
“Ha sido una historia hermosísima”. Esa es la conclusión de los tres volúmenes con los que el periodista deportivo Diego Borinsky hizo un balance del impecable rol de Marcelo “El Muñeco” Gallardo como director técnico de River, cuyo ciclo de ocho años y medio es el cuarto más prolongado en la historia del fútbol argentino de Primera División. “¡Y los tres que lo superan son de las décadas de 1940 y 1950!”, aclara el autor.
Después de publicar Gallardo monumental y Gallardo recargado, Borinsky culminó su trilogía sobre el DT más ganador en la historia de River con Gallardo eterno. Publicado por Aguilar, este último tomo cuenta sus últimos cuatro años al frente de River y hace un balance de su gestión, ahondando en particular en cada una de sus distintas etapas.
Con sus 14 títulos, “El Muñeco” no solo es el DT más ganador en la historia de River, sino que es el que más títulos ganó en un club argentino, seguido por su colega riverplatense Ramón Díaz y por Carlos Bianchi en Boca, que llegaron a obtener 9 cada uno. Pero además, según aclara Borinsky, Gallardo es el único hombre en la historia de River en ganar la Copa Libertadores como jugador y como DT.
Lo dijo Gallardo al despedirse de River después de casi una década como DT y lo repitió Borinsky después de su extensa investigación, que incluyó una infinidad de entrevistas y un exhaustivo archivo: “Ha sido una historia hermosísima”. Una que quedó (y quedará para siempre) en la memoria, la piel y los corazones de todos los hinchas riverplatenses.
“Gallardo Eterno” (fragmento)

Todo concluye al fin
El lunes 21 de septiembre de 2015 fue un inicio de la primavera lluvioso y gris que no le hizo honor a su espíritu. Nos encontramos con Marcelo en un bar, sobre Avenida del Libertador, cerca de su casa, en Martínez, para avanzar con el contenido del primer libro.
El día anterior, River había empatado 1-1 con Lanús en el sur, con gol de Rodrigo Mora. El Muñeco ya había levantado la Sudamericana, la Recopa y la Libertadores, pero ese segundo semestre del año se hacía de goma, interminable. Su equipo perdía más que lo que ganaba y en la cabeza de todos los hinchas de River repiqueteaba una sola palabra: Japón, Japón, Japón.
Esa tarde, repasando cómo había afrontado sus dos años sabáticos tras dirigir a Nacional y cómo se había dado su regreso al club, me quedó especialmente grabada una frase a la pregunta de qué había sentido al recibir el llamado de Francescoli.
—Lo único que pensé en ese momento, te juro, eh, fue: “¡Qué bueno es haber sabido esperar! ¡Y qué bueno es haberse preparado en la espera!”. Eso pensé. En el momento en que me llamó Enzo, yo ya me sentía preparado, era una especie de bomba que quería explotar. Nunca me hubiera perdonado no estar preparado para dirigir a River cuando River me golpeara la puerta. Por suerte lo estuve.
Por suerte. Fueron dos años completos en los que Gallardo viajó por Europa, charló con directores técnicos, observó entrenamientos, analizó partidos en una oficina con Biscay y Buján y hasta fue al CENARD para conocer la tarea de una especialista en neurociencias como Sandra Rossi y así potenciar su grupo de trabajo. Toda esa búsqueda lo había convertido “en una bomba que quería explotar”. ¡Y vaya si explotó!

• Hoy es el DT más ganador en la historia de River, con 14 títulos, seguido por Ramón Díaz (9), José María Minella (8) y Angelito Labruna (6).
• Es el único hombre en la historia de River en ganar la Copa Libertadores como jugador y como DT.
• Su ciclo de ocho años y medio como DT es el cuarto más prolongado en la historia del fútbol argentino de Primera División. ¡Y los tres que lo superan son de las décadas de 1940 y 1950! Una locura. Victorio Spinetto dirigió catorce años seguidos a Vélez (1941-1955); José María Minella lo hizo en River durante doce años y siete meses (1947-1959), y Guillermo Stábile condujo a Racing por diez años (1945-1954).
