La publicación de “Mi Lucha”, el libro donde Hitler planteó la superioridad de la “raza aria” y anticipó el Holocausto

Los primeros ejemplares, de 400 páginas y tapas duras, llegaron a las librerías alemanas el 18 de julio de 1925. La indiferencia inicial del público y el vertiginoso crecimiento de las ventas cuando el líder nazi llegó al poder y lo llevó a superar a la Biblia

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Mi lucha libro Hitler
La primera edición de "Mi Lucha" costaba lo que equivalía a unos tres dólares estadounidenses de la época. El texto combinaba episodios de la vida de Hitler con un manifiesto de la ideología del nacionalsocialismo y de sus planes para el futuro de Alemania

Adolf Hitler llevaba seis meses en libertad luego de cumplir una benévola condena por el fallido intento de golpe de Estado que pasaría a la historia como el Pustch de la Cervecería cuando, el 18 de julio de 1925, la editorial Secker and Warburg, de Múnich, publicó Mein Kampf, un libro que el líder del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (NSDAP) había escrito durante su breve estadía en la celda número 7 de la fortaleza de Landsberg, convertida en prisión. Hitler no la había pasado mal en el encierro, durante el cual disfrutó de privilegios impensados para un preso. Las autoridades le permitieron vestir de civil, reunirse con otros reclusos cuando quisiera y mantener correspondencia sin censura y sin límites. Por eso había pasado muchas horas por día en compañía de su amigo, lugarteniente y secretario personal Rudolf Hess, también condenado por el putsch fallido, para dictarle esa suerte de autobiografía que con el correr del tiempo se convertiría en el libro guía para sus seguidores.

Era una edición de 400 páginas, con tapas duras, que llegó a las librerías al precio de 12 reichsmark, unos tres dólares estadounidenses de la época. Dividido en 12 capítulos, el texto combinaba episodios de la vida de Hitler con una exposición de sus ideas y un manifiesto de la ideología del nacionalsocialismo y de sus planes para el futuro de Alemania. Desarrollaba la tesis principal del “peligro judío”, que hablaba de una conspiración judía para ganar el liderazgo mundial, y anunciaba su odio a lo que él creía que eran los dos grandes males del mundo: el comunismo y el judaísmo. También ponía el foco en otra idea clave del nacionalsocialismo: el “empuje hacia el Este” (Drang nach Osten) para ganar “espacio vital” (Lebensraum).

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A pesar de que los propagandistas de NSDAP pretendieron haber vendido 24 000 ejemplares en el primer año, una serie de documentos de la editorial nazi Eher-Verlag capturados por los Aliados tras la derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial demuestran que el libro se vendió muy poco ese año y que lo mismo sucedió con el segundo volumen, que completó la obra agregándole otros 15 capítulos, que fue publicado el 11 de diciembre de 1926.

Mi lucha libro Hitler
En la Alemania nazi se volvió costumbre que el libro fuera regalado a las parejas que se casaban (imagen de 1936)

Un líder emergente

Ese escaso éxito inicial se debió a que, si bien Hitler era bastante conocido, sobre todo después del intento de golpe de Múnich en 1923, distaba mucho todavía de ser un actor de peso en la política alemana de la época. Cuando se publicó la primera parte de Mein Kampf, hacía poco más de cinco años que había dado su primer paso en la política al incorporarse al ultraderechista Partido Obrero Alemán (DAP) liderado por el cerrajero Anton Drexler, luego de asistir, como espía del Ejército, a un mitin realizado el 12 de septiembre de 1919 en una cervecería de Múnich, la Sterneckerbräu, de la Avenida Tal 54.

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Había entrado allí por órdenes de sus superiores para hacer un informe de inteligencia sobre las actividades de la organización, es decir, para espiar. En ese momento, el futuro dictador nazi no tenía militancia política alguna, pero sí unas pocas ideas claras sobre lo que pasaba en Alemania. Culpaba a los gobernantes socialdemócratas por haber promovido el humillante armisticio que había oficializado la derrota alemana en la Gran Guerra y acusaba también a los políticos socialistas y marxistas de haber traicionado y “apuñalado por la espalda” al Ejército y a los ciudadanos alemanes.

