
La histórica ciudad tailandesa de Lopburi, conocida como la “Ciudad de los Monos”, ha implementado una campaña masiva para controlar a los macacos de cola larga que han poblado sus calles por décadas.
Estos monos, que una vez vivían pacíficamente con sus habitantes y eran alimentados por locales y extranjeros, se convirtieron en un problema creciente tras la pandemia.
En los últimos cuatro años, sin el flujo constante de turistas ni la comida que solían recibir, los monos se volvieron agresivos, y las autoridades decidieron tomar medidas drásticas.
Una situación incontrolable

Antes de la llegada de COVID-19, Lopburi era un destino turístico popular gracias a su población de unos 3 mil macacos, que incluso tenían un banquete anual de frutas en su honor.
Según la agencia Reuters, los habitantes de la ciudad que está situada a unas tres horas al norte de Bangkok veían en los monos no solo una atracción, sino un símbolo de buena fortuna. Sin embargo, cuando la pandemia limitó la afluencia de visitantes, los monos comenzaron a actuar de forma imprevisible y violenta, llegando a tomar el control de varias zonas de la ciudad.
Al finalizar las restricciones de la pandemia en 2022, los residentes de Lopburi encontraron un panorama inesperado: tropas de macacos habían ocupado edificios, robaron comida y artículos personales, y causaron accidentes.
Las peleas entre bandas de monos se volvieron comunes y alarmaron a los habitantes, quienes, en un intento por protegerse, empezaron a instalar rejas en sus hogares y a cargar hondas para espantar a los primates. “No tenemos libertad ni siquiera dentro de nuestras casas”, expresó Jirat Buapromart, de 54 años, uno de los residentes afectados entrevistado por la agencia.
Wisarut Somngam, investigador de la organización Ecoexist Society, describe a los monos como “ladrones” que están dispuestos a arrebatar cualquier cosa que sospechen que pueda contener alimento, incluso teléfonos móviles o bolsas.
La situación llevó a que las quejas de los residentes aumentaran considerablemente en 2024, cuando la agresividad de los monos alcanzó su punto máximo.
Ante la presión ciudadana, las autoridades de Lopburi comenzaron una operación intensiva para capturar y esterilizar a los macacos, utilizando trampas y hondas para reducir su número en las áreas urbanas.
La iniciativa, que empezó durante la pandemia, fue reforzada en mayo de este año. “Nuestro objetivo es esterilizar a todos los monos, el 100 % de ellos,” declaró en septiembre Patarapol Maneeorn, veterinario del departamento gubernamental de vida silvestre.
Una decisión controversial

Hasta el momento, cerca de mil 600 macacos han sido capturados y ubicados en una zona designada, donde se asegura que recibirán los cuidados necesarios. Sin embargo, algunos grupos de derechos de los animales han expresado su desacuerdo con esta medida.
Edwin Wiek, fundador de Wildlife Friends Foundation Thailand, criticó las condiciones de las jaulas en las que actualmente se encuentran los macacos, argumentando que no son adecuadas para su bienestar.
Wiek ha instado al gobierno a aumentar los fondos destinados al Departamento de Parques Nacionales, Vida Silvestre y Conservación de Plantas, que cuenta con personal capacitado en el tratamiento y cuidado de animales.
Para muchos residentes de Lopburi el regreso a la calma en las calles ha sido un gran alivio. Chalit Nithiwkram, un relojero de 64 años, comentó a Reuters que la situación ha mejorado y que su negocio también está viendo mejores días. “Si hubiera monos, ningún cliente se atrevía a venir y estacionarse aquí”, señaló.
No obstante, para otros habitantes, los monos siguen siendo parte esencial de la identidad de Lopburi. Supaporn Reanprayoorn, propietaria de una tienda cercana a uno de los templos donde los monos solían reunirse, admite que extraña la interacción con los animales. “Los monos son parte de la identidad de Lopburi,” afirmó. “Dejen que los turistas se tomen fotos con ellos, solo un centenar o dos.”
Esta situación refleja el delicado equilibrio que las autoridades de Lopburi intentan mantener entre la seguridad de sus ciudadanos y la preservación de un símbolo cultural que ha atraído a visitantes durante años.
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