• Gallardo no es solo el DT más ganador en la historia de River, sino que es el DT que más títulos ganó en un club argentino. Supera a Carlos Bianchi en Boca (9), a Carlos Bianchi en Vélez, a Osvaldo Zubeldía en Estudiantes y al Pato Pastoriza en Independiente, todos con 6 títulos.
¿Cuál fue el mejor River de Gallardo? Las comparaciones no son odiosas, son atractivas, siempre que se pongan sobre la mesa elementos que sirvan para el análisis. En este caso, en un ciclo tan extenso y exitoso, resulta imposible dar un solo equipo. Sí podemos dar un podio, con sus matices.

Empecemos. El River más importante de todos no puede ser otro que el de 2018, por la sencilla razón de que le ganó dos finales a Boca. Una Supercopa, torneo menor, pero que a River le sirvió para empardar el historial de finales entre ambos. Sobre la Libertadores, ¿qué se puede decir? “No hay nada más que esto”, como se le leyó murmurar al Muñeco en el césped aún caliente del Bernabéu. Es el trofeo más deseado en Sudamérica —como la Champions en Europa—, y River se la ganó a Boca sin haber podido jugar en su cancha y después de haber estado tres veces en desventaja en la serie. Esa Libertadores incluyó también la mayor proeza del ciclo: tenía que meterle 2 goles en diez minutos al campeón vigente (Gremio), en su cancha. Y lo hizo. Y completó el póker de campeones de América eliminados en cruces directos con Racing e Independiente. Fue la Copa del mejor Armani —determinante en las cuatro llaves—, la que validó a Pratto como delantero de 14 palos verdes, la Copa de la consolidación de Borré, de la maduración definitiva de Palacios, de los toques distintivos de Juanfer y de la creatividad al servicio del equipo de Pity y Nacho. Enzo terminó ganándose la titularidad en la final y los viejitos Maidana y Pinola se transformaron en una muralla.
En el podio de los más destacados no puede faltar el primer River de Gallardo. El que cautivó por la presión asfixiante en las narices del arquero rival y por las triangulaciones a uno o dos toques que hacían enrojecer las palmas de los hinchas. El ciclo arrancó con dos tibios empates (0-0 con Ferro por Copa Argentina y luego 1-1 con Gimnasia por liga), generó asombro en su tercera presentación por el juego asociado (2-0 a Central en el Monumental) y, después de otro empate insulso por Copa Argentina frente a Colón (0-0), empezó a deslumbrar a partir de la tercera fecha: 4-0 a Godoy Cruz en Mendoza, con un gol infernal de paredes a máxima velocidad de Carlos Sánchez.
Ese River, que perdió algo de juego con la lesión de Kranevitter, pero que se sostuvo con mucha personalidad, tenía una defensa granítica que pasó a estampados de remeras (Mercado, Maidana, Funes Mori, Vangioni), un arquero que te salvaba cuando lo necesitabas (Barovero), un Pisculichi que ponía la pelota donde quería con el guante de seda de su zurda, un Carlos Sánchez con una dinámica infernal para marcar y convertir seguido, con Ponzio o Kranevitter y el Chino Rojas para aportar el equilibrio justo y el pase siempre preciso, y a Mora, corriendo los defensores hasta debajo de la cama, y a Teo Gutiérrez con su desparpajo y talento.
Ese River enamoró prácticamente de entrada, y se podría decir que le dio al Muñeco la llave maestra para meterse violentamente en el corazón de la gente. Ese River consiguió lo que no había podido hacer ningún otro antes, eliminar a Boca en un mano a mano internacional. Y en condiciones dramáticas —tres días después de la muerte de la mamá del Muñeco— y con un penal pitado en contra antes del minuto de partido. Ese River terminó conquistando un torneo internacional ¡después de diecisiete años! Y encima lo hizo de manera invicta, con 8 triunfos y 2 empates. Ese River perdió solo 2 partidos de los 32 que jugó en el semestre (0-1 con Estudiantes en el Monumental y 0-1 con Racing en Avellaneda) y no se quedó con la liga porque el campeón Racing metió una seguidilla tremenda de triunfos en la recta final y porque el partido decisivo se lo ganó a un River que puso nueve suplentes (más Barovero y Funes Mori), ya que a los cuatro días definía la semi con Boca. Encima, todo eso lo consiguió con un plantel ajustadísimo, casi sin recambio.