Ese episodio aparentemente mínimo resultaría crucial para la historia de Alemania. Entre las instrucciones que sus superiores le habían dado a Hitler no figuraba en absoluto la de hablar durante la asamblea, pero el joven espía no pudo contenerse y con un discurso flamígero interrumpió al orador oficial. En una improvisada mesa redonda, uno de los presentes, de apellido Baumann, sostuvo que Baviera debería separarse de Alemania y anexarse a Austria, una propuesta que indignó al hasta entonces silencioso espía, a pesar de ser él mismo austríaco. Tomó la palabra y en una breve pero tajante intervención no solo hizo callar a su interlocutor, sino que impresionó con su fervor y sus dotes para la oratoria a los dirigentes del partido, especialmente a Drexler.

Terminada la asamblea, el líder del DAP se acercó a Hitler, le propuso sumarse a la organización y lo invitó a participar, ya como orador, en un próximo mitin que se realizaría un mes más tarde, el 16 de octubre. El joven informante aceptó y se convirtió en el afiliado número 555 del Partido Obrero Alemán, una numeración mentirosa, porque para ocultar la escasez de partidarios, la lista de integrantes del DAP se iniciaba con el número 500. En su segunda aparición pública, Hitler volvió a mostrar sus capacidades como propagandista, con las que sedujo a las apenas 111 personas presentes, que salieron “electrizadas” luego de escuchar su primer discurso como integrante del partido.

Ese discurso disparó su carrera hacia la cima del DAP. Lo nombraron responsable de propaganda, un lugar desde el cual se volvió cada vez más influyente. Tanto que apenas unos meses después, el 24 de febrero de 1920, no solo fue uno de los fundadores del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (NSDAP), heredero del DAP, sino el redactor junto a Drexler, de su programa político.

Nota ascenso de Hitler DAP
Adolf Hitler y Goebbels visitan la taberna Sterneckerbräu, primer lugar de reunión del NSDAP en 1919, donde el führer comenzó su carrera política (The Grosby Group)

Los 25 puntos del NSDAP

El programa tenía 25 puntos, entre los que Hitler, convertido en una de las figuras de mayor peso en el partido, introdujo la existencia de un grupo paramilitar uniformado, llamado más tarde Sturmabteilung (SA), similar al de las Camisas negras de Mussolini, así como postulados altamente racistas y antisemitas. En los puntos más salientes del programa ya se prefiguraban la futura guerra para obtener el “espacio vital” y la persecución de los judíos que llevaría al Holocausto. Allí se podían leer exigencias como estas:

—La reunificación de todos los alemanes, sobre la base del derecho de los Pueblos a la autodeterminación, a fin de crear una Gran Alemania.

—Reivindicamos espacio y tierras (colonias) que permitan alimentar a nuestro Pueblo y establecer en ellas nuestro excedente de población.

—No puede ser ciudadano, sino quien posee la cualidad de miembro de la comunidad nacional. No puede serlo sino quien tiene sangre alemana, cualquiera que sea su Confesión. Ningún judío, consecuentemente, podrá ser miembro de la comunidad nacional.

—Es necesario impedir toda nueva inmigración de personas no-alemanas. Demandamos que todas las personas no-alemanas llegadas a Alemania desde el 2 de agosto de 1914 sean constreñidas a abandonar el Reich inmediatamente.

Para el verano de 1921, Adolf Hitler había desplazado a los otros dirigentes fundadores y ya era el líder del partido, con poderes dictatoriales. A su alrededor comenzó a reunir personajes como Rudolf Hess, Hermann Göring, Ernst Hanfstaengl y Alfred Rosenberg, que serían determinantes en su ascenso al poder.

Adolf Hitler
La escalada al poder de Hitler, después de aquel primer mitin en la cervecería, fue vertiginosa. Se convirtió rápidamente en uno de los fundadores del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (NSDAP), heredero del DAP, y poco después había desplazado al resto de los líderes. En el programa político que redactó introdujo postulados racistas y antisemitas

El Putsch de Múnich

A la hora de redactar ese programa, las elecciones parlamentarias no eran una opción que Hitler y el resto de los dirigentes del NSDAP consideraran como camino para conducir a Alemania. Sus planes para acceder al poder eran otros y en noviembre de 1923 los pusieron en práctica con un complot para tomar bajo su poder a la región de Baviera, de la que Múnich era la capital. El plan implicaba utilizar al comisionado estatal de Baviera, Gustav von Kahr, y a un importante general de la Primera Guerra Mundial, Erich Ludendorff, como símbolos del golpe. De lograrlo, y con Baviera bajo su control, Hitler marcharía hacia Berlín de la misma forma que Benito Mussolini había protagonizado la Marcha sobre Roma y que dio inicio al período fascista de Italia.

