
No todo funcionario de la era kirchnerista fue un soldado del discurso. “Yo no vengo a victimizarme ni a hablar de lawfare”, dijo Nelson Lazarte en su indagatoria en la causa de los cuadernos de las coimas. “No me interesa porque no soy político y nunca lo fui”, continuó en Comodoro Py.
En aquella declaración, aseguró que vivía a la vera de una zona feroz del conurbano, que el millonario embargo en su contra lo asfixiaba. En los días a bordo del Toyota Corolla de Oscar Centeno, Lazarte era el secretario personal de Roberto Baratta, mano derecha de Julio De Vido y su subsecretario de Coordinación en el Ministerio de Planificación, el templo final de la obra pública en la Argentina. Era la mano derecha de la mano derecha, y, para la Justicia, el cobrador del cobrador. Centeno dijo en su propia indagatoria que Baratta “en una época, por temor a ser extorsionado o filmado por algún empresario, puso a un chico a hacer las recaudaciones”.
Ese “chico”, precisamente, era Nelson Javier Lazarte. No era tan chico, en verdad. A mediados de 2015, cuando Centeno dejó de escribir sus cuadernos, Nelson Javier tenía 37 años.
Este 6 de noviembre, Lazarte será enjuiciado por el Tribunal Oral Federal N°7 -junto a su viejo jefe, junto a De Vido y Cristina Fernández de Kirchner y más de 70 imputados, entre ellos muchos de los empresarios que reconocieron haber pagado las coimas-, acusado por el fallecido juez Claudio Bonadio de ser un miembro de la presunta asociación ilícita, un valijero, partícipe necesario del cobro de 68 coimas. El pedido de elevación a juicio de los fiscales Carlos Stornelli lo menciona 406 veces.
A lo largo de su discurso, Lazarte sostuvo que él no se llevó un solo peso de todas esos sobres, que fue, en todo caso, un empleado leal. Sería una historia de obediencia debida. Pero en la Argentina, la obediencia debida, al menos para las fuerzas armadas y de seguridad, ya no existe.

Y un día, Néstor
A Lazarte, al menos de acuerdo a sus registros laborales, el Ministerio de Planificación regenteado por De Vido le dio el primer trabajo en blanco que tuvo en su vida. A fines de julio de 2003, Lazarte vivía en Villa La Rana, en el partido de San Martín. Era maestro mayor de obra en la construcción. “Ganaba bien, pero el trabajo era muy pesado y no tenía obra social ni para mis hijos ni para mi esposa”, contó la primera vez que declaró en la causa de los cuadernos, apenas quedó detenido.
“En esos mismos días me entero de que estaba el presidente Néstor Kirchner en un centro de jubilados cerca de casa y se me da por escribir una carta pidiéndole trabajo. Fue así que se comunicaron conmigo y al otro día me citaron en la Casa de Gobierno. Ahí me derivaron al Ministerio de Planificación donde me entiende uno de los secretarios, quién era uno de los hijos de De Vido, y me toma la entrevista Baratta. De ahí me mandó a trabajar a la mesa de Entradas General del ministerio como cadete/auxiliar administrativo”, continuó: “Más o menos en 2008 terminé la secundaria y Baratta me ofreció trabajar en la secretaría privada de Coordinación, donde también hacía de cadete y atendía los teléfonos”.
Con el tiempo, Lazarte, nacido en Chaco, fue mucho más que un cadete. Construyó una sintonía de confianza con sus jefes. Las supuestas coimas que le imputan a CFK, por ejemplo, pasaron por las manos de Lazarte.
Una parte del pedido de elevación a juicio de Stornelli ilustra el pasamanos. Las mayúsculas le corresponden.

“Tengo por cierto y demostrado que Cristina Elisabet FERNÁNDEZ, por entonces Presidente de la República Argentina intervino, en carácter de coautora en la recepción de sumas de dinero -que rondarían los quinientos mil dólares (USD 500.000)-, que Carlos Guillermo Enrique WAGNER, presidente del Directorio de la sociedad ESUCO S.A., entregó a Roberto BARATTA -con la colaboración de Nelson LAZARTE- el día 2 de junio de 2010 en la calle San José de esta ciudad, y que éstos entregaron a Héctor Daniel MUÑOZ ese mismo día en la Quinta de Olivos, con el fin de que los funcionarios que integraran la asociación ilícita mencionada en el punto precedente hicieran o dejaran de hacer algo atinente a sus funciones en beneficio de dicha empresa".
Lazarte figura, también, en la cadena de pagos otra presunta coima entregada en 2010 a CFK por los directivos de la firma Electroingeniería SA. El monto: cuatro millones de dólares. También, se acusa a Lazarte de haber entregado dinero de los presuntos sobornos que llegaron a De Vido. El secretario personal de Baratta habría embolsado, según la investigación, sobornos de pesos pesados de la industria como Enrique Pescarmona, Armando Losón o Juan Carlos de Goycochea, del grupo Isolux.
Se lo menciona, también, en la cadena de pagos realizados por Ángelo Calcaterra, primo de Mauricio Macri.

Ni un peso para mí
Sin embargo, a pesar de todos estos millones de dólares que pasaron por sus manos, desde oficinas y estacionamientos en Puerto Madero hasta la Quinta de Olivos, durante al menos cinco años, Lazarte asegura que no recibió un solo peso.
En su indagatoria, afirmó:
“Los fines de la asociación ilícita, según el expediente, eran el enriquecimiento de sus integrantes y la comisión de otros delitos. No es mi caso, como ya quedó demostrado con el informe que presentaron anteriormente mis abogados sobre cargo de los cohechos ni las dádivas. Como no tenía una posición de jerarquía mi patrimonio y forma de vida. O sea, no me enriquecí”.
“Puedo mirarlo a los ojos y decirle con total tranquilidad que no robé a nadie ni obtuve beneficios del estado, mi familia o yo-, ni antes ni ahora. Tampoco lavé dinero, no tengo propiedades en el exterior, no figuro en los ‘Panamá Papers’, no tengo empresas ni acciones. Jamás extorsioné a ningún empresario ni funcionario. No participé de ninguna reunión para el reparto de obra pública ni reparto de dinero. No vivo en Puerto Madero, no tengo casa con pileta, no vivo en un country. Nunca cambié mi nivel de vida. Era un simple trabajador que cumplía las órdenes", finalizó.
Hoy, en 2025, Lazarte todavía trabaja en el Estado, con un empleo en blanco, de acuerdo a registros consultados por Infobae.
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