Honduras: La sequía les quitó la cosecha y ahora les cobra para volver a empezar

Después de perder sus cultivos, tendrán que conseguir nuevamente el dinero para preparar la tierra, comprar fertilizante y sembrar. Lorenzo Carranza calcula que producir una manzana puede costarle entre 300 a 373 dólares

El PMA estima que al menos 500.000 personas más en Honduras podrían caer en inseguridad alimentaria por la falta de lluvias y el fenómeno de El Niño. (Oscar Ortiz)
Carranza calcula que preparar una manzana de tierra cuesta entre L8.000 y L10.000, una inversión que perdió por completo con la cosecha fallida.(Oscar Ortiz)
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Lorenzo Carranza perdió sus cultivos de maíz, frijol y ayote cuando la sequía secó el pozo y el río que abastecían a su comunidad en Las Chácaras, en el sur de Honduras. Ahora enfrenta una doble pérdida: la cosecha desapareció y los recursos que invirtió para producirla también.

La tierra podrá volver a recibir semillas cuando llegue la lluvia, pero para los productores de las comunidades afectadas hay otro obstáculo: el dinero para volver a empezar.

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Carranza calcula que preparar una manzana de tierra puede representar alrededor de 8 mil a 10,000 lempiras, es decir entre 300 y 370 dólares, entre mano de obra, preparación del terreno y fertilizantes. Ese dinero ya se gastó. Y la cosecha que debía recuperar esa inversión nunca llegó.

El productor explica que solo la preparación del terreno puede costar unos L2.500 por manzana, mientras que el abono representa otro gasto importante. Para obtener una producción adecuada, el terreno requiere varias aplicaciones de fertilizante.

En una nueva siembra, Carranza estima sabe que deberá invertir nuevamente, aunque esta vez buscaría reducir la superficie cultivada debido a las condiciones económicas que enfrenta. El problema es que el productor no llega a esta nueva temporada con las ganancias de la anterior. Llega después de perderla.

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Por eso, volver a sembrar no es simplemente esperar que llueva. Es conseguir otra vez el dinero para pagar la preparación de la tierra, comprar fertilizante, conseguir semillas y asumir el riesgo de que la lluvia vuelva a faltar.

El agua, un problema de supervivencia

La pérdida agrícola no es el único impacto que enfrenta la comunidad. El pozo principal de Las Chácaras se secó y el río que abastecía a la zona también dejó de tener agua. Ahora seis hogares dependen de la solidaridad entre vecinos: un día una familia consigue agua para compartir; al siguiente, otra.

Para beber, deben trasladarse hasta otro pozo ubicado cerca de una quebrada. Cuando la sequía se intensificó, incluso pensaron en reparar el camino para permitir el ingreso de vehículos que transportaran agua. La solución no llegó de forma permanente.

Ahora los habitantes consideran profundizar el pozo de la comunidad para intentar recuperar una fuente propia de abastecimiento. La crisis ya no se mide solamente en hectáreas perdidas, sino también en la distancia que deben recorrer para conseguir el agua que necesitan para vivir.

Lo que cuesta perder una cosecha

Carranza sembró maíz, frijol y ayote. El trabajo comenzó mucho antes de que aparecieran las primeras plantas: hubo que preparar el terreno, contratar mano de obra y comprar fertilizante. Todo ese esfuerzo quedó perdido cuando la lluvia no llegó.

El problema para los pequeños productores es que el dinero invertido en una cosecha no puede recuperarse si la producción fracasa. Al contrario: para volver a sembrar deben conseguir nuevamente los recursos. Y muchos ya no los tienen.

El PMA estima que al menos 500.000 personas más en Honduras podrían caer en inseguridad alimentaria por la falta de lluvias y el fenómeno de El Niño. (Oscar Ortiz)
La crisis de agua en Las Chácaras obligó a seis hogares a depender de vecinos y a trasladarse a otro pozo para conseguir agua para beber.(Oscar Ortiz)

Carranza explica que sus hijos son quienes ayudan a sostener a la familia y que, ante la pérdida de la cosecha, la posibilidad de volver a producir dependerá en buena medida de ellos.

