Un argentino entre los 343: la historia del bombero de Queens que nació en Bahía Blanca y murió en el 11-S

El 13 de septiembre de 2001 debía firmar el contrato del salón de bodas. Sergio Villanueva tenía 33 años y una prometida que tardó 26 días en aceptar que no iba a volver del World Trade Center

Argentinos en el 11-S
Sergio Villanueva tenía 33 años, una prometida y el contrato del salón de bodas sin firmar. El 11 de septiembre de 2001 entró al World Trade Center con Ladder 132 y no volvió (Familia Villanueva/Living Memorial)
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Faltaban minutos para el final del partido cuando Sergio Villanueva recibió la pelota, aceleró por el costado de la cancha y sacó un remate que pasó al arquero. Gol. 1-0.

El equipo de fútbol del Departamento de Bomberos de la Ciudad de Nueva York le ganaba al de los policías. Era la tarde del domingo 9 de septiembre de 2001. Dos días después, Sergio entraría al World Trade Center con la dotación de Ladder 132 y no volvería a salir.

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Tenía 33 años, había nacido en Bahía Blanca y llevaba casi toda su vida en Queens. Estaba comprometido y planeaba casarse. El 13 de septiembre debía firmar el contrato del salón donde se celebraría la boda.

Cuatro dotaciones respondieron antes que nadie. Ladder 132 fue la cuarta (REUTERS/Brad Rickerby/File Photo)
Cuatro dotaciones respondieron antes que nadie. Ladder 132 fue la cuarta (REUTERS/Brad Rickerby/File Photo)

Esa tarde del domingo, después del gol, Sergio volvió a casa eufórico. Tanya Villanueva Tepper, su prometida, lo conocía así: el fútbol lo transformaba.

“Era un loco total. Simplemente lo amaba. Amaba mirar. Amaba jugar”, recordó Tanya al 9/11 Memorial & Museum, que conserva una de sus camisetas de la Selección argentina.

Los días en que jugaba Argentina, Sergio se ponía la camiseta albiceleste y Tanya debía ponerse la de Boca y calzarse un gorro con cascabeles colgantes. Cuando el equipo anotaba, los dos corrían por el departamento de Queens gritandogol”.

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Rick Miller, un teniente que había sido su compañero en la policía, lo describió en el obituario publicado por The New York Times: “Amaba Nueva York, amaba su país, amaba Queens, y se quedaba ronco tres días después de un partido de la selección argentina”.

Sergio organizaba partidos en Flushing Meadows Park y jugaba en Chelsea Piers.

Tanya Tepper
Para Sergio, un partido de Argentina no era televisión: era una experiencia que ocupaba todo el departamento (Familia Villanueva)

Aquel domingo, 9 de septiembre, del partido fueron a la fiesta de cumpleaños de la hija de un amigo de Sergio, de quien había sido padrino de boda. Estaban rodeados de la gente que querían.

Se quedaron un rato más tomando cervezas y volvieron a casa. Tanya tenía una cámara de rollo que Sergio le había regalado para sus 30 años.

Se dio cuenta de que quedaba una foto en el rollo y le sacó una a Sergio. “Su última foto”, contó Tanya al periodista Hugo Martin de Infobae en 2021.

A la mañana siguiente, el lunes 10, Sergio se levantó temprano y se fue al cuartel a cumplir un turno de 24 horas. Se despidió con un beso. Debía regresar el martes por la mañana.

Argentinos en el 11-S
Quedaba un disparo en el rollo. Tanya apuntó la cámara hacia Sergio sin saber que sería la última vez (Familia Villanueva)

Un chico de Bahía Blanca en un restaurante de Queens

Sergio Gabriel Villanueva nació el 4 de julio de 1968 en Bahía Blanca. A comienzos de los años 70, sus padres emigraron a Nueva York.

Su padre había llegado un año antes. Una de las primeras fotos de Sergio en la ciudad lo muestra de niño junto a Delia, su madre, con las Torres Gemelas todavía en construcción, detrás de ellos.