El intento se realizó la noche del 8 de noviembre, cuando von Kahr presidiría una importante asamblea en la cervecería Bürgerbräukeller. Hitler y las SA rodearon el local e irrumpieron en el mitin. El líder del NSDAP disparó al techo para interrumpir al orador, amenazó a los presentes, y con Ludendorff a su lado obligaron a von Kahr y a otros dos importantes asistentes, el general von Lossow, líder del ejército de Baviera, y el coronel von Seisser, jefe de la policía bávara, a acompañarlos a una habitación trasera, donde los obligaron a volver a salir para mostrar públicamente su apoyo a los nazis.

Luego, Hitler salió de la cervecería para ampliar el golpe y ocupar oficinas estatales en otras partes de la ciudad. Se suponía que al menos 2.000 nazis tomarían el control de las reparticiones públicas y marcharían al día siguiente para demostrar que Múnich estaba en su poder. El líder había organizado la marcha junto con Ludendorff, considerado un héroe de guerra, con la expectativa de que ningún miembro de la policía bávara se atreviese a dispararles. Fue un error de cálculo, porque después de haberle jurado lealtad bajo amenaza en la cervecería von Lossow se dio vuelta y dio la orden a sus policías subordinados de abrir fuego para contener a los sediciosos.

La lucha duró dos horas y dejó a 16 nazis y cuatro policías muertos en la calle. Herido de bala, aunque no de gravedad, Hitler logró escapar a la casa de su amigo Ernst Hanfstaengl, donde se ocultó dos días hasta que la policía logró finalmente localizarlo y detenerlo. El golpe había fracasado y a su cabecilla, en lugar de la ansiada toma del poder, lo esperaba un juicio donde podía ser condenado a la pena capital.

Hitler había planeado tomar bajo su poder a la región de Baviera, de la que Múnich era la capital. De lograrlo, marcharía hacia Berlín de la misma forma que Benito Mussolini había protagonizado la Marcha sobre Roma y que dio inicio al período fascista de Italia. Pero su intento de golpe de Estado fracasó (Wikipedia)
Hitler había planeado tomar bajo su poder a la región de Baviera, de la que Múnich era la capital. De lograrlo, marcharía hacia Berlín de la misma forma que Benito Mussolini había protagonizado la Marcha sobre Roma y que dio inicio al período fascista de Italia. Pero su intento de golpe de Estado fracasó (Wikipedia)

La pena y la libertad

El proceso judicial se desarrolló entre el 26 de febrero y el 1 de abril de 1924, ante el Tribunal Popular de Múnich, integrado por cinco magistrados y presidido por Georg Neithardt. Como la mayoría de los jueces del período de Weimar, Neithardt tendía, en los casos de alta traición, a demostrar indulgencia hacia los acusados de derecha que afirmaban haber actuado por sinceros motivos patrióticos.

Todas las penas dictadas fueron llamativamente benignas. Hitler fue condenado a cinco años de cárcel en una fortaleza, de los que se restaron los seis meses que habían pasado en prisión preventiva. Los demás acusados, entre ellos Ernst Röhm, recibieron condenas tan cortas que quedaron compensadas por el período que habían pasado encerrados preventivamente y obtuvieron la libertad condicional tras el juicio, a pesar de que era uno de los cabecillas más conspicuos, fue absuelto. El tribunal justificó la clemencia argumentando que a los golpistas “los había guiado un espíritu puro de patriotismo y la voluntad más noble”. El líder nazi evitó, además, ser deportado a su país natal, Austria, porque según los jueces esa pena no podía aplicarse a un hombre “que piensa y siente como alemán”.

