
Hasta ahora aún se desconocía cuál era el origen en el código genético que dicta el crecimiento de cabello, pero un nuevo estudio publicado en la revista Nature Communications revela que, contrario a lo que se pensaba, el proceso evolutivo del pelo se mostró primero en los anfibios.
En 2015 se dio a conocer una investigación, liderada por la Universidad Autónoma de Madrid (España), en la que se descubrieron las raíces evolutivas del pelo en los mamíferos, específicamente en un pequeño animal que habitó hace 125 millones de años y que convivió con los dinosaurios.
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Sin embargo, en esta nueva investigación los científicos señalan que el origen de los folículos capilares en realidad está en el momento en que los animales salieron del agua a la tierra, pues los nuevos animales terrestres tuvieron que evolucionar y fue entonces que aparecieron apéndices de piel dura como garras, escamas, plumas y pelos, sin embargo, los autores del análisis querían demostrar que ciertos componentes del cabello y su control genético ya se encontraba en los anfibios anteriormente.
El componente genético en común
De acuerdo con la investigación que se realizó entre científicos de la Universidad Médica de Viena y la Universidad de Gante ciertos componentes del cabello y su control genético ya habían evolucionado en los anfibios. El modelo experimental para esta investigación fue la rana tropical con garras (Xenopus tropicalis) y específicamente, se descubrieron sorprendentes similitudes entre las proteínas especiales (queratinas) de las garras de estas ranas y los componentes del pelo de los mamíferos.
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Aunque estudios previos había sugerido que las garras de las ranas y mamíferos evolucionaron de manera independiente, el actual trabajo refuta esta teoría al identificar similitudes genéticas. Estos hallazgos indican que los humanos y las ranas comparten un ancestro común con el código genético necesario para desarrollar garras queratinizadas.
“Las garras de la rana con garras están compuestas de proteínas especiales (queratinas). Estas proteínas son muy similares a los componentes principales del cabello y las uñas de los mamíferos y, por tanto, también a los componentes del cabello humano”, explican los investigadores.
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¿Ranas con pelo?
Según los resultados, las garras de la rana tropical tienen homólogos de queratinas capilares de tipo I y II, las cuales en los humanos son las que producen el pelo, las uñas, las papilas filiformes de la lengua y otros apéndices duros de la piel de los mamíferos.
“Identificamos homólogos de queratinas capilares en la lagartija anolis verde y demostramos que estas queratinas se expresan en las garras cornificadas, que son homólogas a las uñas humanas. La expresión conservada en garras y uñas sugirió que las proteínas de las familias de “queratina capilar” tipo I y II se originaron antes de la divergencia de mamíferos y reptiles”, dictan los resultados de la investigación.
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El estudio aclara que los anfibios no tenían pelo, sino otras características adaptativas necesarias para su entorno. Sin embargo, no deja de estar ahí un código genético común que es antecesor a la evolución divergente entre especies. Además del hallazgo de queratina capilar en ranas con garras, los científicos declararon que estas proteínas especiales también se encuentran en las almohadillas de los dedos de las ranas arborícolas.

El gen Hoxc13
Que los anfibios no tengan pelo se debe a una alteración del gen Hoxc13, el cual en humanos es el encargado de expresar la matríz de cabello y uñas. Cuando este gen sufre alguna mutación, se altera el comportamiento de la queratina capilar.
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“Las mutaciones en Hoxc13 humano causan displasia ectodérmica, un defecto grave del cabello y las uñas. Asimismo, mutaciones de Hoxc13 en ratones, conejos y cerdos suprimieron el crecimiento del cabello y las uñas”, apunta el análisis.
La investigación señala que es el gen regulador Hoxc13 uno de los factores determinantes entre la vida marítima y la vida en la tierra, ya que estuvo presente en el último ancestro común de todos los vertebrados con mandíbulas y persiste en muchos de ellos en la actualidad. Pero dejó abierta dicha cuestión al señalar que en realidad debe abrirse otra investigación al respecto. Los investigadores destacan que hay otras preguntas abiertas, como el proceso exacto de cambio evolutivo de las moléculas de queratina a otras partes del cuerpo.
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El estudio, financiada por el Fondo Austriaco para la Ciencia (FWF), no solo aclara aspectos esenciales de la biología evolutiva, sino que también puede tener implicaciones directas en la medicina y biotecnología. Comprender la regulación genética de estos apéndices puede aplicarse en el tratamiento de trastornos cutáneos y la caída del cabello.
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