Una mujer de cabello corto sostiene a un niño pequeño en brazos frente a un cuerpo de agua y edificios en construcción
Las Torres Gemelas crecían detrás de ellos. Nadie en esa foto podía imaginar lo que vendría (Familia Villanueva/Living Memorial)

Steve Villanueva, su hermano menor, contó en una entrevista con Spectrum News que compartieron una habitación con cuchetas hasta que él cumplió 25 años. “Éramos muy cercanos, los tres, incluida mi hermana”, dijo Steve sobre Sergio y Marisel, su hermana.

El padre tenía un restaurante en Bayside, Queens, llamado Piccolo San Marino. Ahí Sergio aprendió a cocinar.

Pasta, pollo, platos italianos: las recetas que absorbió de chico lo siguieron hasta el cuartel de bomberos, donde sus compañeros esperaban sus turnos en la cocina.

Un hombre sonriente con camisa a rayas sostiene en brazos a un niño pequeño con suéter oscuro frente al cableado de un puente
El restaurante Piccolo San Marino, en Bayside, fue la primera cocina de Sergio. La segunda fue el cuartel de Ladder 132 (Familia Villanueva/Living Memorial)

En Ladder 132, según su obituario, cuando le tocaba el turno a Sergio, la compañía comía bien. También se sabía de memoria las canciones de Barry Manilow.

Steve lo describió ante Spectrum News con una frase que repitió más de una vez: “Tenía una personalidad enorme”.

Un compañero de Ladder 132 lo recordó en la página de la National Fallen Firefighters Foundation con una enumeración que dice más que cualquier semblanza formal: “Un tipo genial. Adelantado a su época en la moda. Trajo de vuelta las patillas largas antes de Beverly Hills 90210. Y le encantaba flotar en su pileta. Era un buen bombero, siempre quería meterse en lo más duro. Te extraño, Serge”.

Un hombre con casco y traje de bombero sonríe junto a una mujer con abrigo oscuro que abraza su brazo
En el cuartel, el turno de Sergio en la cocina era el más esperado. Las recetas de su padre viajaron con él hasta Brooklyn (Familia Villanueva/Living Memorial)

Ocho años con placa de policía

En 1992, Sergio ingresó al Departamento de Policía de Nueva York. Lo destinaron al Precinto 46 del Bronx, una zona con alta actividad de narcotráfico.

Después lo pasaron a la División de Narcóticos, donde trabajó como agente encubierto: debía hacerse pasar por adicto para atrapar vendedores de droga. “Era muy riesgoso. Pero lo hizo bien y lo ascendieron a detective en el 98”, contó Tanya.

Un ex compañero del Precinto 46 escribió en la página de la National Fallen Firefighters Foundation: “Sergio era un miembro querido de esa unidad, conocido como una persona amigable, trabajadora y respetada por todos. Era valiente, dedicado y siempre de buen ánimo. El Departamento de Bomberos recibió a un bombero de primera y su pérdida todavía la sentimos quienes tuvimos el honor de conocerlo”.

Fernando Rodriguez fue su compañero de patrulla en el Precinto 46. La hermana de Rodriguez dejó un mensaje en la misma página años después: “Tuve el placer de conocerte en muchas ocasiones, ya que mi hermano fue tu compañero. Pienso en vos todo el tiempo, como lo hacía mi hermano”.

Fernando ya no estaba vivo cuando ella escribió esas líneas. “Me los imagino a los dos patrullando los cielos para cuidarnos acá en la tierra”, agregó.

Fotografía de un hombre joven sonriente con uniforme oscuro y corbata, delante de la bandera de Estados Unidos y una bandera azul
Primero el Bronx, después Narcóticos, después detective. Sergio recorrió casi todo el mapa del NYPD antes de pasarse a los bomberos (Familia Villanueva/Living Memorial)

Sergio había rendido también el examen de ingreso a bomberos, pero cuando lo aprobó no había vacantes. Cuando se abrió la posibilidad, en el año 2000, dejó la policía.