El riesgo de quedar atrapados

El Programa Mundial de Alimentos advierte sobre este punto. Nicolás Bidault, representante del PMA en Honduras, explicó que la respuesta no puede limitarse a entregar alimentos durante la emergencia. También deben utilizarse instrumentos que permitan proteger a los pequeños productores y evitar que una pérdida temporal destruya sus medios de vida.

Entre las herramientas están las acciones anticipatorias, las transferencias y los mecanismos de seguro para productores de subsistencia. El PMA trabaja con un esquema de microseguro paramétrico que, ante determinados niveles de sequía, permite activar pagos para pequeños productores.

El PMA estima que al menos 500.000 personas más en Honduras podrían caer en inseguridad alimentaria por la falta de lluvias y el fenómeno de El Niño. (Oscar Ortiz)
Los habitantes de Las Chácaras evalúan profundizar el pozo comunitario ante la falta de una solución permanente al desabastecimiento de agua.(Oscar Ortiz)

Según Bidault, este mecanismo alcanza a 12.000 pequeños productores y sus familias. La finalidad es que una emergencia climática no obligue a los agricultores a vender sus bienes productivos para sobrevivir.

Pero la respuesta tiene un límite: la cantidad de familias afectadas supera la capacidad actual de asistencia. El PMA evalúa extender el apoyo a otras comunidades y municipios afectados por la sequía.

El organismo contempla, además, continuar trabajando con pequeños productores mediante programas que fortalezcan su capacidad de adaptación, entre ellos el acceso al agua y sistemas de riego.

La apuesta es que la asistencia no termine cuando finalice la emergencia inmediata. Porque si un productor recibe comida hoy pero no puede volver a sembrar mañana, el problema reaparecerá con el siguiente ciclo agrícola.

El PMA estima que al menos 500.000 personas más en Honduras podrían caer en inseguridad alimentaria por la falta de lluvias y el fenómeno de El Niño. (Oscar Ortiz)
El PMA en Honduras advirtió que la asistencia por la sequía no debe limitarse a alimentos, sino incluir transferencias, acciones anticipatorias y seguros para pequeños productores..(Oscar Ortiz)

La promesa de movilizar más recursos

Lena Savelli, directora regional del PMA, advirtió durante su visita a las zonas afectadas que la organización necesitará movilizar más recursos para ampliar la asistencia a las familias afectadas por la sequía. Señaló que las necesidades van más allá de la ayuda que actualmente se está entregando y que las familias que perdieron sus cosechas necesitarán apoyo durante varios meses.

La preocupación también está en evitar que los hogares tengan que vender sus bienes para sobrevivir, porque perder esos activos hace que la recuperación sea todavía más lenta.

El PMA estima que unas 500.000 personas adicionales en Honduras podrían enfrentar inseguridad alimentaria como consecuencia de la sequía y el fenómeno de El Niño. El desafío no será solamente atender el hambre durante los próximos meses, sino evitar que la emergencia destruya la capacidad de las familias para recuperarse.

La recuperación antes de que vuelva la lluvia

El productor reconoce que tendrá que reducir lo que cultiva y adaptarse a sus posibilidades económicas. Su familia no puede asumir nuevamente una inversión que podría perderse si la lluvia vuelve a faltar. Por eso, cuando habla de la próxima siembra, no habla solamente de semillas. Habla de riesgo.

Durante el recorrido exclusivo de Infobae por las comunidades más golpeadas del sur de Honduras, la sequía dejó de ser una cifra para convertirse en una realidad visible: pozos vacíos, cultivos perdidos y familias que ya no tienen cómo recuperar lo que producían.

El agua será el primer paso para volver a sembrar, pero la verdadera recuperación comenzará cuando los campesinos tengan nuevamente las condiciones para producir.

Ante este escenario el PMA busca combinar la asistencia inmediata con instrumentos de resiliencia y seguros para evitar que las familias queden atrapadas en un ciclo de pérdidas, y evalúa cómo ampliar la ayuda a otras zonas afectadas y movilizar nuevos recursos.

La sequía no solo les quitó una cosecha. Ahora les exige pagar para tener otra oportunidad.

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