Pedro Grehan murió en las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, cuando un avión impactó cerca de la oficina donde trabajaba en Nueva York. Tenía 35 años, se desempeñaba en una empresa de servicios financieros y ocupaba el piso 105 del edificio. Su hermano, John Grehan, contó en Infobae Al Mediodía que recibió la primera alerta en su casa, cuando se preparaba para ir a trabajar. Otro de sus hermanos lo llamó y le avisó que un avión había chocado contra una torre.
John encendió el televisor y vio una de las torres humeante. Luego, intentó confirmar si Pedro estaba allí. “Él siempre llegaba temprano a trabajar y nunca faltaba”, recordó sobre las primeras horas de incertidumbre.
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La familia supo después que Pedro había estado en su oficina aquella mañana. Según explicó John, no logró comunicarse con él tras el ataque y que todavía desconoce qué ocurrió durante los minutos previos al derrumbe. “No sabemos cómo fueron todos esos momentos”, dijo Grehan. Calculó que su hermano pudo haber permanecido cerca de una hora y media dentro del edificio, aunque aclaró que no conoce los detalles.
Pedro trabajaba por encima de la zona donde impactó el primer avión. John relató que esa ubicación marcó desde el inicio la búsqueda de información de sus familiares.
El hermano de Pedro reservó el 11 de septiembre de 2026 para atravesar el aniversario en privado. Dijo que sigue la ceremonia, escucha la lectura de los nombres y presta atención a las campanadas.
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También recibe mensajes de amigos y conocidos durante cada aniversario. John señaló que esa atención le provoca sentimientos distintos, porque otras muertes familiares no tienen una fecha pública de recuerdo. “Tenemos como este privilegio de que todo el mundo se acuerde de nosotros estos días”, expresó. Para él, las entrevistas y los saludos lo llevan a pensar por qué su familia ocupa ese lugar.
Una foto, los restos y la necesidad de respuestas
John Grehan contó que, meses después de los ataques, encontró una fotografía que le permitió construir una respuesta personal sobre el destino de su hermano. En la imagen, creyó reconocer a Pedro cerca de una ventana. “Yo vi esa foto y dije: ‘Este es Pedro’”, relató. Aclaró que nadie pudo comprobar la identidad de la persona retratada, pero sostuvo que la posición coincidía con la de su hermano.
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Años después, una de las hijas de Pedro vio la misma fotografía y llegó a una conclusión similar. John explicó que esa imagen ayudó a su familia a cerrar parte de las preguntas que quedaron abiertas.
Durante meses, intentó reconstruir qué pudo haber hecho Pedro tras el impacto. Buscó datos, revisó imágenes y pensó en los lugares donde podía haber estado dentro de la torre.
Más de un año después del atentado, las autoridades llamaron a la casa de su cuñada. Le comunicaron que habían identificado un fragmento de 1,5 centímetros de fémur de Pedro.
Ese hallazgo confirmó que Pedro estaba en la torre cuando murió. John afirmó que desconoce si su hermano cayó, saltó, sufrió quemaduras o permanecía con vida cuando la estructura se derrumbó. “Uno necesita cerrar de una manera siempre material y humana”, afirmó. Para John, los familiares buscan respuestas aun cuando no pueden conocer cada detalle de una muerte violenta.
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El viaje a Nueva York después de los ataques
John viajó a Nueva York en noviembre de 2001, dos meses después del atentado. Otros hermanos habían viajado antes para recorrer hospitales, centros de información y lugares donde podían encontrar noticias sobre Pedro.
Sus padres no fueron a Estados Unidos. John y otro hermano permanecieron con ellos al principio, mientras otros integrantes de la familia se reunían con parientes y amigos en el país norteamericano.
Cuando llegó a Nueva York, John encontró una ciudad atravesada por la destrucción, el dolor y el miedo. Viajó junto a uno de sus hermanos y se alojó cerca de la familia de Pedro.
Recordó que la tensión también aparecía en los aeropuertos. Le resultaba extraña la revisión de seguridad antes de abordar, porque el ataque había expuesto fallas mayores que los controles cotidianos.
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El viaje también le dejó referencias de una época distante. John mencionó que el primer iPod todavía no había salido a la venta y que, al volver a Argentina a fines de noviembre, comenzó el corralito. “Fue un comienzo de siglo difícil”, resumió. Para él, esos hechos ayudan a ubicar el paso del tiempo desde los ataques contra las Torres Gemelas.
La ayuda que recibió la familia de Pedro Grehan
John Grehan destacó la ayuda que recibió la esposa de Pedro y sus hijos después del atentado. La familia vivía en Connecticut y contaba con amigos vinculados al trabajo de su hermano. Los vecinos organizaron una red de asistencia para ella y los niños. Un hombre de la zona le prestó durante tres meses una casa vacía que tenía a la venta.
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En pocos días, otras personas llevaron una heladera, sillones, camas y otros objetos para equipar la vivienda. También organizaron turnos para dejar comida en la puerta durante meses.
“La casa nueva en tres días”, recordó John. Su cuñada y sus hijos recibieron esa ayuda mientras atravesaban la ausencia de Pedro y resolvían cómo continuar sus vidas.
John también relató que excompañeros de Pedro reunieron dinero para su familia. Una firma donde había trabajado decidió destinar durante 30 días las comisiones de sus empleados a un fondo para los hijos.
Ese fondo tenía como objetivo cubrir gastos de salud y educación hasta que los niños fueran mayores de edad. John dijo que sus padres renunciaron a cualquier resarcimiento y dejaron esas decisiones en manos de la esposa e hijos de Pedro.
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Para John, los gestos de vecinos, amigos y excompañeros forman parte de los recuerdos que conserva desde 2001. “El atentado fue contra todos”, sostuvo al referirse a la reacción de la comunidad.
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