Memorias del adolescente que pasaba sus tardes leyéndole a un Borges cada vez más ciego

Alberto Manguel visitaba al autor de “El Aleph” casi a diario. Allí empezó a entender por qué el escritor argentino más universal se sabía mejor lector que escritor. Lo contó en el Festival Borges.

Alberto Manguel encabezó una de las charlas más destacadas de la segunda edición del Festival Borges.
Alberto Manguel encabezó una de las charlas más destacadas de la segunda edición del Festival Borges.

“Borges lector”. Así llamó Alberto Manguel, ex director de la Biblioteca Nacional Argentina, a la charla que brindó este martes en el marco de la segunda edición del Festival Borges, una convocatoria virtual y gratuita que se llevará a cabo hasta este viernes.

Alberto Manguel fue uno de los muchos jóvenes que visitaban a Borges en su casa para leerle, ya que el escritor de El Aleph estaba comenzando a perder la vista. Manguel cursaba el colegio por la tarde y trabajaba por la mañana en la librería Pigmalión, y así fue como conoció a Borges, asiduo visitante del mismo local. La rutina casi diaria de lectura duró unos tres años, contó a su público del Festival Borges.

En su ponencia, Manguel recalcó la importancia de la figura de Borges a escala mundial, “como creador de mitos presentes en la imaginación tanto de oriente como de occidente” y luego agrego: “Borges decía de sí mismo que era más lector que escritor y que la biblioteca de su padre había sido un lugar fundamental en su vida”.

Como lector precoz que fue, Huckleberry Finn de Mark Twain y El Quijote de Cervantes fueron los primeros libros que Borges leyó en la biblioteca de la casa paterna. Pero también fue precoz como traductor y escritor. A los siete años tradujo del inglés su primer cuento, “El príncipe feliz” de Oscar Wilde.

“Borges leía para ejercitar su imaginación, -contó Manguel durante la charla- para él la imaginación era el campo de la épica, la aventura, el coraje, el western. A Borges le gustaba mucho el western”.

Borges, explicó Manguel, pensaba la traducción como un elemento fundamental para escribir puesto que, según decía, el traductor conoce el texto mejor que el propio autor. Además, la traducción es una especie de borrador en otro idioma, es como otra versión del mismo texto. Todo borrador, y por extensión, toda traducción, puede tener el mismo valor.

De allí surge el concepto de Obra Definitiva. Para Borges, según él mismo ironizaba, este concepto “pertenece a la religión o al cansancio” y tiene que ver más con una necesidad de encontrar el momento para publicar que con haber finalizado realmente la obra. La escritura, por ende, es un proceso sin fin en el que nunca se llega a la versión perfecta.

A mediados de los años 50 Borges empezó a perder la visión (Ulf Andersen/Getty Images)
A mediados de los años 50 Borges empezó a perder la visión (Ulf Andersen/Getty Images)

Para Borges la cita, palabra de origen latino, equivalía a la metáfora, término de procedencia griega. Él utilizaba mucho las citas de autores conocidos en sus cuentos. Para él la cita era una forma de pensar. Reproducir párrafos de obras antiguas dentro de un texto moderno era, en su opinión, un arte en sí mismo porque así, estas frases adquirían un valor especial que antes, tal vez, no poseían con igual fuerza.

El autor argentino, describió en su charla Alberto Manguel, construía sus relatos en base a citas de otros autores, como Dante, a quien admiraba enormemente. Dante escribió la Divina Comedia yendo de casa en casa, estando con gente que lo recibía. Y así escribió el poema más importante de la literatura llevando consigo sólo sus conocimientos de astronomía, música y poética, sin contar con una biblioteca.

Dante habla de una loba en su jaula, un animal primitivo y feroz que de pronto se pregunta por su propósito en el mundo. Dios le dice que su propósito es que un hombre la vea y la ponga en un poema. Borges, entonces, se propone escribir ese poema. Toma la cita de la Divina Comedia y construye una parábola, Nueve ensayos Dantescos y Poema conjetural.

El Aleph (1949) es uno de los homenajes de Borges a Dante. Allí crea una parodia. En el cuento el escritor argentino está enamorado de Beatriz Viterbo -personaje inspirado en la Beatriz de Divina Comedia. Pero ¿qué es el Aleph? Es un punto donde convergen todos los puntos del espacio-tiempo. Es el punto de vista inalcanzable e inefable desde donde Dios observa la totalidad del universo. La Comedia de Dante es un viaje hacia la visión divina, un punto que está más allá del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. Un punto que lo reúne todo, la visión final que no puede ser puesta en palabras y que se encuentra fuera del alcance del hombre.


“Como crítico, Borges tenía un ojo de cirujano. Analizaba los textos hasta el menor detalle y lograba reseñar casi cualquier libro. Solía decir que crítico es un lector que sabe dónde mirar y qué ver”, aseguró el intelectual en su charla “Borges lector”. No intentaba ser académico. Para crear utilizaba la glosa, en tanto explicación o paráfrasis de otros libros. Por ejemplo, de novelas de Stevenson, Dickens y Joyce; los cuentos de Kafka y de Kipling; obras de Shakespeare y Chesterton.

El cuento “Pierre Menard, Autor del Quijote” (Ficciones, 1944) está escrito como si fuera una revisión o una crítica literaria sobre un tal Pierre Menard, escritor francés de ficciones del siglo XX, personaje inventado por Borges. El cuento está enfocado en los esfuerzos de Menard en ir más allá de una mera traducción, relectura o revisión del Don Quijote de Cervantes, con la intención de lograr recrear el libro, línea por línea, de la misma manera que el modelo original del siglo XVII. Así, Borges utiliza su cuento “Pierre Menard” para plantear preguntas y debates sobre la naturaleza de la autoría, la apropiación y la interpretación.

Borges consideraba a William Blake un magnífico poeta. También admiraba al escritor y filósofo sueco Emanuel Swedenborg. Ambos se caracterizaban por sus visiones de ángeles y otras figuras celestiales que no tienen apariencia de formas literarias, sino que parecen visiones verdaderas. “A través de ellos, la metafísica se introduce en la realidad y no quiere irse”, concluyó el profesor Manguel ante los espectadores de su exposición virtual.

En su ensayo La muralla y los libros (1950) y en el cuento “El Inmortal” (1947) el escritor argentino habla del umbral en el que permanece el lector cuando lee un libro, ante la revelación última que nunca llega a manifestarse. “La inminencia de esa revelación que no alcanza a producirse es el hecho estético”, pensaba Borges. Cerramos el libro y quedamos transformados, aunque el libro tenga un final abierto. Hay algo de lo inalcanzable e inefable en todo libro.

De todo eso habló Alberto Manguel este martes cuando rememoró cómo era el Borges que leía. Ese escritor con el que compartió destino, ya que ambos dirigieron la Biblioteca Nacional, y con el que compartió centenas de horas completamente dedicadas a los libros.

Quién es Alberto Manguel

♦ Nació en Buenos Aires en 1948.

♦ Fue director de la Biblioteca Nacional de Argentina entre 2016 y 2018. Es miembro de la Academia Argentina de Letras y de la Real Academia Española.

♦ Entre otros libros publicó Noticias del Extranjero, Diario de lecturas y Una historia de la Lectura.


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