
En Indonesia, los ataques de cocodrilos han alcanzado cifras alarmantes, con 179 incidentes registrados en 2024, de los cuales 92 resultaron fatales, según datos de CrocAttack, una base de datos independiente.
Este fenómeno ha convertido a Indonesia en el país con el mayor número de ataques de cocodrilos en el mundo, de acuerdo con información de la agencia de noticias Associated Press (AP).
En el distrito de Central Mamuju, en la provincia de West Sulawesi, los habitantes enfrentan diariamente el temor de convivir con estos depredadores, especialmente en las áreas cercanas al río Budong-Budong, donde los cocodrilos han comenzado a invadir zonas residenciales.
Esta situación se ha agravado en los últimos años debido a la expansión de las plantaciones de aceite de palma, que han alterado los ecosistemas naturales de los cocodrilos.
Estas plantaciones han creado canales artificiales que conectan con el río Budong-Budong, facilitando que los reptiles se desplacen hacia estanques de peces y camarones, así como a áreas habitadas. Este cambio en el hábitat ha incrementado los encuentros entre humanos y cocodrilos, con consecuencias trágicas para los residentes.
Una lucha por la supervivencia

El caso de Munirpa, una mujer de 48 años que sobrevivió a un ataque de cocodrilo, ilustra la gravedad del problema. Según informó AP, en agosto de 2023, Munirpa fue atacada por un cocodrilo de cuatro metros mientras arrojaba basura en un arroyo cercano a su casa.
El reptil la mordió en gran parte de su cuerpo, dejando únicamente su cabeza fuera de las mandíbulas. Su esposo, alertado por los gritos, logró rescatarla tras un forcejeo desesperado, aunque también sufrió golpes por el movimiento del animal.
Tras el ataque, la mujer fue hospitalizada durante un mes y sometida a dos cirugías. Aunque ha sobrevivido, las cicatrices físicas y emocionales persisten.
“Estoy tan asustada. No quiero ir a la playa ni siquiera al patio trasero de mi casa”, declaró Munirpa a AP, añadiendo que ha prohibido a sus hijos acercarse al río o pescar.
En la misma región, Suardi, otro residente, también fue atacado por un cocodrilo mientras recolectaba cocos que habían caído al agua. Aunque logró recuperarse por completo, el incidente lo ha obligado a extremar precauciones.
“Sí, estoy preocupado. Pero, ¿qué más podemos hacer? Lo importante es ser lo suficientemente cuidadosos”, comentó Suardi.
El aumento de los ataques coincide con la expansión de las plantaciones de aceite de palma en West Sulawesi, que ahora dominan el paisaje desde las montañas hasta la costa.

Según explicó Rusli Paraili, un manejador de cocodrilos de 39 años, las alteraciones en el hábitat natural de los reptiles han provocado que estos se desplacen hacia áreas habitadas. Los cocodrilos comenzaron a aparecer en estanques y zonas residenciales hace aproximadamente 12 años, cuando las empresas de aceite de palma construyeron canales artificiales que conectaron con el río Budong-Budong.
La convivencia con los cocodrilos se ha convertido en una rutina peligrosa para los residentes. Las actividades cotidianas, como revisar bombas de agua en los estanques, ahora requieren vigilancia constante. Los habitantes patrullan las áreas con linternas, atentos a cualquier movimiento en los canales y vías fluviales.
Además, la presencia de los cocodrilos ha transformado el paisaje social de las comunidades. Según AP, en las aldeas cercanas al río Budong-Budong, los cocodrilos son un tema recurrente de conversación, y se han instalado señales de advertencia en las zonas donde suelen aparecer. Lugares que antes eran utilizados como áreas recreativas, como los arroyos donde los niños solían nadar, ahora son evitados por temor a los ataques.
Conservación y desafíos legales

El cocodrilo de agua salada, una de las especies más grandes y peligrosas del mundo, está protegido por la legislación indonesia desde 1999, lo que prohíbe su caza indiscriminada. Sin embargo, esta protección también plantea desafíos, ya que no existe un control poblacional natural para estos depredadores.
Amir Hamidy, investigador de reptiles en la Agencia Nacional de Investigación e Innovación, expresó su preocupación por el aumento de la población de cocodrilos y su impacto en la seguridad de las comunidades.
“Ser una especie protegida no significa necesariamente que la población no pueda reducirse cuando alcanza un nivel que es realmente inseguro”, afirmó Hamidy, según AP.
En un intento por mitigar el problema, Paraili ha establecido una granja de cocodrilos con el apoyo financiero del gobierno, donaciones comunitarias y contribuciones de empresas de aceite de palma. La granja cuenta con cuatro estanques y alberga a unos 50 cocodrilos, algunos de los cuales han sido capturados tras ataques fatales.
Sin embargo, el manejo de la granja enfrenta dificultades económicas, y Paraili a menudo utiliza su propio dinero para alimentar a los reptiles.

El jefe de la Agencia de Pesca y Recursos Marinos de West Sulawesi, Suyuti Marzuki, reconoció que las actividades cotidianas de los residentes, como pescar o recolectar cocos, se han vuelto extremadamente peligrosas debido al desplazamiento de los cocodrilos hacia áreas habitadas.
Según Marzuki, el gobierno está evaluando opciones para garantizar la seguridad de las comunidades, al tiempo que se protege el ecosistema de los cocodrilos.
Entre las propuestas se encuentra la posibilidad de desarrollar la industria del comercio de piel de cocodrilo como una alternativa económica para la región. Sin embargo, esta idea es controvertida debido a las preocupaciones sobre la conservación y el bienestar animal.
Paraili, por su parte, instó a las autoridades a tomar medidas más contundentes para abordar el problema. “Esto es una cuestión de vidas humanas. Si el gobierno no actúa con seriedad, en 5 o 15 años habrá aún más muertes por ataques de cocodrilos”, advirtió.
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