
El verano europeo está a pleno y en toda Italia ya se sienten los primeros días de calor. En Roma, además, hay mucha gente en las calles, desde turistas de todo el mundo hasta oriundos y extranjeros que viven aquí. Entre toda esa multitud se asoma en el corazón capitolino la famosa Via Veneto, conocida internacionalmente por ser el escenario donde transcurrió gran parte de La Dolce Vita de Federico Fellini. Si desde el comienzo de la avenida, en la intersección con la Piazza Barberini, se observa hacia arriba, se puede distinguir entre los árboles reverdecidos, la bandera argentina flameando desde uno de los balcones del Palacio Coppedè. Allí se encuentra la Casa Argentina, y dentro de esa Casa, desde 1965, se abre al público diariamente la Biblioteca Argentina en Italia.
El espacio forma parte de la Embajada de nuestro país en Roma. Dentro de esta Sede funcionan, además de la Biblioteca, dos salas de exposición, una fotogalería, y una Sala Incaa llamada Fernando Birri.
Durante décadas la biblioteca funcionó como un centro de promoción de la literatura argentina, dictando cursos de español para extranjeros y considerada entonces, como una biblioteca privada, es decir una institución abierta al público y gratuita que no formaba parte de una red bibliotecaria a nivel local en modo oficial. Sin ir más lejos, en la capital italiana se encuentran varias bibliotecas de este tipo, reconocidas por la promoción de los idiomas y las culturas de otros países.
Lo que distingue a la Biblioteca Argentina y la hace singular, es el hecho de formar parte del sistema local de bibliotecas. La Biblioteca Argentina, entonces, es un centro documental integrado a una red dedicada a las que no solo accede la comunidad argentina en el exterior y los vecinos de Roma, sino también instituciones, universidades, profesores e investigadores de Italia y de Europa.
Semanalmente la Sede recibe solicitudes de préstamos de textos argentinos. Esto ocurre porque al ser una biblioteca integrada al sistema europeo, el catálogo de libros y documentos se encuentra digitalizado. De este modo y gracias a las facilidades que presta el engranaje de bibliotecas en la Comunidad Europea, la circulación de libros es constante y expansiva.

La Biblioteca posee más de tres mil volúmenes entre literatura clásica argentina, narrativa, poesía, historia y política. Cuenta con ejemplares de gran valor cultural y social como los diccionarios de lenguas originarias y los informes de la CONADEP. Por este lugar han pasado escritores argentinos y latinoamericanos que usaron la sala de lectura como un espacio de trabajo e inspiración, entre ellos Ernesto Sabato, Manuel Puig, Osvaldo Soriano, Adolfo Bioy Casares, Maria Kodama, Manuel Mujica Láinez, Sara Gallardo y hasta el uruguayo Mario Benedetti.
Desde el año 2009 y con el lanzamiento del Programa SUR de incentivo a las traducciones que fomenta el Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de la Argentina, la Biblioteca cobró aún más relevancia. Al momento se han traducido más de cuatrocientos títulos al italiano de autores clásicos y emergentes en todos los géneros, como Federico Jeanmarie, Ariana Harwicz, Samanta Schweblin, Andrés Neuman y Patricio Pron. Estos también han pasado por la Biblioteca Argentina en Roma.

Sin embargo, la institución no reúne necesariamente académicos y escritores. En estos últimos años también resulta ser un punto de encuentro con jóvenes argentinos y argentinas que se hallan en el exterior. Ante la limitada oferta de textos en castellano en las librerías de la ciudad, muchos de los argentinos acuden a la Biblioteca Argentina y además de pasar un tiempo en la sala de lectura, toman prestados libros. En el podio del ranking de los más leídos están Hernán Casciari, Claudia Piñeiro y Eduardo Sacheri.
Paolo Marchione, en cambio, es un joven italiano que estudia la licenciatura en Historia en la Universidad Ca’Foscari de Venecia. Tiene 23 años y creció en la ciudad de Chieti, sobre el mar Adriático. Como asiste a un curso en la Universidad de Roma, La Sapienza, se acercó a la Casa Argentina. El caso de él es particular, no tiene ningún vínculo o parentesco con Argentina y no conoció a nuestro país a través del tango o del fútbol, sino por Sui Generis.

Hace unos meses -cuenta- escuchó casualmente unas canciones del grupo argentino gracias a otros estudiantes que frecuentan su misma Universidad. Su escaso nivel de español le permitió, de todos modos, poder comprender algunos fragmentos de la canción Botas Locas y su pasión por la historia lo llevó a focalizar su atención al proceso político que vivió Argentina en los setenta. Dictadura Cívico Militar, Política de Derechos Humanos, Movimientos Juveniles y literatura de la época, todo eso encontró en la Biblioteca Argentina. Es socio de la institución y un visitante asiduo, el último libro que retiró fue el de Alejandro Grimson Che cos’è il peronismo? -¿Qué es el peronismo?- traducido del original en español por el mencionado Programa SUR.
Otro reciente caso notable es el de Giovanni Maronese, estudiante de grado en Letras en la Universidad de Salerno. Al igual que Paolo, no tuvo ninguna cercanía con Argentina a través de los tradicionales canales que ya conocemos, incluso viviendo cerca de Nápoles, no fue atraído por la pasión maradoniana. Su tesis de grado es sobre el lunfardo en el Río de La Plata, y llegó a ese punto luego de conocer a nuestros país en su infancia y adolescencia a través de las telenovelas infantiles de Cris Morena.
Hace unas semanas estuvo en la Sede para la presentación de un libro de la académica Rosa María Grillo, y reconfirmó lo que siempre sostiene: no se llega a conocer la cultura argentina solamente por medio de Borges. Cantar las canciones en español de las tiras taquilleras de Casi Ángeles y Patito Feo, fueron para Giovanni una puerta inicial al mundo tan rico y diverso de nuestra cultura. Actualmente, y con un castellano casi nativo, escribe sobre cómo la injerencia migratoria tuvo y tiene mucho que ver en la conformación del lunfardo.

Ninguno de los dos conoce todavía Argentina. Seguramente es el caso de muchos y muchas otras que pasan y han pasado por la Casa y la Biblioteca Argentina en Italia. De algún modo, también, esta Sede que ha resistido las embestidas de las crisis económicas y políticas de nuestra historia, es para los amantes de nuestra cultura un lugar donde sentirse en Casa, para los que se fueron y están afuera y, parafraseando un poco al Preámbulo, para todos aquellos que en el mundo quieran pisar suelo argentino.
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