
Hace aproximadamente 252 millones de años, la Tierra enfrentó el evento de extinción más devastador de su historia: la extinción del Pérmico-Triásico, conocida también como la Gran Mortandad.
Durante este período, entre el 80 % y el 90 % de las especies del planeta desaparecieron, dejando un mundo casi desprovisto de vida. Sin embargo, un grupo de anfibios primitivos, los temnospóndilos, logró sobrevivir a este cataclismo global.
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Según un estudio publicado en la revista Royal Society Open Science, estos animales no solo resistieron las condiciones extremas, sino que incluso prosperaron durante el Triásico Temprano, adaptándose a un entorno hostil que había eliminado a la mayoría de las formas de vida.
Un mundo en crisis: el impacto de la Gran Mortandad

La extinción del Pérmico-Triásico fue causada por una combinación de factores catastróficos, entre ellos una intensa actividad volcánica que desató un calentamiento global prolongado, aridificación, lluvias ácidas, incendios forestales y una drástica reducción del oxígeno en la atmósfera.
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Según el estudio, estas condiciones transformaron los trópicos en una “zona muerta”, donde la vida animal desapareció casi por completo. La devastación no solo afectó a los ecosistemas terrestres, sino también a los marinos, alterando la distribución de los organismos en todo el planeta.
En este contexto, los temnospóndilos, un grupo de anfibios depredadores que se alimentaban principalmente de peces y otras presas acuáticas, lograron adaptarse a las nuevas condiciones.
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“Uno de los grandes misterios ha sido la supervivencia y el florecimiento de un importante grupo de anfibios llamados temnospóndilos”, explicó Aamir Mehmood, coautor del estudio y biólogo evolutivo de la Universidad de Bristol a la revista científica Popular Science.
Estos animales, que dependían del agua para sobrevivir, enfrentaron un desafío significativo en un mundo donde los climas cálidos y extremos dominaban el paisaje.
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Para comprender cómo los temnospóndilos lograron sobrevivir a la Gran Mortandad, el equipo de investigadores analizó datos fósiles de 100 ejemplares que vivieron durante el Triásico Temprano.
Según detalló el estudio, los científicos midieron cráneos, dientes y tamaños corporales para identificar las funciones específicas de estas estructuras.
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Sorprendentemente, descubrieron que los temnospóndilos no experimentaron cambios significativos en su morfología durante la crisis. En lugar de evolucionar rápidamente, mantuvieron un rango de tamaños corporales similar al que tenían antes del evento de extinción.
Los temnospóndilos más grandes desempeñaron un papel crucial en su supervivencia. Según Armin Elsler, paleontólogo y coautor del estudio, “estas formas más grandes incluían animales de hocico largo que atrapaban peces y animales de hocico ancho que se alimentaban de forma general”.
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Esta diversidad funcional les permitió adaptarse a diferentes nichos ecológicos y aprovechar una variedad de recursos alimenticios, lo que resultó esencial en un entorno donde la competencia por los recursos era intensa.
Un viaje a través de los trópicos muertos
Otro hallazgo destacado del estudio fue la capacidad de los temnospóndilos para cruzar la “zona muerta tropical”, una región desprovista de vida debido al calor extremo y la falta de oxígeno.
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Según explicó Mike Benton, paleontólogo y coautor del estudio, “se conocen fósiles de Sudáfrica y Australia en el sur, así como de América del Norte, Europa y Rusia en el norte”.
Esto sugiere que los temnospóndilos lograron atravesar esta región inhóspita durante episodios de enfriamiento temporal, lo que les permitió colonizar nuevas áreas y expandir su distribución geográfica.
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El estudio también destacó que la dieta generalista de los temnospóndilos fue un factor clave en su éxito. Estos anfibios podían alimentarse de una amplia variedad de presas, lo que les permitió adaptarse a los cambios ambientales y sobrevivir en condiciones extremas.
Además, su capacidad para refugiarse en cuerpos de agua escasos les proporcionó una ventaja adicional frente a otros depredadores más especializados.
El declive de los temnospóndilos y su legado evolutivo

A pesar de su éxito inicial, los temnospóndilos comenzaron a declinar hacia el Triásico Medio, cuando los ancestros de los mamíferos y los dinosaurios comenzaron a diversificarse.
Según explicó Aamir Mehmood, “su gran éxito en el Triásico Temprano no tuvo continuidad”. Finalmente, estos anfibios se extinguieron hace aproximadamente 120 millones de años, dejando un legado evolutivo que algunos biólogos consideran fundamental para el desarrollo de los anfibios modernos, como las ranas, salamandras y sapos.
El estudio de los temnospóndilos no solo arroja luz sobre cómo algunas especies lograron sobrevivir a la mayor extinción masiva de la Tierra, sino que también ofrece pistas sobre cómo los anfibios actuales podrían enfrentar los desafíos ambientales del presente.
Según el equipo de investigadores, comprender las estrategias de supervivencia de estos animales en el pasado puede ayudar a proteger a los anfibios modernos, que hoy en día son uno de los grupos más amenazados debido al cambio climático y las enfermedades generalizadas.
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