Mado Martínez, autora de Colombia sobrenatural: “La duda es el motor de la curiosidad”

La escritora y periodista española conversó con Infobae a propósito de la reedición de su libro más popular, en el que habla sobre el lado más curioso y extraño de Colombia.


La escritora y periodista española conversó con Infobae a propósito de la reedición de su libro "Colombia sobrenatural". (Diseño: Jesús Avilés/Infobae).
La escritora y periodista española conversó con Infobae a propósito de la reedición de su libro "Colombia sobrenatural". (Diseño: Jesús Avilés/Infobae).

Recientemente, la editorial Penguin Random House publicó una nueva edición, revisada y actualizada, del libro Colombia sobrenatural, el título con el que la escritora y periodista española, Mado Martínez, residente en Colombia, ha estado cultivando lectores durante los últimos años. Las primeras versiones del libro convocaban al encuentro con los testimonios y datos verídicos detrás de los sucesos paranormales más absurdos que puedan llegar a imaginarse.

Ahora, con testimonios inéditos y códigos QR, el lector podrá llevar esta lectura a otro nivel y explorar los límites de nuestra realidad, transitando por los lugares encantados y enigmas paranormales más inquietantes de Colombia. Al interior de esta nueva versión, las historias sobre abducciones en la laguna de Guatavita, espantos en el Museo Naval del Caribe, milagros y maleficios en el Cementerio central de Bogotá, fantasmas que reparten mangos, casas encantadas y mucho más, no dejarán de sorprender e inquietar a quien lee.

Portada de la nueva edición del libro "Colombia sobrenatural", de Mado Martínez. Cortesía: Penguin Random House.
Portada de la nueva edición del libro "Colombia sobrenatural", de Mado Martínez. Cortesía: Penguin Random House.

Considerada como una de las voces más destacadas del género fantástico en español durante los últimos años, Martínez se dio a conocer con su libro El misterio de Nicole Delacroix, en 2008, y a partir de su publicación, llegaron La maldición (2013), La Guardiana (2013), La Santa (2014) y El Tren de las Almas (2018). Es también autora de un buen número de ensayos sobre antropología, ciencia, historia y ocultismo. Suyos son La prueba (2016), Neurociencia de la felicidad (2014) y Putas, brujas y locas (2021), entre otros títulos.

En conversación con Infobae, la autora habló sobre el paso de los años y la manera en que el libro ha evolucionado, así como sus temas en el periodismo de misterio.

— ¿Qué tanta diferencia hay en esta nueva edición respecto a la primera y sus reimpresiones, más allá de lo ya mencionado en la propia tapa del libro?

— La gente estaba pidiendo esta nueva edición. La queríamos hacer en formato de bolsillo y, obviamente aumentada, pero al comenzar el trabajo nos encontramos con que muchas cosas habían cambiado. Vuelvo yo a visitar estos sitios de los que hablo y me doy cuenta de que, por ejemplo, el dueño del restaurante La Bruja ya no es más el dueño, que el alcalde de Tenjo ya no es el alcalde y así. Todo lo que aparecía había que actualizarlo con nuevos testimonios. Había que darle la vuelta a muchos temas. Entonces, me he encontrado con nueva información, nuevos testimonios y las historias siguen apareciendo. Esta nueva edición tiene todo eso, corregido, revisado, ampliado, y cuenta con cosas muy chulas, como las fotografías y los códigos QR, que son audios con las entrevistas que he hecho. Los lectores podrán escuchar también lo que esta gente dice en el libro. Además, hay acceso a documentos que se han desclasificado, los originales. No es por nada, pero la verdad es que está muy bien esta nueva edición.

— ¿Sigue siendo Colombia tan atractiva como la primera vez?

— Para mí, Colombia es, atendiendo al cliché, el país del realismo mágico. Mi escritor favorito es Gabriel García Márquez, dicho sea de paso. Me encanta el país, porque me encanta la gente de aquí. Su calidez y hospitalidad, y su anhelo por querer conservar las tradiciones y contar las historias que los definen. La tradición oral es un testimonio de valor incalculable. Si no se recopila, se pierde. Para mí, todo lo que surge de ahí tiene mucho valor, pues estas historias forman parte del patrimonio cultural del país. Explican, en gran medida, cómo somos, lo que nos asombra y nos da miedo. El imaginario mítico de Colombia es bellísimo y amplísimo, también. Todo lo que de allí brota tiene mucho que ver con la cultura y la psicología de esta sociedad. Eso es lo que me interesa.

— ¿Qué tanto han cambiado sus temas alrededor de lo paranormal desde la primera vez que se publicó Colombia sobrenatural?

— Ha cambiado muchísimo. Cuando yo empecé a hacer periodismo de misterio, todavía no había empezado a cursar la carrera de antropología, eso vino después. Todo era muchísimo más cándido. Cuando ya empecé a estudiar, la candidez se fue y llegaron las dudas. Lo que suele pasar es que, si pasas mucho tiempo estudiando un mismo tema, lejos de tener las cosas claras, comienzas a tener todo aún menos claro. Cada vez que respondes una pregunta, surgen diez más. Te das cuenta de que, realmente, tu mente se abre, pero las dudas no paran de aparecer. Si no estuvieran ahí, esto no tendría sentido. La duda es el motor de la curiosidad. Al final, eso es lo que mueve. Si yo hubiese tenido estas cosas resueltas de antemano, no me habría gastado tanto tiempo investigando sobre ellas. El arco evolutivo yace en cómo, cada vez, los temas se van nutriendo en sí mismos y tú interés en ellos se va adaptando.