Empezó en Engine 4, una unidad cercana a las Torres Gemelas, en South Street Seaport. Al cabo de un año pidió el pase a Ladder 132, en el barrio de Prospect Heights, Brooklyn: los primeros combaten el fuego, los segundos se especializan en rescates. “Esa unidad tenía muchísimo trabajo”, contó Tanya.

Una vez que alguien entraba al Departamento de Bomberos, no se iba. Los horarios eran mejores: 24 horas de servicio seguidas y dos días de descanso.

Tanya Tepper
Dejó ocho años de carrera policial para empezar de cero. No se arrepintió (Familia Villanueva)

Mientras tanto, Sergio y Tanya habían abierto un negocio de regalos en Jackson Heights, a tres cuadras de su casa, que llamaron Inner Peace. Les iba bien.

Delia los ayudaba para que tuvieran tiempo de pareja.

Y Sergio restauraba con sus propias manos una casa que habían comprado a seis cuadras de la que alquilaban, también en Jackson Heights. Planeaban abrir otro local. Planeaban tener hijos.

Tanya Tepper
Planeaban abrir un segundo local, terminar la casa, tener hijos. El 11 de septiembre borró cada uno de esos planes (Familia Villanueva)

Una historia de amor que empezó con un terremoto y terminó en Queens

Sergio y Tanya vivían en extremos opuestos del barrio de Flushing, en Queens. Él iba a un colegio católico privado, el Holy Cross. Ella, a la escuela pública. No compartían el mismo grupo de amigos, pero tenían muchos en común.

“Al final nos conocimos cuando teníamos 19 o 20 años por intermedio de Lorenzo, amigo de los dos. Íbamos a bailar al mismo club. Nos gustaba el estilo que llamamos latin freestyle, que no es salsa y eso, es música más bolichera, y hip hop”, contó Tanya a Infobae en 2021.

En 1991, Tanya ingresó en el Hunter College de la Universidad de Nueva York y después se mudó a Los Ángeles para completar sus estudios. En 1994, un terremoto la espantó. “Hubo un gran terremoto en Los Ángeles y me asusté mucho. Tanto como para irme de allí, a pesar de amar el clima y la playa”, recordó.

Se fue a Miami con su novio de entonces, un francés llamado Philippe. Alquilaron un departamento con su mejor amiga. Philippe viajaría a Francia a visitar a su familia y se reuniría con ella en el verano. Eso no sucedió.

En junio, Lorenzo y Sergio llegaron a Miami de vacaciones con otros amigos. Sergio ya era policía. “Salimos todos juntos y bueno, nos emborrachamos. Una cosa llevó a la otra y con Sergio nos besamos y fue como ‘¡Dios mío!’. Fue un beso tan mágico que no quería que se detuviera”, aseguró Tanya a Infobae.

Tanya Tepper
Sin el terremoto de Los Ángeles de 1994, Tanya no habría ido a Miami. Sin Miami, no habría habido beso. Sin beso, no habría habido historia (Familia Villanueva)

Pasaron cuatro o cinco días juntos. Sergio se quedó en su departamento. Hablaron toda la noche. Era 1994 y se jugaba el Mundial en Estados Unidos. “Sergio miraba los partidos del Mundial… ahora que lo pienso, quizás se quedaba por eso”, bromeó Tanya.

Cuando Sergio estaba por tomar el avión de vuelta a Nueva York, Tanya enfermó. Tuvo mucha fiebre. Él llamó y le dijo que se quedaba un par de días más para cuidarla. “Me ponía agua fría en la espalda, me tapaba porque yo tiritaba de fiebre. Me cuidó mucho. Y me enamoré”, dijo Tanya.

En una de esas conversaciones, Sergio le habló de un autor que solía leer, Brian Weiss, un psiquiatra que escribía sobre vidas pasadas y usaba hipnosis como método de sanación. “Así que me pareció que no sólo era un policía machito de Nueva York, sino un ser espiritual”, recordó ella.

