Cuando Rachel Olson cruzó primera la meta del Ironman 70.3 de São Paulo, a fines de septiembre de 2026, lo hizo con casi diez minutos de ventaja y después de meses en los que entrenar había sido difícil.
La victoria convivía con el duelo por la muerte de su madre, una pérdida que alteró su preparación y su vínculo con el triatlón.
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La triatleta, de 35 años, describió esa carrera como “no espectacular”, según publicó Triathlete. Sin embargo, el resultado tuvo otro peso después de la muerte de su madre, Janis, en noviembre de 2024, y de un período en el que entrenar dejó de ser una rutina estable.
La publicación señaló que Olson había reducido su carga de trabajo, abandonado una competencia en Kona y tomado una pausa antes de volver a competir. Su triunfo en São Paulo cerró ese recorrido deportivo sin borrar el duelo que lo atravesó.

La enfermedad de su madre condicionó los entrenamientos de Olson
Durante los dos años previos a la muerte de Janis, Olson viajó desde Boulder a Texas para acompañarla a consultas médicas.
En ese período dejó de trabajar con su entrenador y disminuyó la carga de trabajo. La posibilidad de recibir novedades mientras se preparaba también alteraba sus salidas en bicicleta.
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“Pensaba que podía estar en una salida y recibir una llamada que dijera que estaba en el hospital. Me preguntaba si todo podía empeorar”, relató Olson durante esa entrevista.
Después de la muerte de su madre, la atleta relató problemas digestivos, marcadores de inflamación elevados, ferritina baja, un indicador de las reservas de hierro, y una infusión de hierro. Olson aclaró en la entrevista que no obtuvo un diagnóstico único.

“Mi cuerpo básicamente me gritaba que algo estaba mal, como si luchara contra algo todo el tiempo”, afirmó Olson. “La mente te dice que proceses lo que pasó y el cuerpo te dice que bajes el ritmo”, continuó la triatleta.
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“Creo que mi cuerpo respondía al trauma. Sentía que tenía una enfermedad”, planteó Olson. “Intentar rendir en un cuerpo que sentía completamente extraño fue muy difícil. No entendía por qué ya no hacía lo que había hecho antes”, continuó.
También vinculó esos cambios con la inflamación abdominal que sufrió poco después del fallecimiento. “Dos días después de que murió, me desperté con el estómago hinchado unos trece centímetros.
Después subí mucho de peso por la inflamación”, relató. “No es fácil bajar esa hinchazón”, sostuvo Olson en la misma entrevista.

El abandono en Kona expuso el límite de su regreso a las carreras
Olson se había clasificado para su primer Campeonato Mundial de Ironman, previsto unos diez meses después de la muerte de Janis. Quería competir para homenajearla y conservar su identidad como triatleta, pero explicó que su preparación no estuvo “ni cerca” de sus mejores niveles.
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En la prueba, sufrió malestar estomacal durante el tramo de la bicicleta. Vomitó durante tres horas y abandonó poco después de comenzar la carrera a pie. “Me aferré al triatlón con demasiada fuerza, aunque mi cuerpo no estaba listo y mi mente tampoco”, dijo Olson a Triathlete.

“Seguí adelante porque lo quería mucho. Le di demasiado peso a la necesidad de que los entrenamientos y las carreras salieran bien, como si necesitara que algo en mi vida estuviera bien. Ahora entiendo que no tenía que estar bien”, agregó la atleta en la publicación.
Tras la competencia, Olson se alejó por unas semanas del triatlón y se concentró en su trabajo. “Decidí no pensar en el triatlón durante un par de semanas. Si después todavía lo quería, perfecto. Si no, también estaba bien”, explicó Olson. La pausa confirmó su deseo de seguir en el deporte.
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Un nuevo entrenador y menos carga para volver a competir
La atleta eligió a Kasper Pedersen como entrenador para retomar una preparación con menor volumen. “Busqué a alguien que entendiera que la vida sucede”, afirmó Olson. “Kasper me ayuda a exigirme, pero también sabe que quizá necesite ir a mi propio ritmo”, precisó en la entrevista.

Olson explicó que su objetivo era recuperar una relación más llevadera con los entrenamientos. “Quería que mi cuerpo y mi mente pensaran que esto era divertido y que ayudaba, en vez de sentir alarma cada vez que salía”, señaló.
“Todavía hay días en los que necesito descansar. El duelo es una montaña rusa, pero encontramos una forma de trabajar que funciona”, añadió.
La atleta describió el duelo como “una nube sobre su vida personal” y dijo que hablar sobre ello no siempre fue sencillo. “Como atletas, queremos guardar las cosas difíciles en el fondo de la mente y seguir adelante”, sostuvo Olson.
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“Me alegra poder ser una voz para quienes atraviesan algo parecido, para que se sientan menos solos”, agregó.

El triunfo en Brasil no modificó esa pérdida. “Siento que soy una persona distinta desde que murió mi mamá. Siempre sentiré que me arrancaron una parte, pero también sé que no hay dolor que lastime tanto como lo que atravesé. Voy a seguir diciéndome: ‘Sí, puedo hacer esto’”, expresó Olson.
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