La decisión de la Justicia fue calificada por la prensa alemana e internacional como “una farsa y una burla” o “una parodia judicial”, pero el daño ya estaba hecho. El artífice principal había sido el propio juez Neithardt, simpatizante de las ideas nazis, que lo acusó sólo de una parte de los delitos cometidos durante el golpe y desestimó los más graves. Incluso se dio el lujo de exaltar la figura de Hitler al dictar la sentencia, diciendo que el acusado había actuado “con un ánimo puramente patriótico y por los motivos más nobles y desinteresados”. La farsa judicial tuvo su último acto ocho meses y veinte días después de la lectura de la condena, cuando el tribunal decidió conmutarle la pena a Hitler y liberarlo. Al salir de la fortaleza de Landsberg, el líder nazi llevaba las páginas mecanografiadas de la primera parte de Mein Kampf.

Hitler
Hitler, Maurice, Kriebel, Hess, Weber en la prisión de Landsberg en 1924 (FM Archive)

La “Biblia” nazi

El libro perfilaba las ideas principales que años más tarde la dictadura nazi perpetraría desde el poder. Para justificar las políticas antijudías se basaba, entre otros textos, en Los protocolos de los sabios de Sion, una obra que en realidad era una operación política que pretendía exponer el complot judío para controlar el mundo, y en El judío internacional: el primer problema del mundo, un libro publicado en 1920 por el industrial estadounidense Henry Ford. Calificaba a judíos y marxistas como los principales enemigos de Alemania y los hermanaba para enfrentarlos. “La doctrina judía del marxismo rechaza el principio aristocrático de la Naturaleza y coloca en lugar del privilegio eterno de la fuerza y del vigor, la masa numérica y su peso muerto. Niega así el mérito individual e impugna la importancia del nacionalismo y la raza”, definía. Por eso proponía erradicarlos a los dos de la faz de la tierra.

En Mein Kampf, Hitler dejaba bien en claro que el sistema de gobierno que proponía era una dictadura donde el Estado sería un “organismo racial”. Concluía que la decadencia que vivía Alemania se debía a que no había preservado la pureza de su raza, la aria, que era superior al resto, por lo que tenía la misión de subyugar a las demás para poder preservar e incrementar la cultura y llamaba a “la preservación de los elementos raciales originales que confieren cultura y crean la belleza y la dignidad de una humanidad superior”.

Anticipaba también la futura expansión alemana en el Este: “Los nacionalsocialistas trazamos conscientemente una línea debajo de la tendencia de la política exterior de nuestro período anterior a la guerra. Continuamos donde rompimos hace seiscientos años. Paramos el interminable movimiento alemán hacia el sur y el oeste, y volvemos nuestra mirada hacia la tierra en el este. Por fin rompemos con la política colonial y comercial del período anterior a la guerra y pasamos a la política del suelo del futuro. Si hablamos de suelo en Europa hoy, podemos pensar principalmente sólo en Rusia y sus estados fronterizos vasallos”, decía.

La evolución de las ventas de Mein Kampf en Alemania fue directamente proporcional al crecimiento de la popularidad de Adolf Hitler y el partido nazi. En 1925 se vendieron 9473 ejemplares; en 1926 las ventas cayeron a 6913 y al año siguiente bajaron aún más, a 5607, para llegar a un piso de apenas 3015 libros en 1928. La tendencia se revirtió en 1929, con 7664 ejemplares y saltó a 54.086 en 1930, impulsada por el descontento de los alemanes ante la crisis económica y la publicación de una edición más barata. En 1932 las ventas llegaron a casi cien mil ejemplares.

En 1933, año en que Hitler llegó al poder, se dispararon a un millón de ejemplares, un ritmo que conservó hasta la caída de la Alemania nazi, lo que convirtió a Mein Kampf en el libro más vendido en este período con un total de 12.400.000 ejemplares.

Durante la dictadura nazi se hizo costumbre regalar un ejemplar del libro a los novios en su casamiento y a los estudiantes cuando se graduaban. La celda donde Hitler escribió Mein Kampf se convirtió en un “santuario nacional” y Landberg fue bautizada como “la ciudad de la juventud”. El líder de las Juventudes Hitlerianas, Baldur von Schirach, denominó a Landsberg “el lugar de peregrinaje de los jóvenes alemanes” y “base de la educación nacionalsocialista”. Luego de participar del congreso nacional del partido nazi en Núremberg en 1937 y 38, las Juventudes Hitlerianas hicieron un peregrinaje a la ciudad y visitaron la celda número 7, donde se les entregó un ejemplar del libro.

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