Sergio volvió a Queens. A partir de entonces, el correo de Estados Unidos llevó y trajo cartas entre Miami y Nueva York. Una vez por semana, Tanya lo llamaba. “Todo era como para parecer su amiga, algo que yo no quería ser. Buscaba que no se olvidara de mí, pero tampoco quería quedar como Glenn Close en Atracción Fatal”, se rió.

Tanya decidió volver a Nueva York. “Si quería estar con él, debía volver”, razonó. En abril de 1995 manejó un camión de mudanzas U-Haul de cinco metros de largo desde Miami hasta Jackson Heights. Se instaló, la relación avanzó, Sergio tenía la llave de su departamento. “Pero todavía ninguno de los dos le había dicho ‘te amo’ al otro”, recordó Tanya.

Tanya Tepper
Manejó sola un camión de mudanzas de cinco metros desde Miami hasta Jackson Heights. Sabía lo que quería (Familia Villanueva)

El encendedor, la carta y las tres palabras

En 1995 apareció un tío materno de Tanya que la buscaba desde Alemania. Ella viajó a encontrarse con su familia biológica. Sergio se ofreció a acompañarla. En ese viaje, Tanya se enteró de la verdad sobre la muerte de su madre. Sergio grabó el encuentro porque ella se lo pidió.

Esa noche, en el hotel, Tanya sintió una paz que le daba la presencia de Sergio. “Y vi que era el momento justo para decirle lo que sentía, que lo amaba. Entonces lo abracé y le dije ‘¿sabés lo mucho que te amo?’. Y se dio vuelta y me besó. Pero no me dijo que también me amaba. Ni esa noche, ni en los días que siguieron paseando por Alemania”, contó a Infobae en la entrevista de 2021.

Fueron a un negocio a comprar encendedores. Sergio le regaló uno que decíate amo”. Para Tanya no era suficiente. Cuando volvieron a Nueva York, ella le escribió una carta. “Decía que no hacía falta que me lo diga, porque sabía que lo sentía. Leyó la carta, me miró y me dijo ‘claro que yo también te amo’. Y nos pusimos a llorar los dos”.

Casi todos sus amigos se habían casado y tenían hijos. Tanya empezó a insistir. “Pero me di cuenta que no era lo más inteligente… Entonces me dije, bueno, va a suceder cuando esté listo. Para él era importante que estuviéramos sólidos, por ejemplo, con el tema de la casa, con su carrera. Me decía que ni bien nos casáramos quería tener hijos”, relató en la entrevista de 2021.

Un hombre y una mujer sonríen a la cámara mientras él pasa su brazo alrededor del hombro de ella
Estaban en Alemania cuando Tanya se lo dijo primero. Él la besó, pero tardó unos días más en responder con palabras (Familia Villanueva/Living Memorial)

El 30 de junio de 2001 cumplieron siete años desde el primer beso en Miami. Fueron a cenar al restaurante Angelo Maxie’s, en Manhattan. “Hablamos de nuestro tiempo juntos, de lo felices que éramos. Y me dijo ‘tengo un regalo para vos’. Buscó en el bolsillo chiquito de su pantalón y me dio un anillo”, contó Tanya.

Al día siguiente fueron a la playa. En Long Beach los esperaban sus amigos, que empezaron a hacerle bromas: “¿Pero cómo? ¿No te arrodillaste y le pediste casamiento?”. Sergio tomó la mano de Tanya, se arrodilló sobre la arena y se lo pidió.

Encontraron un salón llamado The Fountainhead, en La Rochelle. Tenía una pequeña capilla y un área de recepción. Sacaron una cita para firmar el contrato el 13 de septiembre de 2001. La fecha de la boda estaba pactada para el 1 de agosto de 2002.

Delia, la madre de Sergio, había sido parte de todo. “Desde el primer momento que conocí a la madre de Sergio tuvimos una conexión especial”, contó Tanya. “¿Sabés qué hacíamos? Nos sentábamos en su cama a ver televisión. Sergio en el medio y nosotras, sus ‘chicas’, a cada lado. Eso lo hacía muy feliz”.

