
Eba es una perrita que ha encontrado su vocación en las vastas aguas del océano. Con un olfato excepcional, desempeña un papel crucial en la conservación de especies en peligro: su habilidad para detectar heces de ballena desde la cubierta de un barco está ayudando a los científicos a recopilar datos valiosos.
La perrita pesaba 14 kilos cuando la encontraron vagando por las calles de Sacramento, después fue abandonada en un refugio de animales. Tras una adopción fallida, una científica se quedó con ella y la entrenó para ser un perro detector de olores, de acuerdo con un artículo del American Kennel Club.
Ahora esta habilidad que Eba pudo desarrollar en tan sólo cuatro días, ha ayudado a investigadores a obtener información clave sobre las amenazas que enfrentan algunas de las especies de ballenas más vulnerables.
¿Cómo trabaja Eba?

Esta perrita color blanco con manchas color café claro y orejas puntiagudas pertenece al programa canino del Centro de Biología de la Conservación de la Universidad de Washington en Seattle, Estados Unidos.
Los candidatos para este trabajo deben ser muy activos y que tengan impulsos extremos por jugar a la pelota, tanto que puedan ignorar la comida o golosinas, pues su entrenamiento está basado en recompensas y la pelota es la recompensa máxima.
El equipo mencionó para CNN que este perfil de cachorros puede ser encontrado en refugios donde es posible que sean sometidos a la eutanasia.
“A menudo no son buenas mascotas. Son demasiado hiperactivos y demasiado centrados”, dijo Giles. “Aprovechamos el instinto natural de esos perros y lo ponemos a trabajar para salvar especies en peligro de extinción”.
Los canes entrenados trabajan junto a científicos para localizar las heces de orcas residentes del sur, una especie en peligro de extinción que habita la costa del Pacífico de Estados Unidos.
Utilizan su agudo sentido del olfato para detectar los excrementos desde el barco, mientras avanzan en zigzag siguiéndolos. Aunque las muestras flotan sólo unos minutos, los perros son capaces de encontrarlas rápidamente, una técnica valiosa herramienta para no molestar a las orcas mientras buscan alimento y recopilar información.
La otra parte del equipo debe saber leer el lenguaje corporal de Eba. “Si nos estamos acercando al cono de olor, ella estará justo en la parte delantera del barco, inclinándose, y cuando pasemos por el olor más fuerte, se dará la vuelta hacia un lado... y entonces es cuando sabemos que debemos girar [para localizar el excremento]”, explica Giles, directora científica y de investigación de la organización sin fines de lucro Wild Orca en una entrevista con American Kennel Club.
Cuál es la importancia del trabajo de Eba

Las muestras de excremento proporcionan a los investigadores información esencial sobre los animales: desde niveles de hormonas reproductivas y de estrés hasta perfiles nutricionales, presencia de toxinas, características del microbioma, e incluso señales de embarazo o pérdida del mismo, todo se revela tras su análisis detallado.
“Puedo tomar una muestra individual y usarla de la misma manera que un médico usa sus muestras de sangre cuando usted va a un examen físico”, menciona Wasser en una entrevista con CNN.
Esto también puede ser de gran ayuda para conocer el estado de salud de la especie ante los cambios de su entorno y los cambios fisiológicos por los que pasan los animales. Esto también sirve para rastrear animales en peligro de extinción.
Un ejemplo de ello fue algo que se cuestionó el equipo de trabajo: ¿por qué las orcas residentes del sur estaban en dificultades y perdían el 69 % de sus crías en abortos espontáneos?
Durante años, los investigadores analizaron muestras de heces de orcas para identificar individualmente a las ballenas y examinar sus niveles de estrés, hormonas del embarazo, nutrición y toxinas.
Descubrieron que las orcas que perdieron sus embarazos tenían una nutrición significativamente comprometida en comparación con las que tuvieron partos exitosos, indicando que la nutrición era fundamental.
Sin embargo, este no era el único problema. Los contaminantes orgánicos persistentes como los PCB, PBDE, DDT y dioxinas se acumularon en la grasa de las orcas a lo largo de su vida, contribuyendo a los problemas de salud.
“Cuando se encuentran secuestradas en la grasa, estas toxinas no parecen causar mucho daño, pero cuando comienzan a morir de hambre, metabolizan su grasa. Y cuando metabolizan la grasa, vierten las toxinas en la circulación, donde pueden causar el mayor daño”, como provocar la pérdida del embarazo, dijo Wasser.
Esta meticulosa habilidad también es utilizada para rastrear otros animales como lobos, linces, coyotes, osos pardos y negros, pumas, tigres, perros y leones.
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