Entraban los chicos Gio Simeone, Boyé y Driussi arriba y Cavenaghi recién pudo volver de su lesión en el dedo al final. Completaban Pezzella, Guido Rodríguez y Tomás Martínez. Y pará de contar. Cuadro de honor, entonces, para ese River del segundo semestre de 2014, el primer River del Muñeco.
Completa ese podio el River de 2019. Fue el que mejor fútbol desplegó en todo el ciclo. La usina de juego es el mediocampo, y este fue el mejor mediocampo de todos, con Enzo Pérez como 5 titular desde la final de Madrid desplazando a Ponzio y dándole otra dinámica al medio, con De la Cruz que explotó definitivamente después de un año y medio de adaptación, con Exequiel Palacios ya en nivel europeo de volante mixto —recuperaba y jugaba por igual— y con Nacho Fernández suelto, pisando el área, asumiendo el rol de conductor preponderante tras la partida del Pity y la ausencia desde marzo de Juanfer por su rotura de ligamentos. Arriba, a Borré, autor de goles en partidos importantes, se le sumó Matías Suárez, que se puso la camiseta y la rompió de entrada, convirtiendo goles, pero también asociándose con su jerarquía al juego colectivo. Atrás se consolidaron, a pesar de su juventud, dos de los futbolistas más y mejor pulidos por el DT, dos amigos inseparables, además, Cachete Montiel y el Chino Martínez Quarta.
Ese River de 2019 conquistó la Recopa por goleada ante un durísimo Paranaense —último título internacional del ciclo—, estuvo a cinco minutos de ganar la tercera Libertadores frente al equipo más poderoso del continente (Flamengo), alzó la Copa Argentina tras aplastar 3-0 a Central Córdoba, con goles espectaculares y estuvo a un punto de ganar la Liga, que terminó a comienzos de 2020.
Es decir, desplegó durante un año, casi sin baches, el mejor fútbol del ciclo y estuvo a nada de hacer cartón lleno. Y encima todo eso lo consiguió después del delirio que significó Madrid y de haber arrancado el año con tres derrotas al hilo.
Por supuesto que a la hora del repaso no se pueden obviar dos equipos que dejaron su sello en el alma del hincha: el que ganó la primera Libertadores, en 2015, aunque pasó la primera fase con un solo triunfo y dependiendo de un tercero, y el del segundo semestre de 2021, que al fin pudo conquistar la primera liga del ciclo, con un equipo que terminó aniquilando rivales cuando parecía que no había más espacio para una nueva reinvención. Pero la hubo, con un Julián en llamas, y otros chicos del semillero, como Enzo Fernández y Santiago Simón, convertidos en piezas destacadísimas, todo bajo la batuta del máximo referente dentro del campo, y termómetro del equipo, don Enzo Nicolás Pérez.
Quién es Diego Borinsky
♦ Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1967.
♦ Es licenciado en Ciencias Biológicas (UBA, 1992) y periodista deportivo (DeporTEA, 1992).
♦ Trabajó en la revista El Gráfico entre 1992 y 2018, además de colaborar en diferentes medios escritos y audiovisuales del país y del exterior. Actualmente realiza las entrevistas de la sección “100 preguntas” en La Nación y es comentarista en la radio Cadena 3.
♦ Escribió diez libros, entre ellos las biografías autorizadas de Matías Almeyda (Alma y vida, 2012), tres de Marcelo Gallardo (Gallardo monumental en 2015, Gallardo recargado en 2019 y Gallardo eterno en 2023, la de Andrés D’Alessandro (Cabezón, 2021) y una trilogía sobre Ángel Labruna (El jugador, El técnico y El personaje, 2022).
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