Un hombre arrodillado en la arena le ofrece un anillo a una mujer vestida con bikini y sombrero tejido en una playa
No era el plan arrodillarse. Fueron los amigos en la playa los que lo convencieron de hacerlo bien (Familia Villanueva/Living Memorial)

La inscripción en el portón del cuartel

El martes 11 de septiembre de 2001, a las 8.46 de la mañana, el vuelo 11 de American Airlines se estrelló contra la Torre Norte del World Trade Center.

Diecisiete minutos después, a las 9.03, el vuelo 175 de United Airlines impactó contra la Torre Sur. Sergio había cumplido un turno de 24 horas en Ladder 132 y se preparaba para volver a casa. Todavía estaba en el cuartel cuando sonó la alarma.

Se cambió de ropa y se sumó al equipo de rescate.

Tres minutos después del segundo impacto, la dotación de Ladder 132 atravesó el portón del cuartel de Prospect Heights, en Brooklyn. El portón llevaba una inscripción: “En el ojo de la tormenta”. Recorrieron los siete kilómetros que los separaban del World Trade Center a toda velocidad. Fueron la cuarta dotación en responder a las alarmas.

galeria aniversario ataque torres gemelas 11 septiembre 9/11
Diecisiete minutos separaron los dos impactos. En ese intervalo, cientos de bomberos ya se dirigían al lugar (REUTERS/Sara K. Schwittek/File Photo)

Tanya estaba en su casa de Jackson Heights. Era un martes de elecciones primarias. Tenía pensado ir a votar. Estaba viendo NY1 cuando apareció la noticia del primer impacto. “Pensé que era un accidente o algo así, pero vi el segundo avión”, contó ante las cámaras de Spectrum News.

Llamó al cuartel. Daba ocupado. Llamó al celular de Sergio. Atendía el buzón de voz. “No creía que él hubiera ido al lugar porque la distancia era demasiado grande”, recordó.

A las 9.59, la Torre Sur se desplomó. El Marriott World Trade Center, un edificio de 22 pisos ubicado entre las dos torres, quedó sepultado bajo los escombros.

Sergio estaba adentro, en tareas de rescate, junto a otros seis miembros de su compañía, incluido su jefe, Matthew Ryan.

Nunca encontraron sus restos. La familia esperó hasta abril de 2002, cuando el gobierno declaró el cierre de la búsqueda en Ground Zero (REUTERS/Peter Morgan/File Photo)
Nunca encontraron sus restos. La familia esperó hasta abril de 2002, cuando el gobierno declaró el cierre de la búsqueda en Ground Zero (REUTERS/Peter Morgan/File Photo)

Steve Villanueva contó ante Spectrum News lo que la familia pudo reconstruir después: “Al final pudimos determinar que entraron a la Torre Sur. No llegaron muy arriba. Estaban en algún lugar entre el piso 10 y el 20. Ahí fue donde estaban cuando la torre se desplomó. Todos entraron para tratar de ayudar a la mayor cantidad de gente posible a salir del edificio”.

En total, 343 bomberos del Departamento de Bomberos de la Ciudad de Nueva York murieron ese día.

El alcalde Rudolph Giuliani dio una conferencia de prensa esa tarde. “No sabemos cuántos perdimos. Pero no hay duda de que perdimos algunos bomberos y policías”, dijo.

Tanya lo escuchó por televisión. “No quería creer que no iba a volver a casa. Quería creer que estaba allá abajo ayudando a rescatar gente todavía”, recordó ante Spectrum News.

El alcalde habló esa tarde sin saber cuántos habían muerto. Tanya lo escuchó por televisión y siguió esperando (Doug Mills/AP)
El alcalde habló esa tarde sin saber cuántos habían muerto. Tanya lo escuchó por televisión y siguió esperando (Doug Mills/AP)

La página que no se imprimió

Pasó la tarde del 11 de septiembre y toda la familia esperaba un llamado. Tanya marcó un número de teléfono que le dieron. La enviaron a Fort Totten, un edificio militar a 20 minutos de su casa. Fue con Delia, Marisel y Lewis, el marido de Marisel. En un salón esperaron a ser atendidos.

