
Este año algunas de las fotografías más impactantes del mundo natural han sido capturadas por los talentosos participantes del concurso Fotógrafo de la Naturaleza del Año.
Este prestigioso certamen reúne anualmente las imágenes más sorprendentes de varios fotógrafos de todos los rincones del planeta. Desde majestuosos paisajes hasta encuentros inesperados con la fauna, cada imagen cuenta una historia única y cautivadora.
El concurso Fotógrafo de la Naturaleza del Año está abierto a residentes de todos los países y casi todas las edades, desde los 10 años en adelante, permitiendo que tanto jóvenes talentos como fotógrafos experimentados muestren su visión del mundo natural.
Las fotos ganadoras

El ganador de este año fue Paolo Della Rocca, un aclamado fotógrafo italiano que esperó más de seis horas al borde de un cañón para captar a dos leopardos de nieve que descansaban en una cueva. El frío alcanzó los -25 grados y se intensificó luego de una tormenta de nieve.
Della Rocca cuenta en una entrevista que estos animales son sus favoritos desde que era un niño. “Cuando la tormenta finalmente volvió a la calma, los leopardos de las nieves comenzaron a moverse, persiguiéndose unos a otros por el pistas nevadas, jugando ante mis ojos atónitos”, mencionó el italiano.

El fotógrafo alemán Luca Lorez de 19 años cuenta que tenía una idea en la cabeza y un día las condiciones de luz le permitieron materializarla.
“Fotografié uno con una fuerte sobreexposición, de modo que sólo quedaron visibles las partes más oscuras del flamenco con plumas casi blancas”.
Esto le permitió centrar la atención en el ojo dorado del flamingo y la parte inferior de su largo cuello, el cual se encontraba en la sombra.

En esta fotografía el Ingeniero en aeronáutica francés, Sebastien Blomme, se enfocó en un insecto, la empusa pennata, para concientizar sobre la necesidad de proteger sus hábitats naturales, quienes están a la baja por la expansión urbana.
“Utilicé la suave luz de la mañana para resaltar la silueta de la Empusa pennata, capturando una sombra que resulta majestuosa y ligeramente inquietante. Su cuerpo esbelto y alargado se perfila nítidamente contra el fondo, evocando una sensación de fragilidad y fuerza a la vez, un recordatorio de la singularidad de esta especie”, mencionó.

La fotógrafa china Junqi Peng retrató un alga gigante (Macrocystis pyrifera) con un lente de ojo de pez para darle esa apariencia. La idea de su fotografía le tomó materializarla casi un año y lo consiguió una tarde aproximadamente a las 5.30 de la tarde a 10 metros de profundidad en las Islas del Canal.
“Como buceadora en California, siempre me ha cautivado la belleza de las formaciones de algas y su movimiento en el agua, intensificado por el oleaje de las corrientes. Mi objetivo ha sido ilustrar el lado artístico de este entorno submarino y abogar por la protección y restauración de los bosques de algas gigantes en California y en todo el mundo”, mencionó la fotógrafa.

El fotógrafo noruego Baard Næss fue el ganador de la categoría “paisaje”. La fotografía fue tomada en enero de 2024 y fue tomada con ayuda de un dron, el cual voló en una tarde donde estaba nevando.
“Me gusta jugar con los contrastes. La nieve blanca contra la playa de lava negra me inspiró. Daba una bonita escala de grises y estructura a la arena. Cuando miro la foto, muestra mucho de lo que es Islandia, pero de forma abstracta”, mencionó el fotógrafo.

La foto que ganó en la categoría “Bajo el agua” retrata a un majestuoso pulpo gigante del Pacífico y fue tomada por Andrey Shpatak, quien considera la fotografía como un hobby y es instructor de buceo.
“Al percatarse de mi presencia, el pulpo decidió huir, alejándose nadando mientras yo lograba capturar unas cuantas fotos”, mencionó el fotógrafo ruso.

Dirk Vermaire es un fotógrafo nacido en Surinam que actualmente vive en Países Bajos. En los últimos años ha experimentado con el cultivo de cristales, utilizando aminoácidos y fotografiándolos para crear imágenes oníricas.
Vermaire escanea los cristales bajo la luz polarizada, algunos muestran patrones regulares que pueden resultar en imágenes abstractas, mientras que los irregulares ofrecen composiciones más orgánicas.

Mi tigre mascota de Aaron Gekoski es una fotografía que pudo capturar gracias a un documental que retrata la compleja relación de los humanos y los grandes felinos, quienes, según el artista, han pasado de venerarlos y respetarlos a consumirlos y explotarlos.
“´Zorro´ era especialmente tímido y no le gustaba llamar la atención. Sin embargo, durante aproximadamente un minuto, se quedó quieto, con los ojos fijos en la cámara, antes de retirarse rápidamente debajo del sofá, lo que me permitió capturar esta imagen”, comentó el fotógrafo.

Cruzar para soportar del fotógrafo británico Paul Goldstein ganó en la categoría “Blanco y negro”. En la imagen se retrata a un grupo de ñus en el río Talek, Kenia en un suceso ampliamente documentado, “La gran migración”.
“Hice una serie de tomas; la mayoría no funcionaron, pero ésta parecía captar el pánico febril de la travesía. Estoy agradecido a ese animal que permaneció quieto, añadiendo un ancla al caos, mencionó el fotógrafo, quien también es copropietario de campamentos de safaris de conservación en Kenia.

Dos zorros fueron los protagonistas de esta tierna fotografía que ganó en la categoría “Retratos de animales”. Marcia Walters, quien capturó esta escena lleva observando y fotografiando zorros rojos y disfruta captar imágenes que muestran su esencia.
“Poco a poco se fueron acercando el uno al otro. Mientras caminaban, el macho leonado lanzó su cola sobre la espalda de la hembra de fase plateada. Luego tiró suavemente de ella hacia él con la cola. Duró menos de un minuto. Después se separaron lentamente y siguieron caminando juntos”, declaró la fotógrafa.

Mathijs Frenken fue ganador de la categoría “Lage Landen”. El fotógrafo capturó una escena que él menciona como la naturaleza encontrandose con la ciudad, lo urbano.
Frenken esperó a que una gaviota nadara a través del reflejo de una valla publicitaria para poder disparar.

El fotógrafo neozelandés D’Artagnan Sprengel capturó la escena de una estrella de mar en Port Waikato, Nueva Zelanda.
“Fotografiarlas fue todo un reto, no porque se movieran, sino porque cada medio minuto una ola las sumergía temporalmente. Me vi corriendo de un lado a otro entre las olas, decidido a capturar la imagen perfecta (lo que finalmente conseguí) mientras intentaba mantenerme seco”, declaró.
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