
Era 3 de abril de 2023 y T. D. C. sintió un reflujo estomacal que no la dejaba pensar en otra cosa. Entró a la app de su prepaga, buscó un gastroenterólogo en la cartilla y lo llamó por teléfono. El doctor Carlos Costas Albo le dijo que la esperaba ese mismo día en su consultorio de Rodríguez Peña al 1000, en el barrio porteño de Recoleta donde más tarde encontraría el horror en lugar de un diagnóstico.
La atendieron puntual, y el inicio de la consulta no tuvo nada sospechoso. El especialista le preguntó si tenía problemas personales, dado que a veces el estrés trae síntomas como los que ella presentaba. Luego le pidió que pase a la camilla para examinarla.
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Una vez recostada, el médico la revisó y le tocó el bajo vientre. Le pareció raro, según relató más tarde cuando le tocó denunciar, pero siguió adelante porque era la primera vez que se atendía con un médico desde que se mudó a la Argentina. Tal vez tenían otros modos en este país, pensó.
El doctor Costas Albo siguió y le pidió que se levantara la remera. El examen se convirtió en un manoseo que nada tenía que ver con los dolores de abdomen. Ella le gritó que parara. Él le preguntó si podía seguir “con los masajes”.
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Antes de que se fuera del consultorio, el médico insistió para que se quedara. Empezó a escribir una receta. Mientras le daba el papel, le recordó que podía volver a visitarlo cuando quisiera.
T. D. C. salió del edificio y llamó a un vecino suyo que era cirujano. Le contó lo que había vivido y este le recomendó que hiciera la denuncia inmediatamente, que nada de lo que acababa de pasar era normal en un procedimiento médico.
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Este miércoles el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 1 de la Capital Federal condenó al gastroenterólogo Costas Albo a un año de prisión de ejecución condicional por el delito de abuso sexual simple.
El médico de 78 años, especializado en gastroenterología y endoscopía digestiva, admitió haber hecho todo lo que describió la víctima para acceder a un juicio abreviado, y por consiguiente a un castigo menor. Antes, en su declaración indagatoria, había dicho que era inocente y que la denunciante quería sacarle dinero.
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Un libro de quejas lleno de denuncias
Además, entre las pruebas que nutren el expediente hay una planilla de la Obra Social de Empresarios, Profesionales y Monotributistas (Osdepym) con varias advertencias de mujeres que habían pasado por lo mismo. Un libro de quejas con alertas de abuso sexual que nadie leyó jamás, o bien miró para otro lado al hacerlo.
“Ojo con este médico si son mujeres. Se propasa con sus pacientes, es abusivo, quiere meter mano donde no debe. Tampoco te da un diagnóstico”, advirtió una de las víctimas en julio de 2016.
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“Es acosador, mete mano a todas las mujeres. Hay que denunciarlo. Se aprovecha de su profesión”, dejó asentado otra en 2019. “Se muestra súper humano y amable con los pacientes, pero en mi caso al revisarme me tocó innecesariamente el cuerpo en zonas que nada tenían que ver con mi dolencia”, aportó otra afiliada en 2021. Hay testimonios con un claro patrón entre 2016 y 2023.

Según se corroboró durante la investigación, este médico ya había sido denunciado formalmente en 2016, también por abuso sexual, pero resultó sobreseído por extinción de la acción penal. Un sobresalto que no le impidió seguir atendiendo.
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Infobae se comunicó con Osdepym para conocer cuál era exactamente el vínculo laboral entre Costas Albo y la obra social. Tras la publicación de este artículo, aclararon que le rescindieron el contrato en noviembre de 2019, a partir de la denuncia que derivó en su condena.
Para sentenciarlo en esta causa, la Justicia tomó como atenuantes la avanzada edad del médico y el hecho que de haya colaborado. También se consideró como agravante que “se aprovechó de su labor como profesional de la salud” para atacar a la paciente.
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Además del año de pena -en suspenso, por falta de antecedentes-, Costas Albo deberá cumplir con cuatro horas mensuales de tareas comunitarias en una sede de Cáritas, tiene prohibido el contacto con la víctima y le ordenaron hacer un taller para ofensores sexuales.
También se dispuso la obtención de su perfil genético para incluirlo en el Registro Nacional de Datos Genéticos vinculados a delitos contra la integridad sexual.
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