conseguir su ansiado desayuno, el peludo amigo emprendió una segunda travesía, igual de sorprendente que la primera, pues en lugar de volver a casa, Max decidió buscar una alternativa y se dirigió a la casa del novio de Emily, un lugar en el que nunca había estado. Y sin embargo, logró llegar sin perderse. “No tenemos idea de cómo lo hizo. Supongo que lo olfateó. Los grandes Pirineos tienen un olfato increíble”, comentó Sara, aún sorprendida.
El perro no sólo mostró una tenacidad impresionante, sino también una capacidad de rastreo que parecería reservada a animales entrenados para labores de rescate. La historia generó un aluvión de comentarios en redes sociales, donde muchos usuarios lo llamaron “el perro con mejor GPS del mundo”.
Para la familia, el recorrido de Max fue una mezcla de susto y admiración. Aunque siempre ha sido un perro con carácter fuerte y mucha determinación, nadie imaginó que fuera capaz de realizar semejante travesía por un simple burrito.
Un nuevo ritual matutino de la familia y el perro

Tras el incidente, los Olson decidieron implementar un nuevo hábito para evitar futuras escapadas: preparar un burrito casero cada mañana, exclusivamente para Max. “Creemos que así se sentirá satisfecho y no tendrá necesidad de buscar otro en la tienda”, explicó Sara.
La familia adoptó a Max hace aproximadamente dos años, luego de que unos amigos lo encontraran en situación de calle. Desde entonces, se convirtió en un miembro más del hogar. “Es un perro increíble”, aseguró Sara. “Es el primer perro que realmente siento que está agradecido de vivir con nosotros”.
Y aunque Max ya está a salvo en casa, sus aventuras lo han consagrado como un héroe local. No sólo por su cariño por los burritos, sino por la forma en que ha conquistado a todos con su historia.
El caso de Max va más allá de una historia simpática. Refleja el tipo de conexión que muchos animales desarrollan con los espacios, las personas y, por supuesto, con los placeres simples como la comida. También pone en evidencia la inteligencia emocional de los perros, su memoria y su capacidad de orientación.
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