— Este es un libro que combina distintos estilos narrativos y periodísticos. ¿Hasta qué punto es ensayo y cuándo es periodismo?

— Lo que yo hice aquí fue un ensayo muy divulgativo, y es casi un híbrido, porque esto es el diario de una reportera, pero también de una antropóloga, de una aventurera a lo Indiana Jones. Yo no soy una escritora de mesa. Yo necesito ir al sitio, hacer trabajo de campo, entrevistar a la gente, ir de aquí para allá. El resultado es, entonces, algo muy bonito, porque hay de todo. Es un ejercicio muy periodístico, pero también antropológico y divulgativo. Lo pensé desde el inicio para el gran público.

— ¿Merece el periodismo de misterio un espacio en las facultades de comunicación y los medios?

— Siempre he pensado que el periodismo de misterio es un enfoque. A ver, cuando haces periodismo deportivo, no necesariamente tuviste que haber jugado fútbol o beisbol, o lo que sea. Cuando haces periodismo político, no requieres ser de esta u otra tendencia política, simplemente recopilar las fuentes necesarias para hablar con propiedad. En este sentido, el que hace periodismo de misterio no es parapsicólogo o cazador de ovnis. Hacer periodismo de misterio requiere de rigurosidad y tener claro que no hay espacio para el amarillismo. Se trata de encontrar lo bizarro de la vida y preguntarse algo al respecto. De manera que reclama, como cualquier otro enfoque, su espacio en el periodismo. Gracias a las preguntas que se plantea el periodista de misterio suelen darse los grandes temas, porque, en últimas, consiste en fijarse en el lado no convencional de sucesos de toda índole y ponerlos sobre la mesa.

— ¿Qué nombres rescataría en ese campo?

— Bueno, el primero al que hay que mencionar, si hablamos de lo hecho en España, es a Juan José Benítez. De ahí para adelante, y si lo pensamos desde Colombia y toda hispanoamérica, tendría que mencionar a Juan Jesús Vallejo, Esteban Cruz, Iker Jiménez, Clara Tahoces, en fin. Su periodismo es riguroso, sin fanatismos, y han inspirado a otros a inclinarse por estos temas.

Mado Martínez, autora de "Colombia sobrenatural". Foto tomada de: El Comercio.
Mado Martínez, autora de "Colombia sobrenatural". Foto tomada de: El Comercio.

— ¿Evoluciona la forma en que la gente recibe estos temas o según su formación aún son tratados con escepticismo?

— Es un fenómeno interesante este porque, realmente, los sistemas de creencias de las personas no son fijos, varían, son dinámicos, como la lengua. No están muertos. Tienen mucho que ver con el contexto e, incluso, con la política. En situaciones de crisis económicas y grandes crisis políticas, la gente es más creyente, más conspiranoica. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial murieron millones de personas y eso dio pie al auge de muchos movimientos espiritistas. En momentos así, es normal que la gente se aferre a lo que pueda. Uno siempre va a querer saber si sus familiares fallecidos están bien. De manera que sí, los sistemas de creencias son volubles, susceptibles a lo que está cambiando en la sociedad.

El cerebro humano encuentra señales donde no las hay. Le busca sentido y causalidad a lo que no consigue explicar. Todo debe responder a un por qué. No soportamos la incertidumbre ni la injusticia de la vida. Y hablando de injusticias, una de las que más nos marca es la de perder a un ser querido. Queremos saber, de inmediato, qué sucederá con él o con ella, si le volveremos a ver o no. Somos la única especie viva que tiene sentido de la trascendencia. Cuidamos de nuestros muertos, nos preocupamos por ellos. Esto es lo que nos hace humanos. De manera que, necesitamos buscarle una explicación a todo, y lo hacemos, en muchas ocasiones, a través del mito, pues llega a ser lo suficientemente creíble como para darle sentido a nuestra vida. Con lo cual, sí, evoluciona nuestra manera de ver estas cosas, porque nuestro propio cerebro va evolucionando y siempre vamos a necesitar darle un sentido a todo.

— Lo sobrenatural está constantemente a nuestro alrededor, ¿por qué causa tanto temor y cómo puede, del mismo modo, atraer tanto?

— El miedo a lo desconocido, a lo sobrenatural, es totalmente atávico. Tiene que ver con nuestro sentido de la conservación. La experiencia de encontrarnos ante lo extraño, independientemente de la interpretación que se le dé, es auténtica, completamente real. Nosotros proyectamos la realidad, pero sí es cierto que aún estamos lejos de definirla. Nos aferramos a estas cosas, aunque nos asusten en ocasiones, porque nos brindan respuestas. El psicólogo William James lo trata bajo el concepto de la experiencia mística o religiosa, que no es otra cosa distinta a algo que necesitamos vivir para seguir adelante. Es una experiencia íntima, personal, solo te sirve a ti.

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