Tanya vio a un hombre hablarle cerca del oído a una mujer. La mujer cayó de rodillas. Otra gritaba sin parar. “Estábamos ahí y a una mujer le notificaron que su marido se había ido. Obviamente hubo mucha emoción detrás de eso. Se desplomó en el piso y empezó a gritar”, contó Tanya a ABC News.

Se dio vuelta, miró a Delia y le dijo: “No, nosotras no pertenecemos acá porque Sergio va a volver a casa”. Volvieron a Jackson Heights. La casa estaba llena de gente que había llegado a acompañarla.

Al día siguiente, el 12 de septiembre, había 15 o 20 personas en la casa. Golpearon la puerta. Era un hombre vestido de traje. Le dijo a Tanya que conocía a Sergio, que tenía contactos en la alcaldía y que no había nadie con ese nombre en la lista de desaparecidos.

Tanya llamó ella misma para verificar. Era cierto. “Empezamos a saltar todos y a llorar de alegría”, contó a Infobae en 2021. Una amiga le dijo: “Maquillate y cuando venga nos vamos directo a la Iglesia y se casan”. Celebraron. Y después se pusieron a esperar.

Cada dos horas Tanya llamaba por novedades. En una de esas llamadas le dijeron que Villanueva estaba en la lista de desaparecidos. No entendía.

Tanya Tepper
Su apellido empezaba con V. Estaba al final de la lista. La última página no se había imprimido (Familia Villanueva)

Le explicaron que la primera vez no se había imprimido la última página del listado. Por su apellido, Sergio estaba ahí. “Fue devastador”, aseguró Tanya.

Steve lo supo por su madre. “Cuando mi mamá me lo dijo, fue como si mi cuerpo se convirtiera en gelatina. Me aferré a la pared y empecé a llorar y llorar y llorar”, contó a Spectrum News.

Steve había llamado a Delia más temprano ese día para tranquilizarla: “Llamé a mi mamá y le dije ‘está bien. No te preocupes. Él está en Brooklyn’”.

Un hombre con camisa a rayas se toca el rostro con la mano derecha mientras mira hacia abajo
Compartieron una habitación con cuchetas durante décadas. Steve dice que su hijo menor se sienta igual que Sergio cuando lee (WPTV News)

El llamado al salón de bodas

El 13 de septiembre, el día en que debían firmar el contrato del salón, Tanya levantó el teléfono y llamó a The Fountainhead. “Les dije: ‘Mi prometido es uno de los desaparecidos, pero por favor no nos saquen la fecha porque él va a volver a casa’”, relató ante Spectrum News.

Pasaron los días. La casa seguía llena de gente. Frente al negocio Inner Peace, en Jackson Heights, empezaron a aparecer velas, flores y carteles pidiendo por Sergio, como un memorial espontáneo.

Tanya le había pedido a su amiga Patty que se hiciera cargo del local y recibiera la mercadería. Una semana después, Tony, un amigo de la infancia de Sergio que tenía un negocio de biblias, le llevó a la casa una caja que Patty le había dejado. Tanya se enojó: le había pedido a Patty que se ocupara ella. “Pero una voz me dijo ‘abrí la caja’”, contó a Infobae.

Adentro había un libro infantil llamado Bunny Wishes. “Básicamente es la historia de un conejo que desaparece”, dijo. Sergio y Tanya se llamaban bunny en la intimidad. Conejito y conejita.

Una mujer de cabello oscuro besa en la mejilla a un hombre de cabello corto y camiseta negra
No canceló la reserva. Todavía creía que Sergio iba a volver (Familia Villanueva/Living Memorial)

Tanya sostuvo durante 26 días la idea de que Sergio podía volver. “No me iba a rendir. Hay gente que sobrevive a colapsos y terremotos. No me iba a rendir con Sergio”, aseguró.

