
Según informó la Secretaría de Energía (SEN), este fenómeno responde tanto a la volatilidad internacional del precio del petróleo como a la devaluación del lempira frente al dólar, presionando de manera persistente el costo de los derivados petroleros y obligando al Estado a destinar una parte considerable de su recaudación diaria a subsidios para evitar una afectación todavía mayor sobre la población.
El monto destinado por el gobierno de Honduras al subsidio de combustibles alcanza los 22 millones de lempiras cada día, cifra que proviene de los 37 millones recaudados diariamente, según detalló Sarahí Silva, directora ejecutiva de la Asociación Hondureña de Distribuidores de Productos del Petróleo (Ahdippe).
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La funcionaria aclaró que la mayor parte de este esfuerzo fiscal está dirigida a sostener los precios de la gasolina regular, el diésel y el gas licuado de petróleo (GLP) doméstico: “El combustible más caro es el que no podemos comprar. Tenemos que tomar medidas internamente, a nivel de empresas privadas, gobierno y consumidores. Si no hay conciencia sobre esta situación, la presión sobre la economía nacional seguirá creciendo”, advirtió Silva.
El kerosene encabeza el alza con un incremento de 57.40 lempiras por galón
El análisis de la SEN indica que el mayor ajuste ha recaído sobre el kerosene, insumo vital en miles de hogares para la cocina y la calefacción. El precio por galón de este derivado aumentó de 81.58 a 138.98 lempiras, lo que implica un incremento de 57.40 lempiras.
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El diésel, motor principal del transporte de carga y la industria, experimentó una subida acumulada de 39.11 lempiras, alcanzando los 128.42 por galón. En la gasolina superior, el aumento fue de 28.95 lempiras, elevando el precio hasta 134.07, mientras que la gasolina regular se incrementó en 23.27 lempiras, situándose en 118.09 por galón.

El gas licuado de petróleo (GLP) vehicular también reportó un alza, aunque menor, de 4.85 lempiras por galón. El GLP doméstico, en contraste, mantiene su precio en 238.13 lempiras gracias a un subsidio completo del gobierno. Estos datos, oficialmente divulgados por la SEN, refuerzan la percepción de que Honduras atraviesa uno de los ciclos de encarecimiento más severos en las últimas décadas.
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La reacción de los principales actores del sector energético se centra en la necesidad de maximizar el uso eficiente del combustible y promover el ahorro en todos los ámbitos. Silva ha reiterado: “El esfuerzo estatal es importante, pero no podemos depender únicamente de subsidios. Todos debemos contribuir a reducir el consumo de combustibles y energía”.
Para evitar que el costo total de los aumentos recaiga en los consumidores, el gobierno ha optado por mantener un esquema de apoyo temporal. Esta política absorbe el 50 % de los aumentos en diésel y gasolina regular, mientras que el GLP doméstico continúa subsidiado en su totalidad. Gracias a esta intervención, el impacto directo sobre los consumidores resulta atenuado, especialmente para los sectores de menores ingresos.
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No obstante, Silva alertó que existe un alto grado de desconocimiento entre los ciudadanos respecto a cómo se estructuran los precios y qué porción es efectivamente subsidiada. Esta falta de información, advirtió, genera expectativas erróneas y dificulta la adopción de conductas de ahorro.

El aumento de precios de los combustibles ha repercutido en una escalada de tarifas en el transporte público y privado, incrementando los costos logísticos y de distribución de alimentos y bienes de primera necesidad. El ajuste en el precio del diésel, principal motor de los camiones y vehículos de carga, ha empujado a empresas del sector industrial y agrícola a redefinir presupuestos e introducir mecanismos de eficiencia energética.
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El sector doméstico no ha quedado exento, particularmente las familias que dependen del kerosene para cocinar o calefaccionar sus viviendas. El encarecimiento de este insumo, que superó los 57 lempiras por galón, ha significado una presión directa sobre el ingreso disponible y acentuado la vulnerabilidad de los hogares.
Expertos destacaron que países vecinos han experimentado repuntes similares debido a la escasez y el encarecimiento internacionales del petróleo, por lo que la situación hondureña se inscribe en una tendencia regional vinculada al costo global de la energía.
Frente al panorama descrito, Silva exhortó al sector privado, al gobierno y a los consumidores a priorizar políticas de uso racional y eficiente de la energía. Propuso fomentar la reducción voluntaria del consumo en instituciones, impulsar la eficiencia energética y promover el transporte sostenible para amortiguar el efecto de las próximas alzas.
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“El combustible más caro es el que no podemos comprar. Debemos ser conscientes como consumidores y como país para evitar que la situación se agrave y tengamos que pagar precios aún más altos, como ha ocurrido en otros lugares del mundo”, recordó Silva, instando a evitar la politización de la crisis ya que el perjuicio recae principalmente en los hogares y la capacidad competitiva del país.
Especialistas del sector energético, en diálogo con la SEN, han advertido que el escenario de precios elevados podría extenderse mientras persistan los factores internacionales adversos. Las autoridades mantendrán los ajustes periódicos, pero subrayan que, sin un cambio en los hábitos de consumo y una mayor conciencia pública, los aumentos seguirán trasladándose tarde o temprano en la cadena de costos e inflación.
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Entre marzo de 2026 y la fecha, el kerosene subió 57.40 lempiras, el diésel 39.11, la gasolina superior 28.95 y la regular 23.27, de acuerdo con cifras oficiales expuestas por la Secretaría de Energía y la Ahdippe. Los subsidios estatales han mitigado temporalmente el traslado completo del impacto, pero la recomendación tanto del sector público como privado converge en una sola dirección: ahorro, eficiencia y conciencia colectiva para enfrentar el nuevo ciclo de precios energéticos elevados en Honduras.
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