
El maltrato y la crueldad animal pueden manifestarse de múltiples maneras. Sugar Snap, un perro de raza mixta completamente demacrado, fue encontrado a finales de febrero por un grupo de buenos samaritanos, quienes al ver su deplorable estado decidieron llevarlo a One Tail at a Time (OTAT), refugio basado en Chicago, Estados Unidos.
Sus cuidadores informaron a través de una publicación en redes sociales que el equipo médico consideró que necesitaba “urgentemente” atención de emergencia. Pronto notaron que no era capaz de pararse ni caminar, sin embargo, devoró toda la comida que le ofrecieron. “Se merece la mejor oportunidad que tengamos, así que eso es lo que obtendrá”, aseguraron en aquel entonces.
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Con el paso del tiempo, Sugar Snap fue recobrando fuerzas, recuperó la confianza en los humanos y poco a poco su semblante y estado de salud fueron mejorando hasta el punto de que no parecía ser el mismo perro demacrado rescatado al costado de la carretera.
Demacrado y bajo de peso

En una entrevista reciente con la revista People, Becky Ritchie, veterinaria de la sala de emergencias de Premier Veterinary Group, centro veterinario que atendió a Sugar Snap por primera vez, recordó la condición en que llegó la mascota. “Era literalmente un esqueleto”, aseguró.
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“No creo haber sentido nunca un perro que fuera sólo huesos. Me dolía simplemente moverlo y apenas podía levantar la cabeza o ponerse de pie”, recordó la veterinaria.
A pesar de su situación, tanto voluntarios de OTAT como veterinarios confiaban en que la situación de Sugar Snap mejoraría, fue por eso que iniciaron una campaña de recaudación de fondos con la que consiguieron más de 40.000 dólares estadounidenses para cubrir la factura médica que, según reportes de la revista, fue la más alta en la historia de la organización.
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Ritchie contó que a pesar de que la suerte de Sugar Snap había mejorado, el camino hacia la recuperación y una pronta rehabilitación no fue sencillo, pues luego de un par de días de estadía “se enfermó mucho” cuando contrajo una serie de infecciones; “estaba luchando contra la sepsis”.
Necesitó de transfusiones de sangre, de plasma, sondas de alimentación y “todo tipo de medicamentos”, lo que prolongó la estadía del ser sintiente en el centro veterinario.
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Kim Thomas, voluntaria de OTAT, declaró para People que cuando Sugar Snap llegó al refugio pesaba aproximadamente 8 kilos y que, debido a que no sabían con exactitud qué raza era, los veterinarios no sabían cuál era su peso ideal.
“Ni siquiera sabíamos si era un cachorro o un adulto porque sus dientes estaban en muy mal estado, probablemente debido a la desnutrición”, recordó Thomas.
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Para solucionar este problema, el equipo médico recurrió a una prueba de ADN. Gracias a este examen, descubrieron que la mascota tiene alrededor de un año.
“Todavía está haciendo fisioterapia, ganando peso y músculos, pero parece que estará en camino de alcanzar los 28 kilos. Tener información sobre un perro tan misterioso fue extremadamente revelador”, admitió Thomas.
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La luz en el camino de Sugar Snap

La condición de Sugar Snap había cambiado. Al poco tiempo de su llegada a OTAT parecía alguien completamente nuevo, sin embargo, todavía quedaba un paso más que debían realizar.
Ritchie acogió “temporalmente” a la mascota, siempre con el objetivo de ayudarla a lo largo de su rehabilitación, sin embargo, sus planes cambiaron. “Siendo realistas, siempre tuvimos en mente la idea de ‘lo estamos criando, pero ¿lo vamos a conservar’”, admitió.
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La personalidad y cariño inigualable de Sugar Snap se ganaron el corazón de Ritchie y su pareja, quien también es veterinario de urgencias, oficializando su adopción meses más tarde.
Al día de hoy, la mascota se caracteriza por tener un gran apetito, mismo que levantó sospechas sobre cómo es que pudo llegar a un estado de salud tan deplorable.
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“En todas las pruebas que le hicimos, nunca encontramos nada que indicara que no pudo mantener su peso o que se estuviera consumiendo. Por eso, uno se pregunta: ¿hubo intervención humana y fue más bien una situación de negligencia lo que lo llevó a ese punto”, se cuestionó Ritchie.
A pesar de esta situación, la mascota se encuentra bien. Su dueña admitió que de vez en cuando ve las fotos de cuando fue rescatado y no puede creer que se trate del mismo perro. “Si no fuera por el diseño de su pelaje, pensaría que no es él”, dijo.
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