El día 26, un domingo, levantó el teléfono y llamó a una medium de Miami llamada Elaine. “No le dije que había perdido a nadie ni por qué llamaba. Sólo que me hiciera una lectura”, relató.

La medium empezó por la numerología, le dijo su fecha de cumpleaños, le tiró las cartas. “Y de repente me dijo ‘querida, vos perdiste a alguien… a tu pareja’. Y empecé a llorar. Fue muy duro”.

Elaine hizo sonar unas campanas tibetanas y le dijo que Sergio estaba ahí, que estaba orgulloso, que no había dolor. “Te aseguro que no le hablé del 11/9 ni nada”, dijo Tanya. Entonces, recién entonces, aceptó que Sergio no iba a volver.

La familia decidió no hacer ninguna ceremonia hasta que el gobierno declarara oficialmente que ya no había más restos que buscar en Ground Zero. Eso sucedió en abril de 2002. Nunca encontraron nada de Sergio.

El 7 de junio de 2002, unas dos mil personas se hicieron presentes en la ceremonia de despedida: bomberos, policías, amigos, gente que simplemente quiso darle las gracias. Un mes después de los atentados, Tanya había adoptado el apellido Villanueva.

Tanya Tepper
Unas dos mil personas fueron a despedirlo en junio de 2002. Bomberos, policías, amigos y desconocidos que simplemente quisieron estar (Familia Villanueva)

El número 10 que nadie volvió a usar

El equipo de fútbol del FDNY retiró el dorsal 10 de Sergio. Nadie lo volvió a llevar.

Jonathan Kanovsky, un ex detective de la policía de Nueva York que había sido compañero de Sergio en el Precinto 46, y Joe Bossi, entrenador del FDNY Soccer Club, crearon junto a la familia la Firefighter Sergio Villanueva Soccer Foundation.

Kanovsky escribió en la página de la fundación lo que sintió el 12 de septiembre, parado al borde de Ground Zero junto a otros policías: “Me sentí impotente y sin esperanza mientras miraba la destrucción masiva que había ocurrido apenas el día anterior. Durante las semanas siguientes, mientras trabajaba en la brigada de baldes dentro de Ground Zero, pensé en los muchos hombres y mujeres valientes que habían arriesgado y finalmente dado sus vidas en un intento heroico de rescate”.

Pensó que no había mejor forma de honrar a Sergio que el fútbol. Desde su creación en 2001, la fundación otorgó más de USD 150.000 en becas a jóvenes jugadores y realizó clínicas de fútbol para más de 3.000 chicos en Jamaica (Queens), Hempstead, Manhattan, Exeter (Reino Unido), Baumholder (Alemania), Roma y otras ciudades.

Un equipo de fútbol posa en dos filas sobre un campo de césped frente a una arquería, vistiendo uniformes blancos y rojos
Jugaba de 10. Después de su muerte, ese número quedó vacío para siempre en la camiseta del equipo (Familia Villanueva/Living Memorial)

Tanya donó la camiseta de la selección argentina de Sergio al 9/11 Memorial & Museum, donde está exhibida en la muestra permanente. “Porque la gente, mucho después de que todos nos hayamos ido, necesita conocer la historia de lo que pasó ese día”, dijo Tanya ante CBS News.

Alice Greenwald, directora del museo, explicó ante la misma cadena la lógica de la exhibición: “Los materiales más íntimos de este museo cargan con las historias más grandes”.

Un grupo de 25 jugadores del equipo de fútbol de bomberos de Nueva York viajó a Buenos Aires representando a la fundación. Visitaron la Fundación Boca Social, recorrieron el club, jugaron un partido contra los Bomberos Voluntarios de La Boca en Casa Amarilla y compartieron un asado en la estación del barrio.

En un partido de Boca contra Arsenal de Sarandí en la Bombonera, los dirigentes les entregaron una plaqueta en memoria de Sergio y una camiseta firmada por el plantel profesional con su nombre.

Veinticinco jugadores del FDNY viajaron a Buenos Aires. En la Bombonera, los dirigentes de Boca los recibieron con una plaqueta y una camiseta firmada (@BocaJrsOficial)
Veinticinco jugadores del FDNY viajaron a Buenos Aires. En la Bombonera, los dirigentes de Boca los recibieron con una plaqueta y una camiseta firmada (@BocaJrsOficial)

Las escaleras que suben desconocidos

Cada año, desde agosto hasta noviembre, personas suben escaleras en ciudades de Estados Unidos y otros países con la foto de un bombero caído el 11-S.

La National Fallen Firefighters Foundation organiza las escaladas en conmemoración de los 343 bomberos del Departamento de Bomberos de la Ciudad de Nueva York murieron en los atentados.

El nombre de Sergio aparece en Lambeau Field, en Green Bay; en Red Rocks, en Morrison, Colorado; en la SalesForce Tower de San Francisco; en el estadio de Fayetteville, Carolina del Norte; en Charleston, Carolina del Sur; en Charlotte; en Biloxi, Misisipi; en Melbourne, Australia.

Una voluntaria de Indiana escribió en la página de la fundación después de subir en su nombre: “El sacrificio que vos y tantos otros hicieron ese día siempre será recordado. Para mí, nunca vas a ser olvidado”.

Un hombre que subió en la SalesForce Tower dejó un mensaje que conectaba su propia historia con la de Sergio: “Como ellos, mi familia también migró a Nueva York desde Argentina. Como inmigrantes, tus amigos terminan siendo la familia extendida que todos dejamos atrás al venir a esta gran nación que llamamos América. La familia de Sergio es nuestra familia”.

Un mensaje en la misma página lleva la firma de alguien llamado Aidan: “Hola, mi nombre es Aidan. Encontré esta página cuando estaba buscando información sobre mi tío abuelo (Sergio Villanueva). Me sorprendí. Estoy en séptimo grado y estoy usando a mi tío para un proyecto llamado ‘latinos famosos’. Espero que esté orgulloso”.

Un hombre con gafas de sol y camiseta deportiva de franjas celestes y blancas sonríe frente al mar
Vivió casi toda su vida en Queens, pero cuando jugaba Argentina, el departamento se convertía en una cancha (Familia Villanueva/Living Memorial)

Los que se quedaron

Steve Villanueva conserva una boquilla de manguera, una caja de cigarros y un sombrero policial de Sergio. Mira a sus hijos y ve a su hermano. “Mi hijo menor me recuerda a mi hermano. Siento que son la misma persona”, contó ante Spectrum News. “Es la forma en que se sienta cuando lee”.

Steve trató de imaginar a Sergio a los 53 años, la edad que tenía él cuando dio esa entrevista. Además, aseguró: “Lo que más duele es que los chicos no lo conocen. Mis hijos, los hijos de mi hermana”.

Tanya se casó con Ray, que en otra etapa de su vida había sido bombero. Tuvieron dos hijas, Emilia y Samantha. Ray honra a Sergio. Para él, la familia Villanueva es su familia.

Tanya, Delia, Steve, Marisel y sus familias se mudaron a Florida. Se ven seguido. Las hijas de Tanya llaman abuela a Delia. Ray le dice mamá.

Tanya Tepper
Después de todo, Delia siguió siendo su suegra. Las hijas de Tanya la llaman abuela. Ray le dice mamá (Familia Villanueva)

Tanya coordina un grupo regional de apoyo para viudas en Miami, bajo la organización Soaring Spirits. Se reúnen dos veces por mes. “Poder devolver todo el apoyo que recibí fue lo que le dio sentido y propósito a la pérdida de Sergio”, dijo ante Spectrum News.

Cuando habló ante las cámaras en 2026 en Spectrum News, Tanya intentó medir lo que significan 25 años: “Y ahora, contemplar que pasaron 25 años, que crié a dos hijas, que voy a ser una madre con el nido vacío, y que él no estuvo acá en el sentido físico para nada de eso, es alucinante. Realmente lo es”.

Afirmó que todavía, si se queda en silencio, puede escuchar su voz, verlo bailar, oír su risa.

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